13-11-2025, 06:13 AM
[personajeinvalido=2283]
La adrenalina no comenzó a salir de mi cuerpo sino hasta que el gyojin dijo sus últimas palabras, pues estaba dispuesta a salir corriendo y acercarme a él nuevamente si nuestro esfuerzo en conjunto no salía del todo bien, pero esa duda se dispersó de mi mente en el momento en el que lo vi caer.
—Aah-ah… paciencia en la forja. —el quejido salió más como un gemido que como una queja de que hubiera terminado tan pronto mientras que mis piernas fallaban. Tuve que recostar mi espalda en la pared detrás de mí y deslizarme hasta quedar sentada en el suelo, respirando agitadamente, con el dolor regresando al cuerpo, apenas pudiendo apretar la pipa en mi boca.
Desactivé mi Akuma, el charco a mi alrededor desapareció cuando ya me parecía escuchar y ver a Kay dirigirse hacia mí. —¡Estoy bien hermana! ¿Tú estás bien? —grité y levanté mi pulgar en alto mientras doblaba mis piernas y quedaba en flor de loto en el piso. —Solo necesito un momento —mientras decía esto, de mis pantalones sacaba una caja que contenía medicina suficiente como para hacerme sentir un poco mejor.
Cuando la vi despotricar me partí de risa nuevamente —HUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAA ¡es verdad! —palmeé mi rodilla con una mano fuertemente mientras me reía tan fuerte que casi salía una lágrima de mi ojo. —N-no te tocó, ni una jajajajay NI UNA VEZ — Era realmente extraordinario que aquello pasara de esa manera. —Pero, me alegro de que haya sido así, pues, si te hubiera golpeado… bueno, de todas maneras hubiera terminado muerto. La disciplina no perdona la debilidad, y la purga del error siempre es un acto de compasión superior, aun si duele —salió de mis labios mientras mis ojos y mi semblante se enfriaban, calmándose; un halo brilloso iluminó la piel de mi cara cuando, después de decir aquello, prendí nuevamente la pipa con hierbas y le di una calada.
—¿Te apetece? —pregunté a Kay, tendiéndole la pipa y exhalando el humo tres segundos después de sostenerlo, aunque ella ya había encendido el suyo.
Me puse de pie, caminando junto a Kayseira mientras recogía mi piel de lobo del suelo, algo chamuscada… muy chamuscada, pero que contenía mis escasas pertenencias. Cuando el gigante gritó y agarró la petaca lo miré, aun en guardia por el combate que acabamos de terminar, sin embargo, luego escuché lo que decía Jin y no pude más que proferir otra carcajada, todo el grupo era singular sin duda.
—Amén hermana, además, yo también quiero uno de los anillos en su cola —dije mirando a Jin y caminando hasta él.
—¡Todos estuvieron fantasticos! ¡Muchas gracias!—le dije a los gigantes mientras daba el último paso frente a Jin.

Saqué del espacio entre mis pechos por debajo de la tela que los cubría un pequeño recipiente de forma ovalada y cilindrica —Permíteme regalarte esto, no era mi intención que algunos se quemaran, pero en batalla no puedo evitarlo… —dije, notando entonces la tela de su entrepierna húmeda, para luego subir la mirada y sonreír de oreja a oreja. —Es para la quemadura, un muy buen ungüento —comenté, guiñándole un ojo. Sabiendo que él sabía que yo lo sabía. —Hoy es un buen día… —le sonreí amablemente mientras dejaba escapar un suspiro de calma, dejando aquello en sus manos, alejándome unos metros y sentándome allí para proceder a usar el botiquín, lamiéndome las heridas, pues aún quedaba salir de aquí.
—Tiene razón Jin, primero ¿por qué carajos estamos encerrados en una caja? Y en segunda, ¿escucharon lo que dijo cuando llegó? Lo enviaron aquí a matarnos —dije, recordando sus palabras. —¿También lo escuchaste, no Kay? —le pregunté a mi compañera mientras a los oídos me llegaban las palabras de Thyrm sobre la fruta ya que el gyojin estaba muerto. Tenía razón, pero decidí no hacer ni decir nada al respecto. No era de mi incumbencia.
—¿Pudiste encontrar algo de valor? —pregunté a la albina, mientras, ya sintiéndome mejor, la acompañaba a saquear al ser rosa.
