20-10-2023, 07:16 PM
(Última modificación: 20-10-2023, 07:40 PM por Jolyne Jones.)
Después de todos los acontecimientos, me encontraba tumbada en el suelo del barco, con la mirada perdida en el cielo, una vista que siempre me fascinaba. Había leído el periódico que nos entregaron al zarpar de los Cabos Gemelos, junto con el cartel de nuestras recompensas. No dejaban de crecer como si las estuviéramos cultivando, esperando a ser cosechadas algún día por algún cazador o marine sin escrúpulos. Era una desgracia muy grande, estábamos condenados de por vida. El único sonido que rompía el silencio era el eco de una armónica resonando en mi mente y algunos de mis pensamientos. ¿Cómo estaría Peixe? Él también tenía recompensa. Si la respuesta era “con vida” para mí era suficiente.
Triana ya se había ocupado del brazo de Yojimbo y ahora nos dirigíamos hacia quién sabe dónde con Aspros al timón. Al menos ya teníamos barco propio y bandera. Sin contar con los infortunios que nos causaría el tener un precio por nuestra vida, no podía negar que esta vida de vagabunda, pirata o como quisieran llamarla, comenzaba a parecerme divertida, pero el mundo tampoco dejaba de moverse. Un Yonko asesinado por una alianza pirata, un Shichibukai que controla robots por orden del Gobierno, islas controladas por cazadores de piratas… Parecía increíble que en medio de todo eso también apareciéramos nosotros, aunque solo fuera para decir que nos enfrentamos a un puñado de marines. Incluso salió la banda de Sasha y Gronn como una nueva amenaza. Seguro que la muchacha se alegra de tener por fin una recompensa.
Miedo me daba que tuviéramos que pasar por Whisky Peak. Con nuestras recompensas, seríamos como unos terneritos jugosos en medio de una jungla de depredadores hambrientos. Aunque las otras islas que se mencionaban tampoco parecían muy amigables. ¿Plaga de avispas? No, gracias. Ni siquiera producían miel. ¿Avalanchas? Suena a muerte silenciosa. ¿Reino de Ryugu con islas submarinas? ¿Y cómo quieren que respiremos los que somos humanos? -Tsk, ¿es que no vamos a poder viajar a una isla tranquila? - me incorporé lentamente para quedarme sentada. ¿Dónde quedaba la isla de algodón de azúcar o la de los animales parlantes? La culpa era mía, por creer las historias de un puñado de viejos borrachos de pueblo. Cuando vuelva, se iban a enterar de lo que vale un peine.
Yojimbo nos llamó a la cubierta, haciendo que diera un salto para ponerme de pie, y me dirigí hacia donde estaba. Mientras se hundía ante nosotros, nos propuso hacer una celebración. A pesar de su brazo y de la ausencia de nuestro compañero, intentaba mostrarse animado. Sin embargo, sospechaba que solo estuviera barriendo sus sentimientos debajo de la alfombra -Pobrecito, debe de estar pasándolo fatal.
-¡EN LA BODEGA!- El grito de Yojimbo, que apareció justo detrás de mí, me puso en alerta e hizo que me girara de golpe. ¿¡Se puede saber qué haces!? Un día me moriré de un ataque al corazón, igual que la pobre cabra Rufina, que en paz descanse. Que, por cierto, el susto se lo pegué yo. ¿Me hacía eso mala persona? Prefería no pensarlo. Todos se fueron a la bodega para preparar las cosas y Triana se sacó unas cuantas botellas. No sé si por algún tipo de problema, pero no era quién para juzgar a nadie. Yo preferí servirme una jarra de de agua y, sentándome al lado de Triana, levanté el brazo. -Eso, ¿por qué brindamos? - dije uniéndome a ella.
