30-10-2025, 01:26 PM
Rohswan había sido una segunda madre patria para él si es que el concepto en sí le pareciese agradable, lo cierto es que detestaba todo signo de orden regida por algún pomposo rey cuyas nalgas abotargadas en un asiento eran incapaces de descifrar la realidad del lugar que regían, dicho lo cual, ahí estaba en el lugar donde se había vuelto un hombre libre, habría crecido tanto que ya no era reconocible como aquel adolescente, medía cerca de tres metros una altura que pocos lograban alcanzar o al menos eso creía Amaro que en el día de hoy descubriría que aquello era una realidad ciertamente lejana.
Como si de un bautismo se tratase, un ritual de renacimiento, había decidido volver a la tundra que antaño lo había acercado al cálido abrazo de la muerte pues cuando ella está nosotros no estamos y todo sentir se vuelve una niebla onírica de lo que fue, sus pasos eran ligeros y continuados había pasado años y años tanto en la isla de Drum como en este lugar en específico por lo que el frio era lo normal para él, eso no implicaba que no fuese cubierto, además de su habitual chaqueta llevaba una de pelo de oso conejo, importación habitual para Rohswan por lo cálido que era tal tejido. Suspiró mientras el aire se condensaba delante de él, y entonces fue cuando su vista le engañó, o al menos eso habría deseado pensar.
Como si de una criatura de los mitos se tratase, una figura humanoide envuelta en nieve y... ¿Telas?, se alzaba casi cuadriplicando la altura de Amaro que perplejo parpadeaba atónito pues no era capaz de creer que tal ser pudiera existir, su cuerpo se tensó en actitud de lucha o huida pero sus músculos se relajaron al notar que aquella criatura salida de la más impávida de las mentes retorcidas, parecía estar cuidando de otra persona, además al igual que Amaro de su boca el aire se expandía también era un ser vivo...
Tal es mi suerte hoy, que he encontrado alguna suerte de raza poco peculiar... ¡Alto! ¿Eres originario de estas tierras? replicó Pargo sin temor alguno y con su voz profunda y temeraria que a otros ya en alguna ocasión había sobrecogido por su capacidad de intimidar con tal tono, había hablado no como una orden si no como una necesidad, quería saber que buscaba un ser como aquel en aquellas tierras, pero sus dudas se fueron disipando cuando un simbolo de la marina se dejó entrever entre nieve y tela, era un perro de los nobles, cuando era esclavo poco y nada hicieron los marines por salvarlo una falsa institución movida por unos falsos ideales de justicia, el rostro de Amaro se torció desagradable, pero no podía dejar que aquello fuera lo que la criatura dislumbrase si se acercaba por que fingió una cara más amable, si la marina estaba ahí quizás pretendían hacer algún favor a algún noble, tenía que estar pendiente... tenía que sacar información.
Como si de un bautismo se tratase, un ritual de renacimiento, había decidido volver a la tundra que antaño lo había acercado al cálido abrazo de la muerte pues cuando ella está nosotros no estamos y todo sentir se vuelve una niebla onírica de lo que fue, sus pasos eran ligeros y continuados había pasado años y años tanto en la isla de Drum como en este lugar en específico por lo que el frio era lo normal para él, eso no implicaba que no fuese cubierto, además de su habitual chaqueta llevaba una de pelo de oso conejo, importación habitual para Rohswan por lo cálido que era tal tejido. Suspiró mientras el aire se condensaba delante de él, y entonces fue cuando su vista le engañó, o al menos eso habría deseado pensar.
Como si de una criatura de los mitos se tratase, una figura humanoide envuelta en nieve y... ¿Telas?, se alzaba casi cuadriplicando la altura de Amaro que perplejo parpadeaba atónito pues no era capaz de creer que tal ser pudiera existir, su cuerpo se tensó en actitud de lucha o huida pero sus músculos se relajaron al notar que aquella criatura salida de la más impávida de las mentes retorcidas, parecía estar cuidando de otra persona, además al igual que Amaro de su boca el aire se expandía también era un ser vivo...
Tal es mi suerte hoy, que he encontrado alguna suerte de raza poco peculiar... ¡Alto! ¿Eres originario de estas tierras? replicó Pargo sin temor alguno y con su voz profunda y temeraria que a otros ya en alguna ocasión había sobrecogido por su capacidad de intimidar con tal tono, había hablado no como una orden si no como una necesidad, quería saber que buscaba un ser como aquel en aquellas tierras, pero sus dudas se fueron disipando cuando un simbolo de la marina se dejó entrever entre nieve y tela, era un perro de los nobles, cuando era esclavo poco y nada hicieron los marines por salvarlo una falsa institución movida por unos falsos ideales de justicia, el rostro de Amaro se torció desagradable, pero no podía dejar que aquello fuera lo que la criatura dislumbrase si se acercaba por que fingió una cara más amable, si la marina estaba ahí quizás pretendían hacer algún favor a algún noble, tenía que estar pendiente... tenía que sacar información.
