Mi golpe logró acertar e nel blanco, sin embargo, lo que yo pensé que serían don inmensas pelotas se sintieron mas bien como dos canicas diminutas. "Mucho ruido y pocas nueces" Pensé mientras una pequeña sonrisa fanfarrona y orgullosa de haberle devuelto un poco del dolor se apostó en mi rostro. No obstante, la fanfarria se paga cara, sobre todo cuando eres un pez tan pequeño en un mar tan inmenso, sin previo aviso un puño tan grande como mi cabeza me golpeó en la cara de lleno, un golpe tal que me hizo ver incluso doble. Tal fue la potencia del impacto que hasta di unos tres pasos hacia atrás de manera torpe y descuidada mientras mi manos iban a mi cara. -Ayyy, me he modido da dengua.- No tuve otra forma de expresarlo, pero comenzaba a ver un patrón a lo largo de mi historia, mi cara parecía un imán para los golpes, primero ese extraño marine y ahora este extraño... Lo que demonios fuera este enemigo.
A mi había logrado dejarme desorientado unos segundos, pero mis improvisados aliados y Bai no tuvieron tanta mala suerte como yo, pues todos arremetieron contra la bestia, sin piedad, sin esperas, sin remordimientos, todos y cada uno de ellos dieron sus mejores golpes y entre todos ellos consiguieron noquearlo. Por mi parte, mientras le propinaban aquella paliza a ese gorila, yo saqué un enorme plato de comida que empecé a devorar con ansia para poder recuperar algo de energía y que mi cuerpo comenzase a sanar, por desgracia -o suerte dependiendo del lado que se mire.- el enemigo yacía ya en el suelo cuando terminé de comer, la verdad es que no vi que sucedió, estaba demasiado ocupado tragando sin asfixiarme, pero al terminar vi como un charco de sangre empezaba a pintar el suelo, un pequeño charco que poco a poco crecía para formar un lago. -Diantdez, le abdizteiz da cabeza.- Aún me dolía la lengua, pero con el paso de los segundos pude empezar a moverla con cierta soltura.
Ya con el peligro pasado recordé a Bai, que con preocupación miré rápidamente, esperaba que sus lesiones no fueran graves. Corría hacia ella. -Bai, por Dios, dime que estas bien.- Dije mientras le auscultaba para ver que podía intentar curarle o al menos darle cierto alivio. No parecía demasiado herida, pero antes de que pudiese seguir hablando con ella, escuché una explosión. -¿Pero qué?- Dije mientras me giraba rápidamente en la dirección, viendo a la gigantesca mujer ensangrentada y el bicharraco que yacía en el suelo ahora esparcido a trocitos por todas partes. Le miré sorprendido y asustado, girándome despacio hacia Bai, fingiendo no estar allí, no quería ser el siguiente.
El hombre de pelo de fuego, con su habitual tono alto nos pidió ayuda para salvar a Gwendolin. "¿Será aquella mujer ciega que conocí en la Isla Kárate?" Medité haciendo memoria, mientras todos hablaban con él. -Hmm... Me gustaría ayudarte, la verdad, pero también debo encontrar a mis amigos, si podemos cumplir ambos objetivos, te ayudaré sin dudarlo.- Afirmé mirando su rostro suplicante y desesperado.
A mi había logrado dejarme desorientado unos segundos, pero mis improvisados aliados y Bai no tuvieron tanta mala suerte como yo, pues todos arremetieron contra la bestia, sin piedad, sin esperas, sin remordimientos, todos y cada uno de ellos dieron sus mejores golpes y entre todos ellos consiguieron noquearlo. Por mi parte, mientras le propinaban aquella paliza a ese gorila, yo saqué un enorme plato de comida que empecé a devorar con ansia para poder recuperar algo de energía y que mi cuerpo comenzase a sanar, por desgracia -o suerte dependiendo del lado que se mire.- el enemigo yacía ya en el suelo cuando terminé de comer, la verdad es que no vi que sucedió, estaba demasiado ocupado tragando sin asfixiarme, pero al terminar vi como un charco de sangre empezaba a pintar el suelo, un pequeño charco que poco a poco crecía para formar un lago. -Diantdez, le abdizteiz da cabeza.- Aún me dolía la lengua, pero con el paso de los segundos pude empezar a moverla con cierta soltura.
Ya con el peligro pasado recordé a Bai, que con preocupación miré rápidamente, esperaba que sus lesiones no fueran graves. Corría hacia ella. -Bai, por Dios, dime que estas bien.- Dije mientras le auscultaba para ver que podía intentar curarle o al menos darle cierto alivio. No parecía demasiado herida, pero antes de que pudiese seguir hablando con ella, escuché una explosión. -¿Pero qué?- Dije mientras me giraba rápidamente en la dirección, viendo a la gigantesca mujer ensangrentada y el bicharraco que yacía en el suelo ahora esparcido a trocitos por todas partes. Le miré sorprendido y asustado, girándome despacio hacia Bai, fingiendo no estar allí, no quería ser el siguiente.
El hombre de pelo de fuego, con su habitual tono alto nos pidió ayuda para salvar a Gwendolin. "¿Será aquella mujer ciega que conocí en la Isla Kárate?" Medité haciendo memoria, mientras todos hablaban con él. -Hmm... Me gustaría ayudarte, la verdad, pero también debo encontrar a mis amigos, si podemos cumplir ambos objetivos, te ayudaré sin dudarlo.- Afirmé mirando su rostro suplicante y desesperado.
resumen
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