El marine rondando la treintena habló tras su espeso, extraño, y gracioso - a ratos - bigote. Estaba de acuerdo con que nos separásemos al llegar, pero no concretábamos aun quien se iba a quedar el barco. Yo necesitaba uno para moverme, y ellos a alguien para llevarlo. Si no encontraban a nadie así, negociaría por las buenas o por las "Ein Hauch en mano" para llevarme el barco. Seguro que de alguna de las dos formas lo entendían... pero no era un suicida. Si el del pelo sedoso y cuidada cabellera ígnea despertaba y estaba en condiciones de continuar, sería un enfrentamiento de cuatro contra uno, y la ventaja que tenía actualmente podría desaparecer en tierra. Sin mi quedarían a la deriva y podrían naufragar, así que mientras el mar fuese el camino y este barco el corcel que manejar, tenía que jugar sabiamente mis cartas para establecer las mejores condiciones. Eso, o aprender lo suficiente como para poderlo usar en su contra en un posible futuro hostil.
Pero del pasado iba la cosa. El bigotón por fin se identificó como Joe, añadiendo que nos conocíamos desde hacía algún tiempo, incluyendo en la ecuación a uno de sus compañeros pelirrojos - el consciente - diciendo que habíamos entrenado o combatido en el pasado — ¿Conocernos? ¡Ja! — dije sin mirarle — Si me hubiera enfrentado a un hombre serpiente y a un hombre tortuga creo que me acordaría — añadí con un monosílabo que pudiera interpretarse como una risa — Una serpiente y una tortuga... — dije negando con la cabeza, agachándola ligeramente hacia el plato, y me quedé un rato pensando mientras You seguía hablando. ¿Me había enfrentado alguna vez a una serpiente y una tortuga? ¿no fue una tortiente? ¿o era una serpentuga? La cosa esa que me recibió cuando fui a encontrar mi akuma no mi. Menuda puta mierda de memoria.
Moe me sacó de mi ensoñación señalando a un gyojin azul con cresta rosa que yacía en el suelo, prometiéndome que me lo podría llevar para cobrar sus catorce millones de recompensa mientras el compañerito de las gafas de sol le daba una patada en el estómago — Valiente hijo de puta — dije en un ligero susurro mientras Low decía que iría a comentarlo con sus compañeros, y a los pocos segundos, quizá breves minutos, la mujer gigante se dirigió hacia mi con una actitud desconcertante. Por una parte parecía que pretendía ¿intimidarme o algo? pero por otra se la veía poco confiada en sus capacidades al no acercarse a menos de quince metros de mi. Empezó a decir quién era, cómo se llamaba, y lo que pensaba, creía o sentía. Me la sudaba enormemente. Mientras empezó a atropellarse a sí misma la lengua, terminé el plato y agradecí con honor con una ligera reverencia de cabeza y llevando la mano izquierda frente al pecho, abierta y en paralelo el pulgar con el esternón, antes de ponerme de nuevo el casco y levantarme, con el plato en la mano, y ahí le dirigí la mirada. Era mucho más alta que yo, tenía cuerno y medio, una cara bonita promedio que servía de escudo de un seso sin salsa, y estaba emitiendo levemente un aura azulada en todo su cuerpo. Por tamaño - y esas astas cabrías - era difícil pensar que fuera una humana, pero seguramente sí lo fuera en algún porcentaje de su sangre, pues aunque era grande no alcanzaba los tamaños desconmesurados de las grandes aberraciones genéticas que vagaban por los mares, onis y gigantes. En resumen, era una mestiza
— La persona con menos rango en cubierta ¿eh? — dije, y comencé a caminar hacia ella calmado, muy lentamente — Escúchame cabeza de cabra — comencé, tercer paso — Mientras estemos surcando este mar y si queréis llegar a un puerto, yo soy el que da las órdenes aquí — sexto paso, y comenzó a salir algo de humo tímido de los agujeros de mi casco — No os necesito para llevar este cacharro — octavo paso — Y lo que haga con el pulpo es cosa mía — noveno paso — Así que limítate a estar en silencio y no molestarme con jueguitos de luces de colores — decimosegundo paso, estaba frente a ella, y le dejé el plato que llevaba en la siniestra a la altura de su pecho, mirándola hacia arriba, esperando unos segundos a que lo sujetase — Recoge esto, llévalo a la cocina, y aprovecha para darte un poco de agua en la cara... — añadí, soltando el plato indistintamente de que lo agarrase o no — ...pareces un poco sofocada — finalicé, abandonando el puesto de navegación para bajar por las pequeñas escaleras hacia la cubierta, acercándome hacia donde estaban el resto de Marines mientras el humo de los agujeros de mi casco se iba deshaciendo, caminando con la mano izquierda metida en el bolsillo y el brazo izquierdo atado al cuerpo. Ya sabía qué tenía que pedirles a cambio.
Cuando estuve frente a ellos señalé al de las gafas de sol — Tú, te vi antes curando a los civiles — prácticamente gruñí — Dime tu nombre — le exigí, sacando la mano izquierda del bolsillo y agarrando del cuello al gyojin, alzándolo un poco del suelo — Puedo entender la diversión de patear un cuerpo inconsciente, pero es una alarmante muestra de debilidad y pésima capacidad de autocontrol... y más si lo haces frente a un grupo de personas heridas y traumadas que tienen que ver en ti alguien amable y en quien confiar — maticé mientras miraba la cara y las facciones del hombre pulpo, estudiándolo - para nada, porque mañana no lo recordaría - y volvía a soltarlo, sin cuidado ni cariño, justo donde estaba, sentándome en una caja a su lado — Aún tenemos unas horas de rumbo fijo, así que cúrame el brazo. Necesito los dos para poder navegar bien — le ordené, mirándole, y después girando mi cara para mirar a Zou, por si acaso hacía falta recordar la situación, sus ventajas y sus inconvenientes... y esperé.
