07-11-2025, 01:12 PM
El aire todavía olía a sangre, aunque al menos esta vez era la de su enemigo la que más lo impregnaba.
Krysser descendió tras el salto que había precedido al impacto, escuchando el grito de dolor de Uoroku casi como un canto celestial, y viendo al instante cómo sus compañeros de celda habían cumplido sus expectativas.
Zhang, con su armadura de nieve y unas armas que maravillaban la vista, irrumpió tras él con un semblante profundo. Sus piernas, pesadas como troncos, se alzaron en una doble patada que impactó el rostro del gyojin y lo dobló sobre sí mismo. El aire escapó del cuerpo de Uoroku en un bramido seco junto a una queja fútil, y la conciencia del monstruoso oponente no tardaría en acompañarle. Aunque sería un reencuentro breve.
Antes de que pudiera terminar de caer, conforme su cuerpo tocó el suelo, un destello plateado lo cruzó. Uker, veloz como una estela, apareció desde detrás, aún renqueante por su herida, pero con la hoja de su arma surcando el aire con precisión quirúrgica. La estocada final atravesó el cráneo del gyojin, cortando el flujo de su vida.
El coloso había caído, media tonelada de músculo impactó en un golpe que sacudió el suelo bajo sus pies. Cuando el quejido final se disipó en el aire, sólo quedó el silencio.
Únicamente el sonido del agua filtrándose por las grietas y el zumbido de la electricidad de Zhang aún suspendida en el aire rompían el mismo. Krysser exhaló con fuerza, sintiendo al fin el peso de su propio cuerpo. Cada músculo dolía. El pelaje, empapado y ennegrecido por la electricidad, le pesaba como una capa de plomo. Pero aún respiraba. Todos lo hacían. Y, sobre todo, estaba en sí mismo.
El tigre se giró hacia Zhang, recordando lo que acababa de suceder. El viejo mink se mantenía en pie, aunque la armadura de nieve se deshacía en pequeños copos, revelando las marcas del combate y el golpe que él mismo le había propinado momentos antes. Una punzada de culpa le recorrió el pecho de nuevo.
Sin decir nada, se acercó y, tras buscar brevemente en el interior de su túnica, extrajo un pequeño rollo de vendas.
-Ten. -Su voz fue grave, pero sincera. Le tendió el paquete, en un gesto firme, con las orejas ligeramente inclinadas hacia atrás. Sabía que subsanar un error no lo hacía desaparecer, pero era mejor eso que nada. Hizo una breve pausa, solemne y algo dramática, antes de finalmente decir lo que pensaba. -Lo siento.
Fue breve pero elocuente, como acostumbraba a ser. No sintió que necesitara de muchas palabras para entenderse con su compañero, y menos cuando la situación aún podía ser peligrosa.
Se apartó un paso y, mientras el resto se recomponía, se agachó a revisar su botiquín. La pequeña caja metálica estaba algo abollada, pero intacta. Rasgó un sobre, extrajo una compresa medicinal y la aplicó sobre las heridas de las quemaduras elétricas. El escozor lo hizo gruñir entre dientes, pero sabía mejor que nadie que el dolor, aunque severo, era un gran maestro.
Miró a su alrededor, asegurándose de que todos los que habían atacado estuvieran bien, pero notando al momento que alguien faltaba.
-¿Y el otro? -Preguntó, alzando la vista hacia el lugar donde el joven se encontraba al comienzo de todo aquello, dándose cuenta al instante de que había interceptado el ataque del gyojin que anticipó momentos antes de transformarse.
El suelo estaba hendido, ennegrecido por la energía del impacto, y se podía ver la sangre desde el lugar, la cual también llenaba el ambiente con su olor. Krysser comprendió que, si no fuera por él, probablemente no todos ellos seguirían en pie. Había tenido que recibir un ataque increíblemente fuerte para sufrir de ese modo.
Entonces recordó las palabras del joven, difusas en mitad de la batalla. Mientras él corría buscando el costado de Uoroku, Ash había lanzado un órdago, un desafío imposible. Aquel chico había tenido la osadía, o la locura, de desafiar al monstruo en su punto más fuerte. Y, aunque su fuerza no bastara para derrotarlo, había logrado algo más importante, romper su concentración. Desde ese momento, Uoroku no había vuelto a controlar el flujo de aquel combate, como si la seguridad se le hubiera desmoronado al ver aquella determinación juvenil capaz de plantarle cara, algo que era evidente cuando cayó en que el Gyojin no había vuelto a usar sus habilidades eléctricas.
Krysser gruñó suavemente, un sonido más reflexivo que agresivo.
-Ese chico… -Murmuró, ladeando el rostro hacia Rosse y Uker, que parecían conocerlo a juzgar por su reacción al llegar. -Si sigue respirando, se ha ganado un banquete cuando esto acabe.
Enderezó el cuerpo, mirando el horizonte cubierto por aquellos muros infranqueables y respiró hondo en un suspiro cansado. La bestia dormía otra vez, pero el cazador seguía alerta. La noche no había terminado, pero por primera vez desde que aquel barco zarpó, había un silencio que no sabía a miedo. Solo esperaba no estar equivocado.
