30-10-2025, 01:49 PM
(Última modificación: 30-10-2025, 01:50 PM por Develio Torum.)
El calor corporal de Develio envolvía al joven recluta Petyr como una manta, y los temblores del muchacho habían comenzado a remitir, transformándose de convulsiones a un castañeteo controlado. El silencio de la tundra solo era roto por el silbido del viento y el crujido ocasional de la nieve asentándose. Era un momento de intervención clínica pura, un procedimiento que se desarrollaba según lo previsto.
Entonces, una nueva voz rasgó el velo de quietud del mundo blanco.
"¡Alto! ¿Eres originario de estas tierras?"
Era una voz profunda, sorprendentemente resonante, que logró atravesar el viento y el grueso de su capucha. No era una voz que transmitiera miedo, sino una autoridad innata, el tono de alguien acostumbrado a que lo escuchen. Develio, que había estado concentrado en el pulso de Petyr, levantó la cabeza lentamente, un movimiento glacial que parecía requerir un esfuerzo monumental.
Su enorme cráneo giró, y la sombra dentro de su capucha se desplazó, permitiendo que sus ojos, dos pozos de análisis calmado detrás de las lentes de sus gafas, se posaran en la fuente del sonido. A unos treinta metros, apenas una silueta oscura contra el resplandor infinito del blanco, se encontraba una figura. Alta para los estándares humanos, quizás de tres metros, lo cual lo convertía en un "niño" para los suyos, pero era imponente para esta tierra. Llevaba una chaqueta de piel, su cuerpo tenso, listo para una confrontación.
Develio lo estudió por un momento. No era un marine. No era un civil de Roshwan. La forma en que se mantenía en pie, su equilibrio sobre la nieve profunda, hablaba de una vida acostumbrada a las dificultades y al combate. Vio la tensión inicial del extraño, y luego, una relajación calculada cuando notó a Petyr. Vio también, gracias a su aguzada vista de médico, la sutil mueca de desprecio que cruzó el rostro del hombre cuando el símbolo de la justicia se hizo visible en su propia capa. Hostilidad hacia la Marina. Lo catalogó como "dato preliminar, motivo desconocido, probable historia previa negativa".
No sintió ninguna amenaza por parte del recién llegado. Comparada con las bestias de Elbaf o la brutalidad casual de su infancia, una figura solitaria en la nieve era, en el mejor de los casos, una curiosidad. El temor, al igual que las sonrisas gratuitas, era una emoción ineficiente que había extirpado de su repertorio hacía mucho tiempo.
Terminó de asegurar el caldo en la boca de Petyr antes de volverse, solo ligeramente, hacia el extraño. No se puso en pie. No adoptó una postura defensiva. Simplemente existía, una montaña inmóvil con un pequeño humano resguardado en su regazo. Su respuesta no llegó de inmediato. Primero, retiró lentamente la pipa de Elbaf de su boca, su movimiento tan parsimonioso que el propio tiempo pareció congelarse a su alrededor.
Exhaló una larga, densa y aromática nube de humo con olor a mango, una exótica y cálida anomalía en el aire helado que se arremolinó y se mezcló con la nevisca.
Cuando finalmente habló, su voz no fue la de un marine dirigiéndose a un civil, ni la de un semigigante intimidando a un humano. Fue la voz tranquila de un médico informando de un estado, la voz de alguien que no sentía la necesidad de levantarla para ser escuchado, porque su propia resonancia hacía vibrar el suelo.
-No. No soy de esta tierra...
Hizo una pausa, permitiendo que las palabras pesaran y se asentaran en la quietud. Su mirada se mantuvo fija en el hombre, evaluándolo, diagnosticándolo casi.
-... y ahora mismo, mi prioridad es la de este otro hombre, que sí es de esta tierra. Está sufriendo una hipotermia severa.
Con una deliberada lentitud, hizo un gesto con su mano libre hacia el joven recluta envuelto en su capa. No fue un movimiento para mostrar vulnerabilidad, sino para establecer un hecho incontrovertible. Estaba ocupado. Su propósito era claro.
