Desde mi posición, aún con el cuerpo entumecido por los golpes anteriores, observé cómo el caos se desenvolvía frente a mí. Las mujeres, una ardiendo como un volcán, la otra helada como la cima de una montaña, se movían al unísono, opuestas y complementarias. Vi cómo sus ataques impactaban de lleno en el cuerpo del gyojin gigantesco: el hielo trepaba por su cuerpo, congelando toda su pierna, mientras el magma lo devoraba, chispeante, derritiendo la piel que apenas segundos antes había quedado congelada. El sonido era grotesco, una sinfonía de carne chisporroteante y hielo partiéndose en mil pedazos. Entre ambas fuerzas, el monstruo rugía con furia, y por un instante, lo vi tambalear.
Vi a Jin moverse ágil, pequeño pero decidido, deslizándose entre las sombras hasta que su espada cortó la carne del gyojin a la altura de la pierna. El tajo fue limpio, profundo, preciso. Un hilo grueso de sangre cayó desde el corte, vaporoso por el calor y el frío que lo rodeaban, dejando una línea oscura sobre la tierra empapada. Me hervía la sangre de orgullo al verlos moverse así, todos sincronizados por puro instinto. No había plan, no había estrategia dictada, pero en ese momento cada uno hacía lo que debía. Y yo… no pensaba quedarme mirando.
Flexioné las piernas, sintiendo los músculos tensarse. El gyojin estaba distraído, el momento era perfecto. Clavé la mirada en su espalda, donde el hielo se había fracturado y el vapor aún subía como una nube, y di un paso atrás para ganar impulso. En un solo movimiento, me impulsé hacia adelante con toda la fuerza de mis piernas, el salto resonando como un trueno en el suelo. La trayectoria fue diagonal, rápida, cubriendo una distancia enorme mientras la corriente de aire me cortaba el rostro. Vi a Kelvin lanzarse casi al mismo tiempo desde otro ángulo, su figura interceptando la luz tenue del pozo. Ambos íbamos hacia la misma presa, aunque mi objetivo estaba más claro que nunca.
Aterricé detrás del gyojin, el impacto de mis pies abriendo grietas en el suelo. Sentí el temblor recorrer mis rodillas, pero no me detuve ni un segundo. Apreté con fuerza el mango de mi hacha, la empuñadura áspera encajando en mi palma como una extensión de mi propio cuerpo. Con la rabia subiendo por mi garganta, rugí, dejando que todo aquello saliera en un solo grito cargado de dolor, furia y determinación.
Vi a Jin moverse ágil, pequeño pero decidido, deslizándose entre las sombras hasta que su espada cortó la carne del gyojin a la altura de la pierna. El tajo fue limpio, profundo, preciso. Un hilo grueso de sangre cayó desde el corte, vaporoso por el calor y el frío que lo rodeaban, dejando una línea oscura sobre la tierra empapada. Me hervía la sangre de orgullo al verlos moverse así, todos sincronizados por puro instinto. No había plan, no había estrategia dictada, pero en ese momento cada uno hacía lo que debía. Y yo… no pensaba quedarme mirando.
Flexioné las piernas, sintiendo los músculos tensarse. El gyojin estaba distraído, el momento era perfecto. Clavé la mirada en su espalda, donde el hielo se había fracturado y el vapor aún subía como una nube, y di un paso atrás para ganar impulso. En un solo movimiento, me impulsé hacia adelante con toda la fuerza de mis piernas, el salto resonando como un trueno en el suelo. La trayectoria fue diagonal, rápida, cubriendo una distancia enorme mientras la corriente de aire me cortaba el rostro. Vi a Kelvin lanzarse casi al mismo tiempo desde otro ángulo, su figura interceptando la luz tenue del pozo. Ambos íbamos hacia la misma presa, aunque mi objetivo estaba más claro que nunca.
Aterricé detrás del gyojin, el impacto de mis pies abriendo grietas en el suelo. Sentí el temblor recorrer mis rodillas, pero no me detuve ni un segundo. Apreté con fuerza el mango de mi hacha, la empuñadura áspera encajando en mi palma como una extensión de mi propio cuerpo. Con la rabia subiendo por mi garganta, rugí, dejando que todo aquello saliera en un solo grito cargado de dolor, furia y determinación.
—¡¡¡AAAAAHHHHH!!!—
Giré el torso, llevando el hacha en un movimiento amplio y violento, un barrido horizontal que cortó el aire con un silbido agudo antes de buscar carne. El filo pasó rozando el suelo, levantando polvo, piedra y fragmentos del hielo que cubría parte del terreno. La trayectoria abarcó casi noventa grados, buscando impactar de lleno las piernas del gyojin y partirlas en dos si era posible. El golpe llevaba todo mi peso, toda mi fuerza, todo mi coraje. Y en el momento en que el metal encontró resistencia, sentí el impacto subir por mis brazos, como si el propio suelo hubiera temblado bajo mis pies.
OFF

![[Imagen: yDZ1AAq.png]](https://i.imgur.com/yDZ1AAq.png)