Krysser descendió tras el salto que había precedido al impacto, escuchando el grito de dolor de Uoroku casi como un canto celestial, y viendo al instante cómo sus compañeros de celda habían cumplido sus expectativas.
Zhang, con su armadura de nieve y unas armas que maravillaban la vista, irrumpió tras él con un semblante profundo. Sus piernas, pesadas como troncos, se alzaron en una doble patada que impactó el rostro del gyojin y lo dobló sobre sí mismo. El aire escapó del cuerpo de Uoroku en un bramido seco junto a una queja fútil, y la conciencia del monstruoso oponente no tardaría en acompañarle. Aunque sería un reencuentro breve.
Antes de que pudiera terminar de caer, conforme su cuerpo tocó el suelo, un destello plateado lo cruzó. Uker, veloz como una estela, apareció desde detrás, aún renqueante por su herida, pero con la hoja de su arma surcando el aire con precisión quirúrgica. La estocada final atravesó el cráneo del gyojin, cortando el flujo de su vida.
El coloso había caído, media tonelada de músculo impactó en un golpe que sacudió el suelo bajo sus pies. Cuando el quejido final se disipó en el aire, sólo quedó el silencio.
Únicamente el sonido del agua filtrándose por las grietas y el zumbido de la electricidad de Zhang aún suspendida en el aire rompían el mismo. Krysser exhaló con fuerza, sintiendo al fin el peso de su propio cuerpo. Cada músculo dolía. El pelaje, empapado y ennegrecido por la electricidad, le pesaba como una capa de plomo. Pero aún respiraba. Todos lo hacían. Y, sobre todo, estaba en sí mismo.
El tigre se giró hacia Zhang, recordando lo que acababa de suceder. El viejo mink se mantenía en pie, aunque la armadura de nieve se deshacía en pequeños copos, revelando las marcas del combate y el golpe que él mismo le había propinado momentos antes. Una punzada de culpa le recorrió el pecho de nuevo.
Sin decir nada, se acercó y, tras buscar brevemente en el interior de su túnica, extrajo un pequeño rollo de vendas.
-Ten. -Su voz fue grave, pero sincera. Le tendió el paquete, en un gesto firme, con las orejas ligeramente inclinadas hacia atrás. Sabía que subsanar un error no lo hacía desaparecer, pero era mejor eso que nada. Hizo una breve pausa, solemne y algo dramática, antes de finalmente decir lo que pensaba. -Lo siento.
Fue breve pero elocuente, como acostumbraba a ser. No sintió que necesitara de muchas palabras para entenderse con su compañero, y menos cuando la situación aún podía ser peligrosa.
Se apartó un paso y, mientras el resto se recomponía, se agachó a revisar su botiquín. La pequeña caja metálica estaba algo abollada, pero intacta. Rasgó un sobre, extrajo una compresa medicinal y la aplicó sobre las heridas de las quemaduras elétricas. El escozor lo hizo gruñir entre dientes, pero sabía mejor que nadie que el dolor, aunque severo, era un gran maestro.
Miró a su alrededor, asegurándose de que todos los que habían atacado estuvieran bien, pero notando al momento que alguien faltaba.
-¿Y el otro? -Preguntó, alzando la vista hacia el lugar donde el joven se encontraba al comienzo de todo aquello, dándose cuenta al instante de que había interceptado el ataque del gyojin que anticipó momentos antes de transformarse.
El suelo estaba hendido, ennegrecido por la energía del impacto, y se podía ver la sangre desde el lugar, la cual también llenaba el ambiente con su olor. Krysser comprendió que, si no fuera por él, probablemente no todos ellos seguirían en pie. Había tenido que recibir un ataque increíblemente fuerte para sufrir de ese modo.
Entonces recordó las palabras del joven, difusas en mitad de la batalla. Mientras él corría buscando el costado de Uoroku, Ash había lanzado un órdago, un desafío imposible. Aquel chico había tenido la osadía, o la locura, de desafiar al monstruo en su punto más fuerte. Y, aunque su fuerza no bastara para derrotarlo, había logrado algo más importante, romper su concentración. Desde ese momento, Uoroku no había vuelto a controlar el flujo de aquel combate, como si la seguridad se le hubiera desmoronado al ver aquella determinación juvenil capaz de plantarle cara, algo que era evidente cuando cayó en que el Gyojin no había vuelto a usar sus habilidades eléctricas.
Krysser gruñó suavemente, un sonido más reflexivo que agresivo.
-Ese chico… -Murmuró, ladeando el rostro hacia Rosse y Uker, que parecían conocerlo a juzgar por su reacción al llegar. -Si sigue respirando, se ha ganado un banquete cuando esto acabe.
Enderezó el cuerpo, mirando el horizonte cubierto por aquellos muros infranqueables y respiró hondo en un suspiro cansado. La bestia dormía otra vez, pero el cazador seguía alerta. La noche no había terminado, pero por primera vez desde que aquel barco zarpó, había un silencio que no sabía a miedo. Solo esperaba no estar equivocado.
Off