Volvió a llevarse la pipa a la boca, dio otra calada y dejó que la pregunta no formulada pero evidente flotara en el aire junto con el humo: ¿Y tú? ¿Qué eres? ¿Un obstáculo, o simplemente un espectador en esta vasta y vacía sala de emergencias que llamáis tundra? No había hostilidad en su tono, pero sí una finalidad de acero. Cualquier interrupción en su deber sería tratada como lo que era: un síntoma que necesitaba ser gestionado.
Entonces, una nueva voz rasgó el velo de quietud del mundo blanco.
"¡Alto! ¿Eres originario de estas tierras?"
Era una voz profunda, sorprendentemente resonante, que logró atravesar el viento y el grueso de su capucha. No era una voz que transmitiera miedo, sino una autoridad innata, el tono de alguien acostumbrado a que lo escuchen. Develio, que había estado concentrado en el pulso de Petyr, levantó la cabeza lentamente, un movimiento glacial que parecía requerir un esfuerzo monumental.
Su enorme cráneo giró, y la sombra dentro de su capucha se desplazó, permitiendo que sus ojos, dos pozos de análisis calmado detrás de las lentes de sus gafas, se posaran en la fuente del sonido. A unos treinta metros, apenas una silueta oscura contra el resplandor infinito del blanco, se encontraba una figura. Alta para los estándares humanos, quizás de tres metros, lo cual lo convertía en un "niño" para los suyos, pero era imponente para esta tierra. Llevaba una chaqueta de piel, su cuerpo tenso, listo para una confrontación.
Develio lo estudió por un momento. No era un marine. No era un civil de Roshwan. La forma en que se mantenía en pie, su equilibrio sobre la nieve profunda, hablaba de una vida acostumbrada a las dificultades y al combate. Vio la tensión inicial del extraño, y luego, una relajación calculada cuando notó a Petyr. Vio también, gracias a su aguzada vista de médico, la sutil mueca de desprecio que cruzó el rostro del hombre cuando el símbolo de la justicia se hizo visible en su propia capa. Hostilidad hacia la Marina. Lo catalogó como "dato preliminar, motivo desconocido, probable historia previa negativa".
No sintió ninguna amenaza por parte del recién llegado. Comparada con las bestias de Elbaf o la brutalidad casual de su infancia, una figura solitaria en la nieve era, en el mejor de los casos, una curiosidad. El temor, al igual que las sonrisas gratuitas, era una emoción ineficiente que había extirpado de su repertorio hacía mucho tiempo.
Terminó de asegurar el caldo en la boca de Petyr antes de volverse, solo ligeramente, hacia el extraño. No se puso en pie. No adoptó una postura defensiva. Simplemente existía, una montaña inmóvil con un pequeño humano resguardado en su regazo. Su respuesta no llegó de inmediato. Primero, retiró lentamente la pipa de Elbaf de su boca, su movimiento tan parsimonioso que el propio tiempo pareció congelarse a su alrededor.
Exhaló una larga, densa y aromática nube de humo con olor a mango, una exótica y cálida anomalía en el aire helado que se arremolinó y se mezcló con la nevisca.
Cuando finalmente habló, su voz no fue la de un marine dirigiéndose a un civil, ni la de un semigigante intimidando a un humano. Fue la voz tranquila de un médico informando de un estado, la voz de alguien que no sentía la necesidad de levantarla para ser escuchado, porque su propia resonancia hacía vibrar el suelo.
-No. No soy de esta tierra...
Hizo una pausa, permitiendo que las palabras pesaran y se asentaran en la quietud. Su mirada se mantuvo fija en el hombre, evaluándolo, diagnosticándolo casi.
-... y ahora mismo, mi prioridad es la de este otro hombre, que sí es de esta tierra. Está sufriendo una hipotermia severa.
Con una deliberada lentitud, hizo un gesto con su mano libre hacia el joven recluta envuelto en su capa. No fue un movimiento para mostrar vulnerabilidad, sino para establecer un hecho incontrovertible. Estaba ocupado. Su propósito era claro.
Volvió a llevarse la pipa a la boca, dio otra calada y dejó que la pregunta no formulada pero evidente flotara en el aire junto con el humo: ¿Y tú? ¿Qué eres? ¿Un obstáculo, o simplemente un espectador en esta vasta y vacía sala de emergencias que llamáis tundra? No había hostilidad en su tono, pero sí una finalidad de acero. Cualquier interrupción en su deber sería tratada como lo que era: un síntoma que necesitaba ser gestionado.
