[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1]
#29
Seguía corriendo tan rápido como mis piernas y mi orgullo me lo permitían. El aire me golpeaba la cara con fuerza, silbando entre mis cuernos, mientras el suelo temblaba bajo cada zancada. Mis músculos ardían, pero mi mente seguía fría, concentrada en una sola dirección: la gigantona de cuernos. Era lo único que importaba, lo único que me mantenía en movimiento. Entonces, un cosquilleo me recorrió la espalda y sentí un leve golpe en la cola, apenas una molestia, como si un insecto atrevido hubiera osado probar mi piel. “¿Un mosquito? ¿A mí? No quiero pensar que hayan sido mis presas-uo...” pensé para mis adentros, y una sonrisa torcida se dibujó en mi rostro. No iba a girarme por una tontería así. Si querían picar al gyojin equivocado, que lo hicieran, pero ya tendrían su castigo después. Seguí avanzando sin mirar atrás, decidido a no perder ni un segundo. La humedad del aire me recordaba al fondo del mar, y por un instante deseé estar allí, donde los golpes se vuelven lentos y las palabras no llegan. Pero estaba en tierra firme, rodeado de presas que hablaban demasiado y hacían poco. Escuché entonces la voz chillona de aquella mujer mitad mono. Sus palabras me rozaron los oídos como un graznido molesto, tan ridículo que me dio risa. “Tch... mejor cállate antes de que lo haga yo-uo” Me decía a mí mismo en mi propia cabeza, sin detener mi paso. No valía la pena gastar energía en responderle, no todavía. Pero en cuanto tuviera un momento, en cuanto acabara con esa cuernuda que se creía intocable, le iba a enseñar lo que era quedarse sin aliento por algo más que correr. La rabia me recorría el cuerpo como una corriente eléctrica, mezclándose con la adrenalina. Cada golpe del corazón me empujaba a acelerar, a no ceder ni un centímetro. El mundo se reducía a un solo pensamiento, claro y cortante: acabar con la gigantona, y después ajustar cuentas con todos los insectos que habían osado tocarme-uo.

Recorrí tres metros más hacia la gigantona con cuernos, sintiendo cómo cada paso hacía vibrar el suelo bajo mis pies y hacía latir mi corazçon en mi pecho con un pulso sordo; por fin, como si la gravedad o el aburrimiento la obligaran a moverse, la gigante tomó acción y comenzó a correr hacia mí, aunque sólo dos metros, con la lentitud de quien no tiene ganas de pelear ni de molestarse en matar, y ese gesto me irritó más que cualquier amenaza directa, como si me lanzara un reto envuelto en pereza que yo debía aceptar. Justo entonces, noté otro toque en la cabeza, más leve que el anterior, un golpecito en la cabeza que me recordó a la molestia de un mosquito persistente: un pinchazo frío y luego la costumbre de tener que seguir adelante sin darle importancia a los pequeños insultos del mundoo. El ruido a mi alrededor cambió; el hombre alado no cesaba de berrear, intentando picarme, buscando que mis movimientos se convirtieran en una rugida perdida; lo escuché, agudo y estridente, como un pájaro con demasiada lengua, y no pude contener un gruñido que brotó directo desde mis entrañas, una advertencia que no pedía razonamiento, sólo reacción, uo. Giré la cabeza mientras seguía corriendo, calibrando con ojos rojos quién podía intentar un golpe por la espalda. Y entonces lo vi, inflamado de provocación, y mi voz estalló en un rugido agudo que llenó el espacio entre nosotros, un canto oscuro y juguetón a la vez. -¡¡MALDITO PÁJARO!! ¡¡EN CUANTO ACABE CON LA GIGANTE TE VOY A MATAR!! ¡¡Y LUEGO A ESA DE LA COLA DE MONO QUE NO HACE MÁS QUE GRITAR!! ¡¡VOY A ACABAR CON TODOS!! ¡UOUOUOUOUO!- Lo dije con toda la furia concentrada, con la risa tonta lista para romperse, y sentí cómo la tensión me empujaba a acelerar; las palabras eran cuchillos suaves que quería clavarlos en su orgullo, no por necesidad de sangre sino por deseo de demostrar que nadie me molesta impunemente.