La adrenalina no comenzó a salir de mi cuerpo sino hasta que el gyojin dijo sus últimas palabras, pues estaba dispuesta a salir corriendo y acercarme a él nuevamente si nuestro esfuerzo en conjunto no salía del todo bien, pero esa duda se dispersó de mi mente en el momento en el que lo vi caer.
—Aah-ah… paciencia en la forja. —el quejido salió más como un gemido que como una queja de que hubiera terminado tan pronto mientras que mis piernas fallaban. Tuve que recostar mi espalda en la pared detrás de mí y deslizarme hasta quedar sentada en el suelo, respirando agitadamente, con el dolor regresando al cuerpo, apenas pudiendo apretar la pipa en mi boca.
Desactivé mi Akuma, el charco a mi alrededor desapareció cuando ya me parecía escuchar y ver a Kay dirigirse hacia mí. —¡Estoy bien hermana! ¿Tú estás bien? —grité y levanté mi pulgar en alto mientras doblaba mis piernas y quedaba en flor de loto en el piso. —Solo necesito un momento —mientras decía esto, de mis pantalones sacaba una caja que contenía medicina suficiente como para hacerme sentir un poco mejor.
Cuando la vi despotricar me partí de risa nuevamente —HUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAA ¡es verdad! —palmeé mi rodilla con una mano fuertemente mientras me reía tan fuerte que casi salía una lágrima de mi ojo. —N-no te tocó, ni una jajajajay NI UNA VEZ — Era realmente extraordinario que aquello pasara de esa manera. —Pero, me alegro de que haya sido así, pues, si te hubiera golpeado… bueno, de todas maneras hubiera terminado muerto. La disciplina no perdona la debilidad, y la purga del error siempre es un acto de compasión superior, aun si duele —salió de mis labios mientras mis ojos y mi semblante se enfriaban, calmándose; un halo brilloso iluminó la piel de mi cara cuando, después de decir aquello, prendí nuevamente la pipa con hierbas y le di una calada.
—¿Te apetece? —pregunté a Kay, tendiéndole la pipa y exhalando el humo tres segundos después de sostenerlo, aunque ella ya había encendido el suyo.
Me puse de pie, caminando junto a Kayseira mientras recogía mi piel de lobo del suelo, algo chamuscada… muy chamuscada, pero que contenía mis escasas pertenencias. Cuando el gigante gritó y agarró la petaca lo miré, aun en guardia por el combate que acabamos de terminar, sin embargo, luego escuché lo que decía Jin y no pude más que proferir otra carcajada, todo el grupo era singular sin duda.
—Amén hermana, además, yo también quiero uno de los anillos en su cola —dije mirando a Jin y caminando hasta él.
—¡Todos estuvieron fantasticos! ¡Muchas gracias!—le dije a los gigantes mientras daba el último paso frente a Jin.

Saqué del espacio entre mis pechos por debajo de la tela que los cubría un pequeño recipiente de forma ovalada y cilindrica —Permíteme regalarte esto, no era mi intención que algunos se quemaran, pero en batalla no puedo evitarlo… —dije, notando entonces la tela de su entrepierna húmeda, para luego subir la mirada y sonreír de oreja a oreja. —Es para la quemadura, un muy buen ungüento —comenté, guiñándole un ojo. Sabiendo que él sabía que yo lo sabía. —Hoy es un buen día… —le sonreí amablemente mientras dejaba escapar un suspiro de calma, dejando aquello en sus manos, alejándome unos metros y sentándome allí para proceder a usar el botiquín, lamiéndome las heridas, pues aún quedaba salir de aquí.
—Tiene razón Jin, primero ¿por qué carajos estamos encerrados en una caja? Y en segunda, ¿escucharon lo que dijo cuando llegó? Lo enviaron aquí a matarnos —dije, recordando sus palabras. —¿También lo escuchaste, no Kay? —le pregunté a mi compañera mientras a los oídos me llegaban las palabras de Thyrm sobre la fruta ya que el gyojin estaba muerto. Tenía razón, pero decidí no hacer ni decir nada al respecto. No era de mi incumbencia.
—¿Pudiste encontrar algo de valor? —pregunté a la albina, mientras, ya sintiéndome mejor, la acompañaba a saquear al ser rosa.
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