Pero del pasado iba la cosa. El bigotón por fin se identificó como Joe, añadiendo que nos conocíamos desde hacía algún tiempo, incluyendo en la ecuación a uno de sus compañeros pelirrojos - el consciente - diciendo que habíamos entrenado o combatido en el pasado — ¿Conocernos? ¡Ja! — dije sin mirarle — Si me hubiera enfrentado a un hombre serpiente y a un hombre tortuga creo que me acordaría — añadí con un monosílabo que pudiera interpretarse como una risa — Una serpiente y una tortuga... — dije negando con la cabeza, agachándola ligeramente hacia el plato, y me quedé un rato pensando mientras You seguía hablando. ¿Me había enfrentado alguna vez a una serpiente y una tortuga? ¿no fue una tortiente? ¿o era una serpentuga? La cosa esa que me recibió cuando fui a encontrar mi akuma no mi. Menuda puta mierda de memoria.
Moe me sacó de mi ensoñación señalando a un gyojin azul con cresta rosa que yacía en el suelo, prometiéndome que me lo podría llevar para cobrar sus catorce millones de recompensa mientras el compañerito de las gafas de sol le daba una patada en el estómago — Valiente hijo de puta — dije en un ligero susurro mientras Low decía que iría a comentarlo con sus compañeros, y a los pocos segundos, quizá breves minutos, la mujer gigante se dirigió hacia mi con una actitud desconcertante. Por una parte parecía que pretendía ¿intimidarme o algo? pero por otra se la veía poco confiada en sus capacidades al no acercarse a menos de quince metros de mi. Empezó a decir quién era, cómo se llamaba, y lo que pensaba, creía o sentía. Me la sudaba enormemente. Mientras empezó a atropellarse a sí misma la lengua, terminé el plato y agradecí con honor con una ligera reverencia de cabeza y llevando la mano izquierda frente al pecho, abierta y en paralelo el pulgar con el esternón, antes de ponerme de nuevo el casco y levantarme, con el plato en la mano, y ahí le dirigí la mirada. Era mucho más alta que yo, tenía cuerno y medio, una cara bonita promedio que servía de escudo de un seso sin salsa, y estaba emitiendo levemente un aura azulada en todo su cuerpo. Por tamaño - y esas astas cabrías - era difícil pensar que fuera una humana, pero seguramente sí lo fuera en algún porcentaje de su sangre, pues aunque era grande no alcanzaba los tamaños desconmesurados de las grandes aberraciones genéticas que vagaban por los mares, onis y gigantes. En resumen, era una mestiza
— La persona con menos rango en cubierta ¿eh? — dije, y comencé a caminar hacia ella calmado, muy lentamente — Escúchame cabeza de cabra — comencé, tercer paso — Mientras estemos surcando este mar y si queréis llegar a un puerto, yo soy el que da las órdenes aquí — sexto paso, y comenzó a salir algo de humo tímido de los agujeros de mi casco — No os necesito para llevar este cacharro — octavo paso — Y lo que haga con el pulpo es cosa mía — noveno paso — Así que limítate a estar en silencio y no molestarme con jueguitos de luces de colores — decimosegundo paso, estaba frente a ella, y le dejé el plato que llevaba en la siniestra a la altura de su pecho, mirándola hacia arriba, esperando unos segundos a que lo sujetase — Recoge esto, llévalo a la cocina, y aprovecha para darte un poco de agua en la cara... — añadí, soltando el plato indistintamente de que lo agarrase o no — ...pareces un poco sofocada — finalicé, abandonando el puesto de navegación para bajar por las pequeñas escaleras hacia la cubierta, acercándome hacia donde estaban el resto de Marines mientras el humo de los agujeros de mi casco se iba deshaciendo, caminando con la mano izquierda metida en el bolsillo y el brazo izquierdo atado al cuerpo. Ya sabía qué tenía que pedirles a cambio.
Cuando estuve frente a ellos señalé al de las gafas de sol — Tú, te vi antes curando a los civiles — prácticamente gruñí — Dime tu nombre — le exigí, sacando la mano izquierda del bolsillo y agarrando del cuello al gyojin, alzándolo un poco del suelo — Puedo entender la diversión de patear un cuerpo inconsciente, pero es una alarmante muestra de debilidad y pésima capacidad de autocontrol... y más si lo haces frente a un grupo de personas heridas y traumadas que tienen que ver en ti alguien amable y en quien confiar — maticé mientras miraba la cara y las facciones del hombre pulpo, estudiándolo - para nada, porque mañana no lo recordaría - y volvía a soltarlo, sin cuidado ni cariño, justo donde estaba, sentándome en una caja a su lado — Aún tenemos unas horas de rumbo fijo, así que cúrame el brazo. Necesito los dos para poder navegar bien — le ordené, mirándole, y después girando mi cara para mirar a Zou, por si acaso hacía falta recordar la situación, sus ventajas y sus inconvenientes... y esperé.
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