02-11-2025, 06:34 PM
(Última modificación: 02-11-2025, 07:03 PM por Maria Merlot.)
Flash Back.
Año 16.
Isla del Karate.
Año 16.
Isla del Karate.
— Sabe horrible, Algodón de Azúcar. Iuunk — la voz de la hermosa mujer de larga cabellera celeste se dejó escuchar en el “consultorio” del doctor, sitio que había sido habilitado por Lucarde dentro del barco para su querido compañero médico.
— Porque no es de uso oral, preciosa sirena. Es de uso cutáneo — le respondió con una leve sonrisa sin despegar la mirada de lo que estaba haciendo, parecía que escribía algo en uno de sus diarios, o más bien bitácoras, con información de salud.
— ¿Cuta-neo? Significa eso que hay que aplicarlo a quien sea adorable y nuevo, como un peludo peluche recién sacado de una de esas máquinas expendedoras de peluches. Una vez jugué con una, saque un pequeño osito marrón pero lo perdí tiempo después. ¿Debería empezar una cruzada náutica para encontrar a mi osito? Hmmm — divago con su habitual alegria cerrando el pequeño frasco de color rosado brillante, por ese color fue que en primer lugar puso en su boca la medicina, pensó que se trataría de algún tipo de dulce.
— No se aplica de esa manera, significa que es de uso tópico. Eh, en la piel afectada por una quemadura, colocas una cantidad adecuada de la pomada y el paciente se sentirá mejor, y con uso constante, no deberían quedar cicatrices. Claro, de ti dependerá en quien quieras utilizarlo, solo espero que nunca lo necesite tu hermosa piel, ni en tus valiosas escamas… — esa última parte fue casi un susurro que acompañó de una mirada de soslayo hacia la mujer para regresar su atención a lo que escribía — Lo mismo con el botiquín. ¿Recuerdas cómo usarlo, verdad? — le cuestiono, como un profesor que espera que su estudiante dé la respuesta correcta.
María se quedó callada por un momento, estaba ahí porque Algodón de Azúcar la había llevado con él. Parecía preocupado cuando Lucarde anunció el viaje hacia quién sabe dónde, por tal razón le había dado un par de instrucciones y varios insumos médicos. Por eso lo adoraba, porque él en su mente olvidadiza siempre se preocupaba por ella. — Claro que si, solo abro, saco las cosas y lo colocó sobre mi herida. Lo tengo todo aquí grabado en mi mente porque me lo dijiste tu — sonrió acercandose hacía él y metiendo su cabeza entre el cuaderno de notas y la cara de Hyakinthos — … pero no lo necesitaré porque estaré siempre a tu lado — sentenció con la seguridad que la compañía del hombre le daba, ella no iba a utilizar nada de esas cosas que el médico le dio porque no pensaba alejarse nunca del objeto de su adoración… o eso fue lo que pensó, pero el destino tuvo otros planes.
— Porque no es de uso oral, preciosa sirena. Es de uso cutáneo — le respondió con una leve sonrisa sin despegar la mirada de lo que estaba haciendo, parecía que escribía algo en uno de sus diarios, o más bien bitácoras, con información de salud.
— ¿Cuta-neo? Significa eso que hay que aplicarlo a quien sea adorable y nuevo, como un peludo peluche recién sacado de una de esas máquinas expendedoras de peluches. Una vez jugué con una, saque un pequeño osito marrón pero lo perdí tiempo después. ¿Debería empezar una cruzada náutica para encontrar a mi osito? Hmmm — divago con su habitual alegria cerrando el pequeño frasco de color rosado brillante, por ese color fue que en primer lugar puso en su boca la medicina, pensó que se trataría de algún tipo de dulce.
— No se aplica de esa manera, significa que es de uso tópico. Eh, en la piel afectada por una quemadura, colocas una cantidad adecuada de la pomada y el paciente se sentirá mejor, y con uso constante, no deberían quedar cicatrices. Claro, de ti dependerá en quien quieras utilizarlo, solo espero que nunca lo necesite tu hermosa piel, ni en tus valiosas escamas… — esa última parte fue casi un susurro que acompañó de una mirada de soslayo hacia la mujer para regresar su atención a lo que escribía — Lo mismo con el botiquín. ¿Recuerdas cómo usarlo, verdad? — le cuestiono, como un profesor que espera que su estudiante dé la respuesta correcta.
María se quedó callada por un momento, estaba ahí porque Algodón de Azúcar la había llevado con él. Parecía preocupado cuando Lucarde anunció el viaje hacia quién sabe dónde, por tal razón le había dado un par de instrucciones y varios insumos médicos. Por eso lo adoraba, porque él en su mente olvidadiza siempre se preocupaba por ella. — Claro que si, solo abro, saco las cosas y lo colocó sobre mi herida. Lo tengo todo aquí grabado en mi mente porque me lo dijiste tu — sonrió acercandose hacía él y metiendo su cabeza entre el cuaderno de notas y la cara de Hyakinthos — … pero no lo necesitaré porque estaré siempre a tu lado — sentenció con la seguridad que la compañía del hombre le daba, ella no iba a utilizar nada de esas cosas que el médico le dio porque no pensaba alejarse nunca del objeto de su adoración… o eso fue lo que pensó, pero el destino tuvo otros planes.
Fin del Flash Back.
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¿Lo había golpeado?
¡Claro que sí!
¿Lo había hecho?
Yeah.
¡Claro que sí!
¿Lo había hecho?
Yeah.
