[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1]
#15
Todos en aquel lugar comenzaron a reaccionar una vez que me vieron llegar. Era gracioso, porque ninguno parecía saber exactamente qué estaba mirando. Algunos se quedaron tiesos, otros susurraban entre sí con el disimulo torpe de quien no entiende si debe temer o reír. El primero en hacerlo fue aquel pequeño animalito que vi al fondo, un bichejo marrón con los ojos como botones que hizo un agujero y se escondió en cuanto mi sombra lo cubrió. Sinceramente, me dio un poco igual, no tenía tiempo para fijarme en cosas tan insignificantes, pero lo que no me dio igual fue aquel tipo de pelo moreno que, sin motivo aparente, me llamó tonto hasta en tres ocasiones. Tres veces. Como si repetirlo lo hiciera más cierto. Me miraba con aire de superioridad, de esos que creen que gritar te hace más listo. Cuando escuché el clic metálico del gatillo, me dio por reírme. El disparo salió, pero la bala ni siquiera llegó a rozarme, se perdió a medio camino, como si el aire mismo le diera pereza continuar. Me rasqué la cabeza, confundido, y luego solté una carcajada aguda que rebotó por las paredes del lugar. -Mis hermanos dicen que los que me llamen tonto, son muchos más tontos-uo. ¡Así que te callas, tonto-uo!- Le grité, estirando la lengua con un gesto exagerado, saboreando su cara de desconcierto. El eco de mi voz resonó unos segundos, mezclándose con el zumbido grave que a veces emite mi pecho cuando me altero. Apreté las manos, sintiendo cómo las protuberancias de mis brazos se tensaban bajo la piel azul clara. Noté la luz de mi gema titilar, ese parpadeo celeste que siempre acompaña mis momentos de rabia contenida. A veces me pregunto si los humanos notan eso o si sólo ven a un pez con cara de payaso. Igual daba. Lo único cierto era que aquel hombre estaba a punto de aprender que los tontos, a veces, saben morder.

Detrás del tipo que me había llamado tonto, la mujer con cola de mono empezó a moverse con torpeza, saltando por el lugar como podía. Gritaba, pidiendo ayuda como si el mundo entero le debiera algo. Sus chillidos me atravesaban la cabeza, agudos y molestos, parecidos al sonido de un pez cuando lo sacan del agua. Me giré lentamente, dejando que mis ojos rojos la recorrieran de arriba abajo, y una sonrisa se me dibujó sola en la cara, una de esas que nadie sabe si son burla o amenaza. La mujer se detuvo un instante, indecisa, con el pecho agitándose. Yo ladeé la cabeza, y le solté con tono cortante. -No hay nada que te pueda ayudar, mona. Limítate a tener crías y a mantener feliz a tu hombre, así no estarás en esta situación-uo.- Mi voz salió más aguda de lo normal, un chirrido cargado de ira contenida. Seguramente, algunos presentes se estremecieron. Seguramente, otros me miraron horrorizados, como si no pudieran creer lo que acababan de oír. A mí me dio igual, ni me fijé en ellos. Eran las reacciones que estaba acostumbrado a ver. En realidad, me divertía ver cómo los rostros humanos se deformaban con el miedo y la rabia, tan frágiles, tan fáciles de romper. Pero justo cuando me preparaba para acercarme a la mona gritona, el mink del centro, el de manchas que parecían pintadas a brocha, dio un par de pasos al frente. Me señaló con su garra y dijo algo que me hizo congelarme un instante: que estaba arrestado. Arrestado. A mí. La palabra me pareció tan absurda que tardé un par de segundos en procesarla. Y entonces, no pude evitarlo: la risa me explotó en la garganta. -¡UO UO UO UO UO UO!- Estallé, inclinándome hacia atrás mientras las carcajadas me sacudían el pecho. El aire vibraba con mi burla. Qué descaro, qué estupidez deliciosa. Reía con ganas, sin poder detenerme, hasta que de repente…

