25-11-2025, 10:06 PM
[personajeinvalido=2283]
Afortunadamente, pude llegar a salvo hasta el barco, subir rápidamente y llegar a cubierta. Suspiré sintiendo un efímero alivio antes de ir corriendo hasta el almacén, levantando la escotilla y saltando directamente adentro. En cuanto entré pude escuchar un aullido particular, y al avanzar entre varios animales pude ver al lagarto rosado de tres metros de alto, echado en una esquina aullando bajo y triste. Sobre él, mi amada compañera, Coatl estaba enroscada, una señal de que decidió guardar energía en lugar de alertarse por estar encerrada.
—¡Mis pequeños hermanitos! —exclamé, corriendo hasta Larry mientras mi hermana siseaba, levantando la cabeza y bajando en un santiamén hasta mis hombros. A la par, yo rascaba la cabeza de Larry, y él me daba lengüetazos. —¡Me alegro tanto de que estén a salvo! —dije, tomando las riendas de Larry y subiendo a Coatl de nuevo a su lomo. Caminé de regreso a cubierta y saqué el Den Den Mushi de la piel de lobo que ahora se sentía mucho más ligera sin el botiquín. —Por favor, que funcione —susurré.
El Den Den Mushi sonó. Un par de perepere perepere me hicieron pensar que nadie contestaría del otro lado. Estaba llamando a Han, por primera vez rogaba a todos los dioses que estuviera vivo. —Alguien, por favor, conteste —supliqué, sintiendo un nudo en la garganta y otro en el estomago.
No podía creer que el tiempo que había pasado con estas personas hubiera sido capaz de hacer que mi corazón se volcara hacia ellos, preocupándome por su seguridad y bienestar.
Justo cuando iba a colgar la llamada... Gatcha
Alguien descolgó. Abrí los ojos en grande, escuchando la voz del otro lado. —¡HAN! Oh, Han, qué alegría, estás vivo... —El pecho se me llenó de una sensación de dolor que se aliviaba sutilmente. Mi corazón contenido no lo soportó más. Desde que intenté comunicarme antes de pelear con el Gyojin, llegué a pensar que había muerto. Me desplomé en el suelo con los ojos vidriosos a punto de soltar una lagrima. —Sí, soy yo. Kay está a salvo también, ¡estuvimos juntas este tiempo! —dije, limpiandome los ojos antes de dejarlas caer.
—¿Estás bien? ¿Estás herido? —le pregunté, atenta a lo que respondía la caracola que simulaba tener su cabello y sus ojos. Mi voz salió con un tono de preocupación incluso mayor que antes, casi quebrada, expectante.
—Gracias a los dioses de la forja, Han. Me alegro de que estén bien —al fin sentí que pude respirar, dejando salir todo el humo mientras escuchaba su voz. —Yo estoy bien. Vine por Larry y Coatl al barco en el que llegamos hasta aquí, puedo ir hasta donde sea siempre y cuando pueda pisar suelo. —Me puse de pie, moviéndome de nuevo y mirando a mi alrededor. La gente comenzaba a subir a los barcos para refugiarse y, más allá, podía ver la bandera del Lucky. —Sí, los dos están bien, están conmigo —avisé, subiendo a la espalda de Larry casi de un salto. —Fácilmente puedo llegar al Lucky sin problemas desde aquí, ¿dónde estás? —Escuchar los nombres de los demás me hizo sonreír, ahora sin preocupación, aunque faltaba saber dónde estaba Dong, el gato malhablado. —Voy para allá. Paciencia en la forja.
Y colgando por fin, me incliné para hablar a Larry. —¿Podrías llevarnos hasta el Lucky, precioso? —pregunté, usando la voz más dulce que pude mientras rascaba su cuello, estirando mi cuerpo. No faltó decir más. Con un ligero empujoncito, Larry se echó a correr, saltando sobre cada barco hasta llegar al Lucky.
