[Aventura T2][Presente absoluto](+18) La guerrera indomable
#2
Esta ciudad parecía un desastre y, aunque a primera vista me dio asco, una parte de mí, la que celebra el estruendo y el olor a hierro, lo encontraba hermoso en su miseria; si hubiese sido yo la que la sembrara de ruinas, la habría admirado como a un trofeo bruñido, pero no fue así: alguien la había destrozado dejando incluso la esperanza por los suelos, y los habitantes, raquíticos como ratas, me miraban con esa expresión de presa sorprendida que no sabe si huir o suplicar, me gustó verles retroceder, me gustó que sus ojos fueran pequeños faros de miedo, porque el miedo es una música que aviva el hambre por pelear, y mientras me limpiaba la sangre de la mejilla pensé, con una sonrisa que debía sonar como trueno, que en Sump quizá rompían más cosas de las que arreglaban, pero eso sólo hacía el lugar más apetecible para quien como yo entiende el valor de un buen estruendo
 
Es de noche, y el aire pesa como plomo caliente. El humo del frente lo cubre todo, un manto espeso que devora las estrellas y deja solo un cielo enfermo, teñido por la contaminación. Cada farol parpadea como si agonizara, sosteniéndose a medias de los postes que amenazan con caer al menor suspiro del viento. Las calles son estrechas, húmedas, una sucesión de charcos y sombras que huelen a hierro y podredumbre. Las ratas corretean entre los montones de basura, y la basura misma ya ha aprendido a vivir ahí, amontonándose hasta las ventanas bajas de los edificios que se sostienen por pura costumbre o por miedo a desplomarse. Entre los callejones, los niños se pinchan con lo que encuentran, las mujeres venden lo poco que les queda de alma a cambio de unas monedas, y los hombres, los que aún respiran, se parten el cráneo unos a otros por una botella, un pedazo de territorio o una ilusión de poder que apenas dura lo que tarda el siguiente golpe en llegar. El aire está hecho de miseria y óxido, y cada sonido una tos, un grito, una risa rota parece salir del mismísimo estómago de la isla. Simp vive, pero lo hace con el mismo pulso podrido de un cadáver que se niega a pudrirse del todo.
 
Mientras caminaba por los callejones tétricos y solitarios de la ciudad, el eco de mis pasos se mezclaba con el goteo constante de alguna tubería rota y el zumbido lejano de las máquinas que aún seguían respirando entre tanto escombro. Las paredes estaban cubiertas de hollín, mugre y rabia seca, pero entre tanta ruina encontré algo que me arrancó una carcajada, una serie de pinturas mal hechas, todas con el mismo dibujo de un cerdo y una frase pintarrajeada con furia: “Antes cerdo que fascista”. Me quedé quieta un segundo, observando aquel intento de rebeldía estampado sobre una pared que apenas se sostenía en pie, y entonces no pude contenerme. —¡YIKIKIIKIKI!— la risa salió sola, tan fuerte que rebotó entre los muros como si despertara a los fantasmas del barrio. Qué maravilla de contradicción, pensé, aquí en Simp, nadie es líder de nadie y, al mismo tiempo, todos se creen jefes de todos, como si el caos necesitara mandos o justificaciones. Es hermoso y estúpido, perfecto y decadente, como todo lo que me gusta. El aire olía a pintura fresca y orina vieja, una mezcla que me hizo sonreír aún más mientras seguía mi camino, dejando atrás al cerdo pintado que, al final, parecía reírse conmigo.
 
Entré al cruce y lo vi todo de un tirón, el bar enorme, su puerta colgando a medias, la luz mortecina vomitando sombras en el suelo, pero lo que clavó mi atención fue la cola que se alejaba, una mujer de pelo rosado caminando con paso de reina y detrás de ella una fila de hombres que parecían mover el aire con su tamaño, llevaban dos cuerpos arrastrados como sacos, las manos amarradas o destrozadas, no lo supe y no me importó en ese instante más que como presagio. La fábrica hacia la que se dirigían estaba a media cuadra, un monstruo de ladrillo y hierro con las ventanas tapiadas y una chimenea rota que goteaba hollín como lágrimas de un viejo condenado. Sentí la curiosidad arañándome las costillas, esa voz sucia en mi cabeza que siempre susurra entra, rompe, comprueba. No soy policía ni salvadora de nadie, pero me encantan las oportunidades y allí, entre paredes que olían a aceite rancio y hierro quemado, olía a conflicto y a sangre caliente.
 
— Yikikiiikiki creo que esta vez voy a divertirme. — Caminé sigilosa, pero no demasiado, la niebla de Simp, o el aire sucio, me cubría y mis botas hacen ruido solo cuando quiero que lo hagan. Me acerqué a la puerta lateral que chirriaba, la empujé despacio y me deslicé dentro sin anunciarme, dentro la oscuridad era densa, con rayos de luz que se colaban por grietas altas y dibujaban columnas de polvo suspendido, el suelo estaba sembrado de engranajes, cadenas y restos de lo que alguna vez fue maquinaria, y cada paso era una promesa de ruido.


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RE: [Aventura T2][Presente absoluto](+18) La guerrera indomable - por Margrethe Northrend - 07-11-2025, 10:29 PM

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