03-11-2025, 03:46 AM
Ya a una distancia prudente y todavía diminuta gracias a mi Mini Mini no Mi, respiré con fuerza, intentando sacudirme la tensión que me recorría el cuerpo. Desde mi tamaño, el mundo se veía enorme, grotesco, casi ridículo, y aun así, no podía evitar sentirme poderosa. Recordé entonces que en mi bolso llevaba algo de comer, un pequeño tesoro para emergencias, y al pensarlo, mi estómago gruñó como si reclamara atención después de aquel maldito golpe que el tipo raro había tenido la suerte de darme. Sí, suerte, porque nadie, absolutamente nadie, es más fuerte que yo. Mientras todos los demás seguían lanzándose al ataque, cegados por la adrenalina, aproveché mi ventaja. A este tamaño nadie notaría mi presencia, podía moverme entre las sombras, observar, planear y, de paso, darme un pequeño gusto. Total, incluso las grandes guerreras del Cabaret merecemos un descanso, ¿no?
Primero vi cómo Uoni retrocedía tambaleante después de los golpes que todos le habíamos soltado, aunque claro, no sin antes intentar hacerse el valiente. Con esa cara de pez fuera del agua, lanzó lo que parecía ser una bala líquida, una especie de proyectil de agua a presión directo hacia Owen y Stroud, mientras su cola se movía con una velocidad que apenas pude seguir. El impacto contra Bai fue tan brutal que, por un segundo, creí que le había sacado todo el aire del cuerpo. Todo pasó en un parpadeo, y antes de que cualquiera pudiera reaccionar, el maldito ya estaba saltando hacia atrás, alejándose como quien sabe perfectamente que lo tienen acorralado. —Tsk… maldito perdedor— murmuré entre dientes, apretando los puños diminutos con rabia. Nada me irrita más que los tipos que juegan sucio y luego huyen con el rabo entre las piernas.
Y lo mejor de todo, lo que realmente deleitó mi vista, fue ver cómo todos seguían atacando a Uoni sin descanso, como si aquel desgraciado fuera el blanco perfecto de una función improvisada. Primero fue Han, moviéndose con una velocidad tan endiablada que apenas pude seguirlo con la mirada, parecía un relámpago humano, aprovechando su cercanía para lanzarse directo al ataque con una precisión que hasta me sacó una sonrisa de aprobación.
Y como si eso no fuera suficiente espectáculo, en un santiamén vi cómo Stroud se acercaba también, colocándose a escasos metros del tipo y golpeándolo con una especie de masa viscosa que brotaba de sus manos, no tengo idea de qué demonios era eso, pero se veía increíblemente potente. La escena era un verdadero deleite, todos dándolo todo, descargando fuerza, furia y estilo, cada uno a su manera, como si el aire mismo vibrara con la intensidad del combate.
Y ahí estaba yo, diminuta, mirando el caos con cierta melancolía y diversión mezcladas, porque sí… lo estaban haciendo bien, pero no eran mis compañeros del Cabaret. No era Rosse, ni Gwendy, ni Varo, ni Alana. No eran esas voces familiares que llenaban el campo de batalla con risas, gritos y fanfarria. Sus movimientos eran impresionantes, sí, pero no tenían la chispa del espectáculo, ese toque de elegancia, locura y brillo que solo nosotros sabíamos ponerle a una pelea.
Suspiré, cruzando los brazos mientras seguía observando. —Hacen lo que pueden, pero sin el Cabaret, cariño, esto no es más que un ensayo barato.— murmuré para mí misma, aunque una pequeña sonrisa se me escapó al ver al pobre Uoni tambalearse bajo la presión. Al menos, eso sí, me estaban regalando un buen show.
Primero vi cómo Uoni retrocedía tambaleante después de los golpes que todos le habíamos soltado, aunque claro, no sin antes intentar hacerse el valiente. Con esa cara de pez fuera del agua, lanzó lo que parecía ser una bala líquida, una especie de proyectil de agua a presión directo hacia Owen y Stroud, mientras su cola se movía con una velocidad que apenas pude seguir. El impacto contra Bai fue tan brutal que, por un segundo, creí que le había sacado todo el aire del cuerpo. Todo pasó en un parpadeo, y antes de que cualquiera pudiera reaccionar, el maldito ya estaba saltando hacia atrás, alejándose como quien sabe perfectamente que lo tienen acorralado. —Tsk… maldito perdedor— murmuré entre dientes, apretando los puños diminutos con rabia. Nada me irrita más que los tipos que juegan sucio y luego huyen con el rabo entre las piernas.
Y lo mejor de todo, lo que realmente deleitó mi vista, fue ver cómo todos seguían atacando a Uoni sin descanso, como si aquel desgraciado fuera el blanco perfecto de una función improvisada. Primero fue Han, moviéndose con una velocidad tan endiablada que apenas pude seguirlo con la mirada, parecía un relámpago humano, aprovechando su cercanía para lanzarse directo al ataque con una precisión que hasta me sacó una sonrisa de aprobación.
Y como si eso no fuera suficiente espectáculo, en un santiamén vi cómo Stroud se acercaba también, colocándose a escasos metros del tipo y golpeándolo con una especie de masa viscosa que brotaba de sus manos, no tengo idea de qué demonios era eso, pero se veía increíblemente potente. La escena era un verdadero deleite, todos dándolo todo, descargando fuerza, furia y estilo, cada uno a su manera, como si el aire mismo vibrara con la intensidad del combate.
Y ahí estaba yo, diminuta, mirando el caos con cierta melancolía y diversión mezcladas, porque sí… lo estaban haciendo bien, pero no eran mis compañeros del Cabaret. No era Rosse, ni Gwendy, ni Varo, ni Alana. No eran esas voces familiares que llenaban el campo de batalla con risas, gritos y fanfarria. Sus movimientos eran impresionantes, sí, pero no tenían la chispa del espectáculo, ese toque de elegancia, locura y brillo que solo nosotros sabíamos ponerle a una pelea.
Suspiré, cruzando los brazos mientras seguía observando. —Hacen lo que pueden, pero sin el Cabaret, cariño, esto no es más que un ensayo barato.— murmuré para mí misma, aunque una pequeña sonrisa se me escapó al ver al pobre Uoni tambalearse bajo la presión. Al menos, eso sí, me estaban regalando un buen show.
Cajita Feliz