Afortunadamente, pude llegar a salvo hasta el barco, subir rápidamente y llegar a cubierta. Suspiré sintiendo un efímero alivio antes de ir corriendo hasta el almacén, levantando la escotilla y saltando directamente adentro. En cuanto entré pude escuchar un aullido particular, y al avanzar entre varios animales pude ver al lagarto rosado de tres metros de alto, echado en una esquina aullando bajo y triste. Sobre él, mi amada compañera, Coatl estaba enroscada, una señal de que decidió guardar energía en lugar de alertarse por estar encerrada.
—¡Mis pequeños hermanitos! —exclamé, corriendo hasta Larry mientras mi hermana siseaba, levantando la cabeza y bajando en un santiamén hasta mis hombros. A la par, yo rascaba la cabeza de Larry, y él me daba lengüetazos. —¡Me alegro tanto de que estén a salvo! —dije, tomando las riendas de Larry y subiendo a Coatl de nuevo a su lomo. Caminé de regreso a cubierta y saqué el Den Den Mushi de la piel de lobo que ahora se sentía mucho más ligera sin el botiquín. —Por favor, que funcione —susurré.
El Den Den Mushi sonó. Un par de perepere perepere me hicieron pensar que nadie contestaría del otro lado. Estaba llamando a Han, por primera vez rogaba a todos los dioses que estuviera vivo. —Alguien, por favor, conteste —supliqué, sintiendo un nudo en la garganta y otro en el estomago.
No podía creer que el tiempo que había pasado con estas personas hubiera sido capaz de hacer que mi corazón se volcara hacia ellos, preocupándome por su seguridad y bienestar.
Justo cuando iba a colgar la llamada... Gatcha
Alguien descolgó. Abrí los ojos en grande, escuchando la voz del otro lado. —¡HAN! Oh, Han, qué alegría, estás vivo... —El pecho se me llenó de una sensación de dolor que se aliviaba sutilmente. Mi corazón contenido no lo soportó más. Desde que intenté comunicarme antes de pelear con el Gyojin, llegué a pensar que había muerto. Me desplomé en el suelo con los ojos vidriosos a punto de soltar una lagrima. —Sí, soy yo. Kay está a salvo también, ¡estuvimos juntas este tiempo! —dije, limpiandome los ojos antes de dejarlas caer.
—¿Estás bien? ¿Estás herido? —le pregunté, atenta a lo que respondía la caracola que simulaba tener su cabello y sus ojos. Mi voz salió con un tono de preocupación incluso mayor que antes, casi quebrada, expectante.
—Gracias a los dioses de la forja, Han. Me alegro de que estén bien —al fin sentí que pude respirar, dejando salir todo el humo mientras escuchaba su voz. —Yo estoy bien. Vine por Larry y Coatl al barco en el que llegamos hasta aquí, puedo ir hasta donde sea siempre y cuando pueda pisar suelo. —Me puse de pie, moviéndome de nuevo y mirando a mi alrededor. La gente comenzaba a subir a los barcos para refugiarse y, más allá, podía ver la bandera del Lucky. —Sí, los dos están bien, están conmigo —avisé, subiendo a la espalda de Larry casi de un salto. —Fácilmente puedo llegar al Lucky sin problemas desde aquí, ¿dónde estás? —Escuchar los nombres de los demás me hizo sonreír, ahora sin preocupación, aunque faltaba saber dónde estaba Dong, el gato malhablado. —Voy para allá. Paciencia en la forja.
Y colgando por fin, me incliné para hablar a Larry. —¿Podrías llevarnos hasta el Lucky, precioso? —pregunté, usando la voz más dulce que pude mientras rascaba su cuello, estirando mi cuerpo. No faltó decir más. Con un ligero empujoncito, Larry se echó a correr, saltando sobre cada barco hasta llegar al Lucky.
off
![[Imagen: dtilbUBl_o.gif]](https://images2.imgbox.com/36/77/dtilbUBl_o.gif)
Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
