But feathers are meant for the sky (Priv- Pasado)
#4
Cargando su tablilla contra el pecho, Bai siguió a Kaysera como un perro sigue a su amo: obediente y juguetona —divertida en verdad—, expectante de lo que pudiera pasar a continuación y con una energía arrolladora que pocas veces dejaba escapar.

Y cómo no habría de estarlo. Por primera vez podría hablar con alguien. Bueno, hablar… siempre había podido hacerlo en el sentido más estricto de la palabra: articular sonidos dotados de significado y ejecutar el acto locutivo. Pero otra cosa, muy distinta, era aquello que los sabios llaman lo perlocutivo —el poder de producir un efecto en los otros y alcanzar el alma ajena a través del lenguaje. Pues, eso, hasta hacía apenas unos minutos, ese le era un arte ajeno y lejano.
Pero ahora… Ahora, con aquella tablilla que le prestaba voz y forma al pensamiento, iba a ser muy distinto.

Su rostro entonces se iluminó con una dicha irreprimible: por fin volvería comunicarse sin necesidad de otro. Por fin, se iba a comunicar de verdad.

Tenía tantas cosas por decir como  interrogantes zumbando en su interior. Tantas ideas agolpadas que apenas sabía por dónde empezar. Mas sin embargo estaba decidida a hacerse entender aún con las limitaciones que tenía. Confiaba en ello.

En eso pensaba, absorta, mientras seguía los pasos de la joven nívea.
Y en eso pensó cuando tomó asiento frente a ella en el interior de una acogedora taberna.

La madera de la mesa estaba tan maltrecha como una vieja ruta comercial: llena de hendiduras, cicatrices y surcos tallados por el peso de jarras.
El rostro de Bai, antes iluminado por la dicha, se contrajo en un gesto de súbita aprensión. Pero, a qué: ¿Temor? Sí, al posible daño y a que su nuevo tesoro sufriera el más mínima desgaste.

Con manos veloces limpió la superficie donde habría de colocarla y dejó entre ambas lo que, para ella, era su piedra Rosetta.
Después, dudó: ¿debía empezar con alguna de sus infinitas preguntas, o dejar que las palabras fluyeran sin orden, como una corriente desbordada?

Mas no hubo tiempo de decidir. Kaysera se adelantó, inquisitiva. Y Bai, entre la curiosidad, la fascinación y el pensamiento absorto, llevó la zurda al mentón y contempló los símbolos.
“¿Fuerte? ¿Débil? Y una copa…” —se dijo—. Aquello debía aludir al sabor, ¿no?

—Hmm… —musitó, escarbando en su memoria para recordar cómo le gustaba a ella el vino.
Dulce. Siempre dulce.

Entonces señaló el símbolo de débil con una sonrisa triunfante y el pecho henchido de felicidad.
Era su primera frase propia.
Pero, así como llegó la dicha, se desvaneció.

¿Qué significaba, en realidad, lo que acababa de decir?
Si había pensado en el dulce como algo suave y en el amargo como algo fuerte, entonces… quizás se había equivocado al responderle.
¿O acaso la palabra hacía referencia al tipo de alcohol?
Fuera como fuese, la suerte estaba echada. Lo dicho no podía desdecirse; solo cabía intentar comprenderlo, descifrar y aprender.

Así que, aún con la mano en el mentón, cerró los ojos por un instante, tratando de exprimir hasta la última chispa de pensamiento para poder contestar a la segunda pregunta.
¿Podría acaso hallar un símil entre el sabor y las flechas?
¿O entre el día y la noche?
Y entonces lo vio: un corazón. Y tuvin destello de intuición.
Eso significaba amor, ¿no?
En todas las culturas, en todas las lenguas, debía significar amor.
Rezaba para que así fuera, porque, si lo era, podría aludir a lo que siempre se dice del amor: que es dulce.

Después esperó durante un rato con las manos sobre sus muslos y la espalda tan recta que su imagen, vista desde fuera, podía llegar a recordar a un enorme pastor alemán sentado, con la cola frenética a la espera de que su dueño haga algo.

—Soy —dijo, señalando su retrato —Médico—. Añadió apuntando al símbolo de su especialidad —Aunque... —se quedó a medias mientras pensaba en cómo decir las cosas —mi oficio principal es la erudición —informó mientras se señalaba a sí en el tablero y luego hacía un gesto mímico de leer libros.

A continuación le acercó el tablero y señaló a la propia Kayseira.

—¿Tú?

De nuevo con el tesoro entre sus manos trato de ordenar la siguiente frase. Debía ser corta y simple pero debía de permitirle conocer más a la muchacha.

—¿Por qué.. —señaló la pregunta —Tienes marcas?—y finalizó señalándose sus propios tatuajes. Pues no preguntaba por las heridas sinó por aquellos símbolos.
—Yo —se señaló a sí —Por mi gente —señaló a toda la tripulación haciendo un barrido sobre los dibujos y luego trazando con su dedo un dibujo de una casita sobre la mesa.
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RE: But feathers are meant for the sky (Priv- Pasado) - por Bai Mudan - 29-10-2025, 12:41 AM

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