[personajeinvalido=2283]
El golpe me dejó inmóvil unos segundos, con los músculos agarrotados y un dolor que me recorría entera. Me costaba incluso ordenar mis propios pensamientos; todo era una mezcla de cansancio, tensión y esa sensación desagradable de ser más frágil de lo que quiero admitir. Me dolía cada respiración, cada pequeño movimiento, y aun así había algo peor que el dolor físico: esa punzada de sentirme inútil, como si cualquier intento por mantenerme en pie fuera un esfuerzo vacío.
Aun así, debía intentarlo.
Me obligué a mover los brazos primero, notando cómo me temblaban sin que pudiera evitarlo. Luego llevé fuerza a las piernas, torpe y lenta, como si cada articulación pesara el doble. El cuerpo protestaba, pero poco a poco conseguí elevarme. No de forma elegante ni firme, simplemente… estar de pie. Aunque fuera a duras penas. Aunque pareciera que iba a caer en cualquier momento.
La respiración seguía irregular y mis manos estaban ligeramente tensas, buscando estabilidad donde ya no quedaba mucha. Aun así, me mantuve. No quería caer otra vez. No quería dar esa imagen de debilidad, aunque por dentro me sintiera exactamente así.
Fue entonces cuando percibí que alguien se acercaba. No hizo falta mirar para saberlo; era una presencia suave, contenida, pero lo bastante clara como para que mi cuerpo reaccionara con un leve sobresalto. No sabía si era mi compañero felino o alguien más, pero la cercanía se sintió inmediata, casi necesaria después del golpe que me había dejado tambaleante.
No hice ningún gesto exagerado ni intenté apartarme. Simplemente dejé mi postura abierta, permitiendo que quien fuese pudiera acercarse sin encontrar resistencia. No quería admitirlo, pero ese pequeño recordatorio de que no estaba completamente sola me sostuvo más de lo que mis piernas podían hacerlo por sí mismas.
Mire al felino cerca mío, sonreí. Cuando conseguí algo de aire alce mi puño y corrí de nuevo hacia el enemigo, quería volver a darle una vez más.
Golpee su cuerpo y le mire…solo quiero que muera ya.
El golpe me dejó inmóvil unos segundos, con los músculos agarrotados y un dolor que me recorría entera. Me costaba incluso ordenar mis propios pensamientos; todo era una mezcla de cansancio, tensión y esa sensación desagradable de ser más frágil de lo que quiero admitir. Me dolía cada respiración, cada pequeño movimiento, y aun así había algo peor que el dolor físico: esa punzada de sentirme inútil, como si cualquier intento por mantenerme en pie fuera un esfuerzo vacío.
Aun así, debía intentarlo.
Me obligué a mover los brazos primero, notando cómo me temblaban sin que pudiera evitarlo. Luego llevé fuerza a las piernas, torpe y lenta, como si cada articulación pesara el doble. El cuerpo protestaba, pero poco a poco conseguí elevarme. No de forma elegante ni firme, simplemente… estar de pie. Aunque fuera a duras penas. Aunque pareciera que iba a caer en cualquier momento.
La respiración seguía irregular y mis manos estaban ligeramente tensas, buscando estabilidad donde ya no quedaba mucha. Aun así, me mantuve. No quería caer otra vez. No quería dar esa imagen de debilidad, aunque por dentro me sintiera exactamente así.
Fue entonces cuando percibí que alguien se acercaba. No hizo falta mirar para saberlo; era una presencia suave, contenida, pero lo bastante clara como para que mi cuerpo reaccionara con un leve sobresalto. No sabía si era mi compañero felino o alguien más, pero la cercanía se sintió inmediata, casi necesaria después del golpe que me había dejado tambaleante.
No hice ningún gesto exagerado ni intenté apartarme. Simplemente dejé mi postura abierta, permitiendo que quien fuese pudiera acercarse sin encontrar resistencia. No quería admitirlo, pero ese pequeño recordatorio de que no estaba completamente sola me sostuvo más de lo que mis piernas podían hacerlo por sí mismas.
Mire al felino cerca mío, sonreí. Cuando conseguí algo de aire alce mi puño y corrí de nuevo hacia el enemigo, quería volver a darle una vez más.
Golpee su cuerpo y le mire…solo quiero que muera ya.
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