08-11-2025, 06:39 PM
El aire que en algún momento no cargó con el frío de su interior porque lo ha escondido, finalmente sintió el temor que se escapó de su cuerpo. Está frío, no como una fresca mañana, no como un día de invierno, sino como una tormenta que azota. No existen las nubes oscuras, aun así la humedad a su alrededor lo sintió, expandiéndose. No pudo ver la reacción de lo que ocurre a su alrededor, pero seguro el resto si ¡Claro! Si no estuviesen ocupados por aquello que realmente importa: Un enemigo que ha declarado que acabará con ellos.
Se quedó quieta en silencio, limpiando sus ojos antes que el llanto le cause incomodidad por la baja temperatura que desprende. Es un gesto silencioso que se repite, que se complementa con los sonidos lejanos que deben estar por ahí, los escucha pelear, aun así ¿Por qué deberían seguir?
—Ya es suficiente — es suficiente de una pelea que nunca tuvo sentido. De un encuentro que ya no tiene un combatiente, aun así ¿Cómo puede saberlo? La respuesta fue simple: No la supo. Incapaz de ver, no observó como se ha rendido antes de tiempo, por perder una parte de él ¡Y en realidad no lo necesitó! — ¡Y-Ya es suficiente! No deberíamos...
¿Qué deberían? ¿Entregar el perdón cuando él ha intentado matarlos? ¿Cómo podría pedirles eso? Y aun así, lo hace.
Son gritos que salen desde el estómago y se arrastran por la garganta, seguro por eso suenan ahogados, pero logran salir, tan fuerte como para que la puedan escuchar — Se supone que podemos elegir ¡Q-Que somos hombres libres! ¿Por qué tenemos que elegir esto? — se supone, pero en realidad han sido obligados a estar ahí, a pelear con alguien que no dejó opción y ahora ¿Existe la ruta del perdón? — ¡¿Por qué tenemos que matarnos?!
¿Por qué nadie se hace preguntas?
—Ya basta — pero las palabras seguro no son suficientes, por eso simplemente apretó sus brazos con las manos e incrustó las uñas en la piel, como si eso fuese suficiente para detener el temblor, es castigar al cuerpo por no detenerse, pero también, por no poder hacer nada — Es suficiente… — es suficiente, pero no por eso se va a detener, seguro por eso es que no hizo nada más que quedarse de pie, en silencio, como si la energía se hubiese agotado.
Se dejó caer de rodillas y sus brazos finalmente dejaron ir la piel, deslizándose con suavidad a sus costados. Es el fin, cuando nunca debió existir un comienzo — Me quiero ir — susurró con suavidad una vez — Me quiero ir, me quiero ir — seguro por la lejanía nadie la puede oír, y su amado Dios, aunque lo haga, nada hará con eso.
Porque el que esté viva aún es suficiente ¿No? Impecable, como ha entrado.
—No se me acerquen — es la primera advertencia, seguro solo Alana entiende a lo que se refiere. Lo han hablado allá en el mar, que es incapaz aun de controlar el miedo que llama al invierno más crudo — ¡No quiero lastimarlos, no se me acerquen! — lo que podría parecer una amenaza, suena más a un ruego desesperado que se complementa con sus manos, una advertencia que no pensó que tendría que dar.
—Quiero estar sola.
No lo quiere, pero es lo que debe.
—Quiero que esto acabe ya.
¿Pero, qué viene ahora?
Se quedó quieta en silencio, limpiando sus ojos antes que el llanto le cause incomodidad por la baja temperatura que desprende. Es un gesto silencioso que se repite, que se complementa con los sonidos lejanos que deben estar por ahí, los escucha pelear, aun así ¿Por qué deberían seguir?
—Ya es suficiente — es suficiente de una pelea que nunca tuvo sentido. De un encuentro que ya no tiene un combatiente, aun así ¿Cómo puede saberlo? La respuesta fue simple: No la supo. Incapaz de ver, no observó como se ha rendido antes de tiempo, por perder una parte de él ¡Y en realidad no lo necesitó! — ¡Y-Ya es suficiente! No deberíamos...
¿Qué deberían? ¿Entregar el perdón cuando él ha intentado matarlos? ¿Cómo podría pedirles eso? Y aun así, lo hace.
Son gritos que salen desde el estómago y se arrastran por la garganta, seguro por eso suenan ahogados, pero logran salir, tan fuerte como para que la puedan escuchar — Se supone que podemos elegir ¡Q-Que somos hombres libres! ¿Por qué tenemos que elegir esto? — se supone, pero en realidad han sido obligados a estar ahí, a pelear con alguien que no dejó opción y ahora ¿Existe la ruta del perdón? — ¡¿Por qué tenemos que matarnos?!
¿Por qué nadie se hace preguntas?
—Ya basta — pero las palabras seguro no son suficientes, por eso simplemente apretó sus brazos con las manos e incrustó las uñas en la piel, como si eso fuese suficiente para detener el temblor, es castigar al cuerpo por no detenerse, pero también, por no poder hacer nada — Es suficiente… — es suficiente, pero no por eso se va a detener, seguro por eso es que no hizo nada más que quedarse de pie, en silencio, como si la energía se hubiese agotado.
Se dejó caer de rodillas y sus brazos finalmente dejaron ir la piel, deslizándose con suavidad a sus costados. Es el fin, cuando nunca debió existir un comienzo — Me quiero ir — susurró con suavidad una vez — Me quiero ir, me quiero ir — seguro por la lejanía nadie la puede oír, y su amado Dios, aunque lo haga, nada hará con eso.
Porque el que esté viva aún es suficiente ¿No? Impecable, como ha entrado.
—No se me acerquen — es la primera advertencia, seguro solo Alana entiende a lo que se refiere. Lo han hablado allá en el mar, que es incapaz aun de controlar el miedo que llama al invierno más crudo — ¡No quiero lastimarlos, no se me acerquen! — lo que podría parecer una amenaza, suena más a un ruego desesperado que se complementa con sus manos, una advertencia que no pensó que tendría que dar.
—Quiero estar sola.
No lo quiere, pero es lo que debe.
—Quiero que esto acabe ya.
¿Pero, qué viene ahora?
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