Salté con el ceño fruncido y la rabia apretada como una piedra en el estómago, sintiendo cómo el aire me daba la bienvenida con un silbido afilado que me rasgó la garganta en un pequeño gruñido. Mientras ascendía, ordené a mi torso que permaneciera firme y, con la sutileza de quien ha aprendido a mover el cuerpo como una corriente, hice girar la mitad inferior de mi cuerpo, de cintura para abajo, como si fuera la hélice de un viejo barco que busca romper la calma; mis protuberancias vibraron un poco, transmitiendo la tensión hasta la gema de mi pecho, que latió levemente. La cola se convirtió en la extensión de mi voluntad: la posicioné hacia adelante con precisión, rígida y con la intención fría de un látigo afilado. Vi a la gigantona allí, grande y ahora preocupada, su rostro una máscara de desconcierto que me supo a desafío. El tiempo se volvió una franja fina en la que se concentraron todos mis instintos infantiles y coléricos. Pensé en mis hermanos, en lo que dirían si me vieran dudar, y esa sumisión a su mirada fue gasolina que avivó mi furia. Sentí el viento en la piel azul, la humedad pegada a mis escamas como cuando nado cerca de la superficie, y disfruté del pequeño cosquilleo que antecede al impacto, ese que te recuerda que estás vivo y que puedes infligir orden. La cola golpeó su cara por el lado derecho con un ruido sordo, un contacto que me devolvió el eco de la piel al chocar, un sonido que vibró por todo mi cuerpo. Noté su voluntad quebrada, la sorpresa en sus ojos enormes, y una satisfacción instantánea, tonta y perversa, subió por mi garganta, obligándome a gritar con la voz aguda y cortante que me sale cuando me cabreo de verdad. - ¡TU PEREZA DE MUJER TE VA A HACER LLORAR-UO! ¡DEBERÍAS HABER ESTADO CUIDANDO NIÑOS! ¡VAS A PAGAR POR TODOS-UO!- El grito rebotó en las paredes como un martillo en un yunque, y mi risa, esa sonrisa tonta que asoma siempre, se mezcló con la ira mientras caía preparado para la siguiente jugada.

Antes de besar de nuevo el suelo con los pies, giré la cintura con la precisión de quien conoce su propio cuerpo como una herramienta afilada y, en ese giro, recolocé cada músculo, cada protuberancia, como quien prepara las velas antes de una tormenta. Caí de pie, apoyando la cola un instante para amortiguar el choque, y sin darme tiempo a saborear la estabilidad, me lancé a correr otra vez, impulsado por una mezcla de rabia juguetona y esa sumisión extraña que siento hacia mis hermanos, que siempre esperan que yo haga el espectáculo. Desdoblé a la gigantona por su derecha y me coloqué a un metro justo detrás de la ella, sintiendo el calor de su sombra y el temblor de la tierra bajo sus pies gigantescos. Desde esa posición podía ver todo el campo de juego como si fuera un tablero y yo la ficha más molesta, observador y listo para moverme. Miré a todos los presentes, con esos ojos rojos que parecen sondear el alma de los demás como si buscara insectos entre la arena. Vi al mink leopardo acelerando hacia mí, los músculos tensos como cuerdas, su cara mostraba hambre, o prudencia, o tal vez ambas cosas mezcladas, y eso me agradó porque significa que el juego continúa. Sonreí con una sonrisa tonta y perturbadora que siempre me sale cuando mi diversión sube como una marea, y sentí en la garganta esa risita corta que significa que quiero más, mucho más. El pulso latía con fuerza contenida, y el eco de mis gritos y risa me pareció una música de fondo perfecta para la escena. Me incliné levemente hacia adelante, preparando mis hombros para cualquier embestida, mientras posicionaba mis brazos entre mis sienes, buscando protección. No buscaba matar por gusto, sino marcar territorio, recordarles a todos que no se juega con un gyojin que tiene lengua afilada y cola veloz. Y entonces, sin pensarlo demasiado, lancé mi grito en un estruendo que salió acompañado de risa. -¡VOY A ACABAR CON TODOS! ¡VENID CON TODO! ¡UOUOUOUOUO!- Una amenaza juguetona, violenta y sincera, porque cuando me cabreo, el mundo entero parece un tablero que merece ser barrido.

RESUMEN


BÉLICO


SIGUIENTE TURNO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 808 - 73 = 735
Energia: 736 - 14 = 722
Espiritu: 150 + 0 = 150


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1] - por Uosan Sakana - 04-11-2025, 06:13 PM

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