Winter without you - Pasado Social
#14
¿Qué era lo que sentía cuando se dejaba llevar por esa emoción violenta que le invadía solamente de ver la cara más preciosa del planeta? Indescriptible, algo casi instintivo, pero inexperto, mucho. Owen se había dado un beso aquí y allá a lo largo de su vida, pero, ciertamente, esto llevaba meses siendo palabras mayores, MUY mayores: Convivencia, curiosidad, cariño, deseo. Un calor en su cuerpo aún le invadía, el mismo que había evitado que esa oruga humana que era el peliblanco desapareciera y pasase a estar con su mujer favorita abrazo, sentada, sintiendo cómo era rodeado su cuello por la mujer perfecta.

— No te preocupes Owen. —

[Imagen: sbI9lSE.png]
-A veces no sé qué hace una perfección como tú conmigo.-

Porque ahora, que la temperatura corporal de ambos había subido un poquito más, ella tenía las mejillas un poco más sonrosadas, haciéndola ver aún más espectacular de lo normal, y más de la plática que ahondaba un poco en la intimidad de ambos jóvenes totalmente poco experimentados. Owen estaba sin dudas nervioso, no sabía ni cómo expresar la marabunta de emociones que sentía por esa mujercita frente a él. Ella, tal vez por pena, parecía esconderse entre sus ropas al hablar de lo que resultaba ser "el pináculo del contacto" entre dos personas. Había una realidad: Él...se deshacía de ganas. Había fantaseado con ella en innumerable cantidad de ocasiones, sentido cómo su calor corporal se elevaba solamente por ese beso que de vez en cuando se intensificaba esporádicamente de un lado o del otro, ella lo cegaba, lo obnubilaba, tenía el poder dejarlo tan ciego como ella lo estaba de manera literal -¡E-E-E!- Fue impresionante lo nervioso que se puso por un segundo, ¿Deberían...hacerlo? Su corazón parecía querer salirse del pecho. Él, tan valiente, siempre tan encarador, tan provocador, estaba tan chiquito como una hormiga, tan rojo como un tomate y tan tembloroso como gelatina -¡CUANDO QUIERAS! Cuando...tu lo...te...quieras y te...- y ella, con ese aferre de manos que tenían, lo hipnotizaba aún más, haciéndolo sudar, interrumpiendo cualquier cosa que pudiese continuar diciendo al escuchar cómo le respondía ante su muestra de afecto.

— Yo también te quiero —

-...-

—Más de lo que imaginas. —

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-...Gwen...-

No podía estar más loco por ella. Era decir algo tierno y él perecer, sucumbir, no dejar de sacarle la vista de encima ni un ápice de segundo. Todo lo que lo sacó de su letargo fue "saber que necesita tiempo para pensar" -¿Pensar...en...?- aún se mantenía algo nervioso, mientras sus orbes celeste brillante, absoluta y completamente enfocados en ella, veían deslizarse cada vez más hacia abajo, activándole aún más y petrificándole el deseo irresistible de querer comérsela en ese preciso segundo. En cuanto ella sugirió que deberían ir a un médico para atender a sus heridas, Owen se quedó callado -...- su rostro se veía agazapado, se mordió el labio inferior mientras emitía una exhalación profunda, audible, perceptible, mientras sentía como aquella mano que les tenía juntos se afirmaba mucho más. No pestañeaba, ni una sola vez, mientras un incendio ocurría en sus interior, uno que clamaba el nombre de la chica una y otra vez, porque en cuanto ella comentó que podía ser "tan egoísta como quisiera", no sabía si aquello...sonaba a algún tipo de invitación de alguna índole.

No le podía sacar los ojos de encima.

-Si solo puedo ser egoísta contigo...- dio la primera marcha, usando la mano que tenía libre para deslizarla a la altura de las costillas de su mujer favorita, la aproximó en el instante que la misma se colocó justo debajo de sus escápulas, trayéndola con un poquito de fuerza hasta él -...lo seré...- segunda marcha, dándole un beso en la mejilla, para quedarse justo a la altura del oído derecho de su mujer favorita, sentenciando, en un susurro -...cuando estés lista, nada más.- y sin ningún ápice de duda, colocó el lóbulo de la misma en su boca para, dándole un pequeño mordisco, tirar hasta que el propio músculo volvió a colocarlo en su lugar, dando ese pequeño rebote tan característico. Se alejó, deslizando la mano como si esta se tratase de una serpiente que, antes de liberarla, la arañó justo hasta bajar un poco hasta el final de la columna, quedándose frente a frente en un silencio sepulcral. Otro premio consuelo, ¿O una pequeña demostración? Difícil saberlo.

