Flora: Croton [Pasado/Priv. Zhang]
#3
Su mano, la misma que sostenía el libro, se crispó apenas un instante; un movimiento que solo una observación minuciosa notaría —¿quizás la de un médico?—, que demostraba el impulso de la joven por acelerar el proceso de rumiación de Zhang.

Y no, no era el tiempo lo que la irritaba, tampoco que el viejo burro fuera la calma hecha acto, sino la incompletitud que el retraso simbolizaba.

Porque sí, no saber era sinónimo de fragmentación. Y estar fragmentado chocaba con lo que ella creía ser: la máxima autoridad en su pequeño cosmos.

Así que, a fin de cuentas, cada segundo que él tardaba era evidenciar que todavía no poseía el dominio y control de la verdadera sapiencia.

Y eso no podía ser.

Exhaló.

De su nariz surgió un sonido leve y ahogado, similar a uno de resignación. Luego, cerró los ojos un breve instante y, tan rápido como su cuerpo se lo permitió, ajustó su impaciente compostura. Al fin y al cabo, no quería meterle prisas al viejo burro.

—ðr-a-ɣ̞on —. CCon un torpe gesto intentó repetir lo que Zhang había dicho, pese a no estar del todo segura de que se refirieran a lo mismo. —Eso es —añadió señalando el dibujo, como si haciendo eso pudiera obligarle a ir más rápido.

Y al parecer funcionó.

Pues apenas estaba volviendo a sentir cierto grado de primitiva frustración cuando, de repente, Zhang pareció comprender lo que quería. Era increíble cómo, hasta él, se podía adaptar tan rápido a su falta de voz. Eso la hizo sonreír. Además, ahora que ya contaba con el apoyo del pirata, su mirada vibraba llena de alegría y satisfacción, pese a que su tez se mantenía bajo aparente frialdad. Últimamente esa mueca estaba siendo su marca personal.

Luego, tras ver cómo se adentraba en el cuarto, cerró el cuaderno y aprovechó para guardarlo dentro del morral. Buscó algo a ciegas y sacó un arrugado y maltrecho papel que contenía anotaciones tanto textuales como visuales: un mapa mal hecho de dudosa precisión y ninguna clase de topografía.

Después, lo miró, tratando de memorizar hacia dónde debían dirigirse primero: la zona de cañas de azúcar. Y aunque no había senderos, caminos ni trazos, Bai había dibujado un río con dos flechas: hacia arriba era ir en contracorriente, en dirección a la selva y la zona de cultivo; hacia abajo era simplemente la dirección natural del río. Todo esto a una escala no regulada. Y al lado del río, a unos centímetros, un círculo con una X donde se suponía que estaba Reino Samba.

—¡Perfecto! —se dijo mientras lo doblaba sin mucho cuidado y lo guardaba en su bolsillo, al tiempo que Zhang aparecía listo para la aventura.

Una vez fuera, el sol la deslumbró por un instante. Asintió a lo que su compañero le había dicho, como si le entendiera, y echó a andar en dirección a donde ella suponía que estaría el río.

Para llegar a su destino, Bai guio a Zhang a través de una concurrida plaza donde abundaba el olor a especias baratas y sudor. El lugar estaba plagado de corrillos de rostros curtidos, gente vendiendo bajo el sol o simplemente transitando; una intensidad que desmentía la aparente calma que pudiera sugerir una vista de altura.

Después, lo hizo avanzar hacia un callejón de tierra estrecho por el que, a medida que se adentraban, las estructuras de piedra sólidas y estucadas, típicas de zonas más acomodadas, daban paso gradualmente a construcciones de ladrillo sin revocar y cemento gris.

Mas concentrada en tomar decisiones correctas, su impasible rostro se mantuvo por un largo período de tiempo. El suficiente como para saber que su orientación, pese a no ser mala, empezaba a mostrar pequeñas fallas. No es que la muchacha se hubiera pasado horas dando vueltas junto al burro perdiéndose en el laberíntico reino, sino que había pasado media hora —convencida de que sus cálculos eran correctos— y, sin embargo, el paisaje no cambiaba. Todavía no llegaban a la zona más empobrecida y humilde donde las casas estaban construidas de madera.

—¡Zhang! —dijo de repente mientras se quitaba el morral de la espalda para buscar su tablilla mágica.

Al sacarla se la entregó para que la sostuviera y señaló, de entre todos los símbolos que había, un interrogante.

—¿Dónde está? —preguntó para luego sacar el intento de mapa y señalar el río.

Luego, dudó por un instante y miró a su alrededor. No había mucha gente, pero de tanto en tanto pasaba alguna persona por ahí. Justo entonces, un hombre mayor cruzaba la intersección en la que ambos se encontraban. Llevaba una camisa descolorida que había sido blanca en otra vida, y un gran montón de restos de caña atado a su espalda que le encorvaba la figura. Caminaba con la prisa, como si eso le estuviera pesando más de lo que debía y, aunque no quería molestarlo, para Bai, era la única persona de todas las que apreciaba que -con casi total certeza- podría decirles hacia donde debían ir.

—¡Zhang! —señaló la imagen de Zhang en la tablilla y luego la interrogación—. ¡Pregunta! —Se dio la vuelta y señaló a un transeúnte—. Zhang, ¡pregúntale! —repitió la frase señalando a quien pasaba por ahí.

Y es que, de no ser poque su forma de comunicarse era demasiado precaria, ella misma se hubiera acercado a preguntar aunque eso le hubiera costado retrasar su tarea. Aunque, pensándolo bien, ella misma lo estaba haciéndo desde el momento en el que decidió usar sus propios medios.

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Flora: Croton [Pasado/Priv. Zhang] - por Bai Mudan - 07-11-2025, 07:09 PM
RE: Flora: Croton [Pasado/Priv. Zhang] - por Bai Mudan - 22-11-2025, 03:33 AM

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