[Social][Pasado] Rescate en la nieve
#1
Día 40 de Invierno, año 14

El mundo era blanco y silencioso. Una ventisca reciente había barrido la tundra que rodeaba la capital, dejando un paisaje de una pureza implacable. La nieve, tan profunda que llegaría al pecho de un hombre normal, formaba suaves dunas blancas hasta donde alcanzaba la vista, rotas solo por el ocasional afloramiento de roca negra o el esqueleto desnudo de un abeto petrificado. El aire era tan frío que quemaba los pulmones al respirar, y cada exhalación se convertía instantáneamente en una nube de cristales de hielo. Para la mayoría, era un infierno helado. Para Develio Torum, era una reminiscencia nostálgica, casi reconfortante. Era una pálida imitación del frío absoluto que azotaba en su tierra natal.

Emergiendo de entre la cortina de copos de nieve que aún danzaban perezosamente en el aire, se movía una figura que parecía más un pico errante de la propia montaña que un ser vivo. Develio no caminaba sobre la nieve; se abría paso a través de ella, cada paso un movimiento lento y poderoso que dejaba una profunda zanja a su paso. Su tamaño monumental era aún más pronunciado en la vasta y vacía llanura.

Para la ocasión, su habitual uniforme de la Marina había desaparecido bajo un atuendo adaptado no solo para el frío, sino para su escala. Llevaba una enorme capa con capucha de la Marina, una pieza hecha a medida que requirió el equivalente a tres tiendas de campaña militares. Era de lana gruesa, de un blanco inmaculado que lo mimetizaba casi a la perfección con el paisaje, dándole la apariencia de un gigantesco fantasma de nieve. Los bordes y el interior de la capucha estaban forrados con la piel de un Oso de Nieve, una bestia local cuya piel blanca y densa era el único material capaz de aislar eficazmente del viento cortante de la tundra. Llevaba la capucha puesta, y la profunda sombra que arrojaba ocultaba la mayor parte de su rostro, dejando visible solo la ocasional voluta de humo con olor a mango que escapaba de su pipa.

Debajo de la capa, se podían vislumbrar unos pantalones de lana gruesa de color azul marino, metidos en unas botas igualmente descomunales, hechas del cuero de un Rey Marino del North Blue, cosidas con tendones de oso y con suelas tan gruesas y con tantos clavos que parecían las orugas de un tanque de hielo. Su piel, aunque expuesta al frío en sus manos, no mostraba signos de enrojecimiento ni de congelación. La sangre de gigante que corría por sus venas, acostumbrada al aliento de los glaciares, lo convertía en un horno interno contra el que el frío de Roshwan era una mera molestia.

Su misión esa tarde era sencilla, casi mundana: recuperar a un recluta rezagado. Un joven llamado Petyr, que había sido enviado a la cercana Ciudad Tabjin a por un cargamento de suministros médicos y que debía haber regresado al cuartel de Pushkin antes de que cayera la tormenta. No lo hizo. Además varios enfermos esperaban esos suministros con su vida en juego. Dev se propuso voluntario para ir, no podían hacer nada sin suministros.

Tras una hora de marcha, Develio encontró lo que buscaba. Un trineo de la Marina, volcado a un lado del apenas visible camino, y junto a él, una figura acurrucada, temblando violentamente. Petyr era un muchacho delgado, de la capital, no acostumbrado a la brutalidad de la tundra. Había intentado refugiarse del viento detrás del trineo volcado, pero el frío ya le había robado la fuerza y el juicio. Su rostro estaba pálido, sus labios azules. Hipotermia en una fase avanzada.

Develio se arrodilló, un movimiento que provocó un pequeño temblor de tierra y nieve. La capucha se deslizó hacia atrás, revelando su rostro adusto y el familiar humo que se arremolinaba desde la pipa de lava que sostenía entre los dientes. Petyr levantó la vista, sus ojos desenfocados por el frío, y un terror confuso se mezcló con su entumecimiento.

— Re... Rec... Recluta T... Torum... — tartamudeó el chico, sus dientes castañeteando con la fuerza de un martillo neumático.

Develio no respondió de inmediato. Primero, sus enormes manos, sorprendentemente suaves, examinaron al recluta. Presionó suavemente su pecho, notando la respiración superficial. Tocó su cuello con el dedo meñique, sintiendo el pulso débil y rápido. Hipotermia severa, casi en fase de fallo cardiaco. La pérdida de consciencia es inminente.

— Se ha detenido a descansar, Recluta Petyr, hay gente esperándolo en el cuartel — la voz de Develio fue un murmullo profundo, un sonido tranquilo y sin prisas que parecía absorber la urgencia de la situación. — En la tundra, el descanso es un asesino silencioso. Te canta una canción de cuna, y si la escuchas... no vuelves a despertar. —

Abrió una de sus alforjas, de la que sacó un grueso matraz de metal. No contenía agua. Era un caldo de pescado, aún humeante. Preparado por él mismo esa mañana, sabiendo que lo necesitaría. Vertió un poco en el tapón del tamaño de un cuenco grande que servía de taza para él y servía de fuente para el recluta Petyr.

— Beba. Despacio. — dijo, acercando el tapón a los temblorosos labios de Petyr con sumo cuidado. — Calor interno. Es el primer paso. 

Mientras el chico bebía a sorbos, Develio comenzó el segundo paso. Abrió su gran capa blanca, extendiéndola como las alas de un albatros gigante.

— Acerqúese. — La palabra no fue una orden, sino una invitación tranquila. — Mi calor corporal es... considerable. Actuará como un horno. Es la forma más rápida de detener la pérdida de temperatura. 

Envolvió al tembloroso recluta dentro de su capa, atrayéndolo hacia su torso masivo. Para Petyr, fue como ser absorbido por una montaña cálida y que olía a humo de frutas exóticas. El contraste entre el frío letal de la tundra y el calor radiante que emanaba del cuerpo del gigante era abrumador. Gradualmente, los temblores violentos comenzaron a disminuir, reemplazados por un temblor más fino y controlado mientras la sangre comenzaba a circular de nuevo.

A lo lejos, las extravagantes cúpulas con forma de cebolla de Pushkin brillaban con colores chillones contra la paleta monocromática de la nieve, una promesa de alcohol caliente y refugio.

— Había un refrán en mi tierra — continuó Develio, su voz una vibración en el pecho contra el que se apoyaba Petyr. — Decía: "Nunca confíes en una montaña que no respira". Roshwan tiene muchas montañas. La mayoría respira... y tienen hambre. — Miró hacia el trineo volcado, una mota en el paisaje infinito. — Nos iremos pronto. Cuando deje de temblar. El vodka de la Plaza puede esperar. Su vida no. 

Y así permaneció, un faro de vida y calor en medio de la nada helada, un semigigante de un mundo de hielo aún más frío, protegiendo a un hijo del mundo de los hombres, mientras la nieve comenzaba a caer de nuevo, cubriendo lentamente sus huellas como si nunca hubieran estado allí. Pegó una fuerte calada a la pipa para que no se apagase, volviendo a ajustarse la capucha sobre la cabeza, la larga melena echa coleta que se alzaba sobre su cabeza se llenó de copos de nieve el poco tiempo que estuvo al descubierto.
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[Social][Pasado] Rescate en la nieve - por Develio Torum - 30-10-2025, 12:59 PM

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