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-¡GWENCHI! ¿Sabes qué cosa me encantaba comer en mi isla? PALOMITAS.-

En cuanto dijo aquella frase, se aproximó a la muchachita, casi pegándole el rostro. Había cambiado por completo el tema de manera tan abrupta que solo la dejase "pensando en una cosa más de todas las que debía", o bueno, eso era lo que creía Owen -Hace unos días conseguí granos de maíz seco y, si se calientan en una sartén con aceite, revientan y son espectaculares, vamo- y al segundo que su cuerpo volvió en sí -¡¡!!- el frío, atronador, impactó contra su cuerpo, poniéndolo pálido casi instantáneamente -PERO ANTES- empujó un poco el agarre que tenían juntos, buscando sentarse en la cama que compartían y sentarla encima de él -A-a-a-aférrate a mi,- y, con la mano libre y a una velocidad criminal: Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, SIETE, OCHO, BASTA OWEN -ahora sí.- sábanas y mantas, volviéndolos un siamés-oruga-hombre/mujer al momento que tiró de la misma para pegarse a si -Podrás hacerlas cuando nos separemos, ¿Sabes porqué?- se levantó, pudiendo tener a la mujer más hermosa que sus ojos hayan visto colgada de su cuello, como si fuese el collar que quisiese tener por el resto de sus días puesto, mirándole a ese rostro espectacular mientras empezaba a caminar -Porque solamente hay que escuchar cómo revientan, nada más.- gracias a la marabunta de mantas, Gwen, por suerte, apenas necesitaba hacer fuerza para mantenerse en su posición probablemente -Y siempre que las prepares,- tomó la sartén, el frío en la cocina era descomunal, pero soportable con su compañerita encima -te acordarás de mi,- no las tenía lejos, de hecho, iba a prepararlas esa misma noche, pudiendo escucharse el ¡TRSSSSSSSS! de cada granito seco rebotando contra el acero y, posteriormente, sin siquiera soltarse ni una sola vez de la unión que ambos tenían de una mano, trabajaba con una sola, en una labor de destreza muy propia de él -de nosotros,- volcó un poco de aceite, lo dejó y puso una buena cantidad de azúcar refinada, mezclando todo. Sí, había estado practicando muchísimo su cocina estos meses: Gwen es capaz de poder cambiar los corazones, aquel collar...tal vez, ¿Lo decía de manera literal? -y de esta casa. Mira, presta atención.-.

Pasaron unos pocos minutos mientras empezaba a escucharse el repiqueteo de un aceite tan característico como él solo. El pelirrojo quería prestar atención porque hay que estar atento al sonido, mucho y, mientras hacía aquello, simplemente removía con la misma espátula con la que había cocinado las Gyozas hacía unas horas, hasta que ¡POP! -¡Ahí está!- ¡POP-POP! -¿Lo ves, Gwen?- sí, un grano detrás de otro, cada vez con mayor intensidad, empezaban a saltar una y otra vez. Empezó a sonar de forma descontrolada, dura, intensa, incluso, algunas palomitas explotando hacia fuera de la propia sartén ancha y alta y él, sin embargo, no paraba de removerlas -Granos de maíz, azúcar, aceite, y lo mezclas sin parar hasta que escuches el POP,- imitó el sonido, usando un cuenco vacío y próximo para volcarlas y, una vez servidas, convidarle de las mismas. Siempre uno hace muy pocas y parecen salir una cantidad abrumadora, tal y como ocurre con el arroz y las pastas. Sí, Owen estaba empezando a tener conocimientos de cocina que hasta ni él se creía que tenía -cuando paran de sonar, la quitas del fuego. Era una manera de poder tener energía y comer algo dulce y rico por donde vivía por muy poco, pero si te alejas de mi, te vas a ir bien equipada con cosas:- el fuerte aroma del azúcar y el calor que aún emitían aquellos copitos blancos y amarronados viajó con la chica que, colgada como un monito, se mantenía hasta nuevamente la cama. Parecía como si la felicidad de tenerla a ella, solamente a ella, por el tiempo que sea, le mantuviese totalmente anestesiado de las heridas y moratones que yacían en todo su cuerpo -una de mis chaquetas rojas,- se volvió a sentar en la cama, haciendo que sus rodillas repose la parte trasera de la chica -una de mis recetas,- dejó el cuenco a un lado, porque todavía estaba a rebozar -un futuro anillo para tu mano,- apretó la unión que jamás se soltó del entrelazamiento de palmas -y mi corazón. Y yo cuidaré del tuyo, por siempre, y para siempre.- y luego de besarle la nariz, la mantuvo sentada encima de él para volver a acercar el cuenco -¡Hay que comerlas antes de que se enfríen! ¡El que para de comer tiene que cocinarle al otro!-.

Griselda. Gwendolyn. Gwendolyn Yang. No importaba quién sea.

La elegiría en esta vida y en las siguientes otra vez.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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Mensajes en este tema
Winter without you - Pasado Social - por Gwendolyn - 18-10-2025, 08:13 PM
RE: Winter without you - Pasado Social - por Owen Yang - 28-10-2025, 10:36 PM

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