De repente, sentí una presión en la espalda, algo invisible, como si una ola de aire denso me golpeara de lleno. No entendí qué demonios había hecho el tipo de las alas que tenía bajo mi pie aplastado, pero la fuerza fue tan repentina que mi cuerpo se deslizó hacia adelante en linea recta sin que pudiera resistirme. El suelo rechinó bajo mis talones y el aire silbó en mis oídos mientras me desplazaba en línea recta, arrastrado por esa energía absurda, recorriendo diecisiete metros, quedando apenas a cinco del mink con manchas, aquel que se había atrevido a declararme arrestado. La risa que había quedado suspendida en mi garganta se convirtió en un gruñido bajo y ronco, un ruido gutural que me vibró en el pecho junto a mi gema celeste. Sentía cómo la rabia me hervía en la sangre, espesa, caliente, envolviéndome como un manto eléctrico. No había espacio para pensar, solo para actuar. Mis piernas se flexionaron y, aprovechando la inercia del empujón, me impulsé hacia adelante. El salto fue brutal, casi instintivo. Mi cuerpo se arqueó en el aire, la cola azotó detrás de mí como un látigo y mis ojos rojos se clavaron en el mink con una precisión predadora. Caí sobre él como una roca lanzada desde un acantilado, y cuando nuestras cabezas chocaron, sentí el impacto recorrerme desde la frente hasta la mandíbula, un golpe seco, ensordecedor, que hizo vibrar incluso las protuberancias de mis brazos. El ruido fue tan fuerte que creí escuchar el crujido del aire. Me reí, una risa aguda y distorsionada que resonó en mi propio cráneo. -¡Eso te pasa por hablar demasiado, manchitas-uo!- Le espeté, empujándolo con el peso de todo mi cuerpo. Cuando la colisión termino, me quedé de pie, observándolo, mirándole a los ojos, retandole. Solo podía pensar en lo divertido que era ver cómo los valientes se convertían en juguetes cuando los tocas con fuerza.

Sin mirar atrás ni detenerme a comprobar qué clase de desastre había dejado sobre el mink, mis piernas se flexionaron por pura inercia y salté un par de metros hacia adelante, con la mirada fija en la gigantona del fondo (ODETH). Era imposible no verla: su figura cubría mucho terreno, y su respiración levantaba polvo del suelo. Mis pies cayeron pesados, pero el impulso me llevó a correr sin pensar, cada zancada resonando como un tambor dentro de mi pecho. El aire se cortaba en torno a mis hombros, y la cola se movía detrás de mí, ondulando con un ritmo salvaje, como si tuviera vida propia. Mientras corría, una idea juguetona se apoderó de mi cabeza, un pensamiento que me llenó la mente de aquella chispa infantil que tanto desesperaba a mis hermanos. “Si esto es un juego con mis hermanos, tengo que cazar las máximas piezas posibles. Ya tengo marcados a dos de ellos. Voy a por la tercera, que parece débil y sin ganas de vivir… ¡UO UO UO!” La gigantona me observaba, o eso creía, aunque sus ojos no mostraban miedo ni rabia, solo ese vacío que me daba la impresión de estar persiguiendo a un cadáver que todavía respiraba. Nos separaban veintiún metros, y estaba dispuesto a acabar con ella. No le presté atención a los que quedaban atrás; mis queridas presas podían quedarse ahí, lamiéndose las heridas o llorando por su suerte. ¿Qué importaba? Les daba la espalda sin una gota de preocupación. A fin de cuentas, todos ellos estaban con su depredador en una jaula. "¿Qué podía salirme mal-uo?" Esa pregunta, absurda y casi cómica, me arrancó una sonrisa tonta mientras me preparaba para lanzarme de nuevo, saboreando el aire cargado de adrenalina y caos.

RESUMEN


BÉLICO


SIGUIENTE TURNO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1008 + 0 = 1008
Energia: 839 + 6 = 845
Espiritu: 150 + 0 = 150


Mensajes en este tema
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1] - por Uosan Sakana - 29-10-2025, 09:02 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 3 invitado(s)