Esa satisfacción que retumbó en su corazón, debía mantenerse en pausa. No era momento para emocionarse por sus logros, por el poder que ahora reposaba en sus manos. Los grillos de su mente chillaban más que nunca, y con ellos mariposas en su estómago revoloteaban sin cesar. El sentimiento de júbilo, orgullo y triunfo personal la embargó, quizás para el mundo hubiera sido solo un puño, un golpe normal, común y corriente pero para ella, ese momento en particular, había sido la consolidación de algo que jamás pensó en obtener, que jamás pensó en siquiera rozar con sus dedos… y ahora, cada día, estaba más y más cerca: Su libertad. Tal vez sonara tonto, tal vez hubieran millones de personas más fuerte que pudieran retenerla pero no le importaba porque ya no bajaría la cabeza, ahora podría luchar, podria defenderse. Quería correr a decírselo a Lucarde, a decirle que sus palabras de libertad se estaban cumpliendo, también a Thrym quien siempre la animó a su manera paternal, a su querido Hyakinthos que la cuidaba con diligencia y cariño. Por un segundo volteo a ver a su hermano, quería saltar a sus brazos y contarle como se sentía pero… pero la ultima vez eso no terminó bien, y por esa razón, es que mantenía sus emociones bajo llave.
Y esa leve mirada hacia su hermano, se lo reforzó, no debía distraerse porque lo siguiente que supo (antes de abrir su boca para molestar al bicho) fue que algo golpeaba su cuerpo, y su mundo se desoriento — Augh — musito, el dolor la recorrió pero su adrenalina y exultación la hizo sentir viva, lo cual no tenía sentido en su cabeza porque el dolor solía recordarle lo mucho que quería estar muerta, pero no ahora… ahora todo era diferente. Parpadeo varias veces intentando alejar la confusión. La dama pensó durante esos segundos de desorientación en el pobre peluche que parecía estar… ¿Muerto? ¿Quién atacaba a un indefenso animalito? Sintió pena por él porque le recordaba a sus amigos, Helena y Paavo, ellos la habían ayudado sin pedir nada a cambio. ¿Acaso era su turno de resarcir a los minks su socorro de hace años? Y más allá de eso, era el hecho de que ese ser en particular no había hecho nada malo, desde que cayeron al foso se mantuvo recluido en sí mismo como si estuviera en shock, y tendría sentido porque lo vivido con los barcos, aquella masacre sin igual de la naturaleza, alteraba emocionalmente a cualquiera, y eso sin considerar si vio la muerte de algún ser amado. Si estaba solo y asustado ella lo adaptaría, hablaría con Fantasma, lo volvería parte de su tripulación, cuando compraran el barco nuevo le daría la celda a su lado, podrían ser amigos; y por las noches quizás él peinaría su cabello, o ella peinaría su pelaje. ¡Muchas cosas que hacer juntos!
Fue cuando su mundo dejo de estar en caos, que se dio cuenta que la lagartija de oro desapareció hacía quien sabe donde. Ella aprovechó y corrió hacia el cuerpo del mink (7m), saltó sobre él, quedando su espalda hacía la pared, luego se dejó caer sobre sus rodillas y lo tomó por las solapas del cuello de la elegante camisa quemada — ¿Peluche? — susurro con rapidez zarandeándolo como si eso fuera a solucionar algo, más bien parecía una muñeca sin vida ¿estaba muerto? — Mira esa naricita, y esas pequitas. Por favor no te mueras. Aunque estes chamuscado eres una cosita adorable… — y cuando dijo la palabra “adorable” algo hizo clic en su cabeza.
Fue cuando su mundo dejo de estar en caos, que se dio cuenta que la lagartija de oro desapareció hacía quien sabe donde. Ella aprovechó y corrió hacia el cuerpo del mink (7m), saltó sobre él, quedando su espalda hacía la pared, luego se dejó caer sobre sus rodillas y lo tomó por las solapas del cuello de la elegante camisa quemada — ¿Peluche? — susurro con rapidez zarandeándolo como si eso fuera a solucionar algo, más bien parecía una muñeca sin vida ¿estaba muerto? — Mira esa naricita, y esas pequitas. Por favor no te mueras. Aunque estes chamuscado eres una cosita adorable… — y cuando dijo la palabra “adorable” algo hizo clic en su cabeza.
Quemaduras.
Cuta-neo.
Adorable.
Cuta-neo.
Adorable.
Antes de siquiera comprobar si respiraba o no. Lo soltó, por suerte no lo había levantado mucho, luego llevó su diestra al bolso de medio lado que se escondía bajo su capa y sacó el frasco que le había obsequiado Hyakinthos, lo abrio y empezo a embarrar la carita “cute” del mink con el ungüento de sabor horrible y color rosado brillante — Peluchito, vas a estar bien, el pelo crecerá de nuevo, Algodón de Azúcar sabe lo que hace. Y podremos hacer pijamadas peinandonos, será divertido lo prometo, no volverás a sentir miedo de horribles lagartijas doradas… o de la oscuridad… o de lo que sea que hayas visto antes de caer en este pozo de paredes falsas… — le hablaba mientras seguía esparciendo la medicina por las quemaduras que veía, al finalizar agacho su cabeza hacia el pecho del hombre y escuchó su leve respiración, debía estar atenta, porque si colapsaba lo tocaría hacerle respiración boca a hocico, todo por meramente asuntos médicos y salvar su vida.
Todo sucedió tan rápido, que por un momento su mente solo ignoró lo que sucedía a la distancia. Luego de ayudar al Mink, María se levantó, pasó sobre él y se quedó delante de su cuerpo esperando lo que sucederá a continuación, mientras buscaba con la mirada a su hermano jurado.
Todo sucedió tan rápido, que por un momento su mente solo ignoró lo que sucedía a la distancia. Luego de ayudar al Mink, María se levantó, pasó sobre él y se quedó delante de su cuerpo esperando lo que sucederá a continuación, mientras buscaba con la mirada a su hermano jurado.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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