29-10-2025, 12:13 AM
La jungla había quedado atrás cuando Ubbe emergió de entre los árboles, cargando sobre el hombro la presa que había cazado por el camino: un reptil enorme, con la mandíbula colgando y el cuello marcado por el peso de los dedos del buccaneer. No sabría decir cuántos días llevaba en Little Garden; las peleas contra dinosaurios, el encuentro con el melenas, los marines, y la batalla contra los dos diminutos guerreros se mezclaban en su cabeza como un único y largo combate.
Sus pasos le devolvieron hasta la costa, donde el navío de Sigurd seguía esperándole. Subió escalando por el lateral y dejó la presa sobre la cubierta como si fuera un saco de patatas. Tenía pensado desollarlo más tarde. Mientras rebuscaba agua dulce en el barco, un olor pestoso le golpeó la nariz. Bajó a la bodega, y allí encontró a una mujer atada, ya muerta, con el cuerpo hinchado por el inicio de la descomposición. Ubbe la observó un instante, sin asco, solo evaluando. Le registró por si tenía algo de valor encima, pero al no encontrar nada útil la cogió por los tobillos y la arrastró hasta cubierta. No tenía intención de dormir con ese olor. -No vas a mejorar el ambiente aquí abajo, baby -murmuró antes de lanzarla por la borda. El cuerpo cayó al mar con un chapoteo seco y desapareció en la oscuridad del agua. Subió de nuevo, bebió, comió algo de su caza y, agotado, se tumbó en cubierta. El saco con el dinero de la transacción con James ya estaba guardado desde hacía días en el navío, así que cerró los ojos y durmió profundamente bajo las nubes, dejando que los rayos de sol limpiaran de su piel el cansancio de la isla.
Despertó con el eco de una voz conocida que rompía el silencio del amanecer. Ubbe se incorporó, se desperezó con un gruñido y se apoyó en la barandilla justo cuando Sigurd surgió de la playa como un demonio desatado, gritando su nombre. Le esperó de pie y, cuando el berserker llegó a la borda, Ubbe alargó el brazo y lo agarró con firmeza para ayudarle a subir. Solo entonces chocaron antebrazos con fuerza, en un saludo épico como pocos, y se dieron un abrazo viril que sonó a golpes más que a afecto. -Muere con gloria -respondió Ubbe al lema de Sigurd, completándolo sin dudar.
Hablaron de sus caminos por separado en la isla, y cuando Sigurd sacó los papeles empapados, Ubbe arqueó una ceja. Al ver su propia cara impresa en el cartel de “Se Busca”, sintió algo parecido a un fuego antiguo encenderse bajo la piel. No sonrió como un loco; al contrario, una media sonrisa peligrosa cruzó su rostro, lenta, orgullosa. Aquel papel significaba algo. Había estado peleando toda su vida, rompiendo huesos del que se creyera más fuerte… era cuestión de tiempo que el mundo empezara a fijarse. -Ya era hora... -murmuró, con tono satisfecho. Pero entonces vio el cartel de Sigurd. “Carnicero de Whisky Peak”. Ubbe lo miró, luego lo miró a él, y su sonrisa se ensanchó aún más. No era envidia. Era orgullo. Estaba compartiendo viaje con alguien que ya hacía temblar islas enteras. -Eso sí es un título, baby. El mundo empieza a entender de que estamos hechos - GAHAHAHAHA
El sol brillaba por completo cuando empezaron a preparar el barco para zarpar. Ubbe recogió los cabos y subió el ancla tirando de la cadena con las manos desnudas, como si de subir una cortina se tratase, ajustó la presa de caza a un lado de la cubierta para despiezarla luego, y mientras Sigurd hablaba sobre viajar a los confines del mar, él lanzó un vistazo al horizonte que dejaban atrás. Little Garden había sido un campo de prueba. Un lugar que les había intentado matar a cada paso. Pero también había sido un recuerdo de por qué existían tipos como ellos. -Ah, por cierto -dijo Ubbe como quien comenta el clima, mientras levantaba el ancla sin esfuerzo aparente-. Encontré una mujer muerta atada en la bodega. Apestaba. La lancé al mar. -lo dejó caer con un tono neutro y una chispa de humor negro, como si hablara de tirar pescado pasado. No dio más detalles; no le interesaban las historias de cadáveres ajenos. Cuando las velas se hincharon y el barco comenzó a moverse, Ubbe apoyó un antebrazo en la barandilla y añadió, sin apartar la vista del horizonte-. GAHAHAHA, ¿¡quién me iba a decir a mí que ahora navegaría en un pedazo de barco como este?! Y con un hermano de guerra como tu! - Ubbe miró a su nuevo amigo con confianza - Buah, van a flipar el día que el mundo se entere de que somos colegas GAHAHAHA.
Sus ojos brillaron con ese fuego que solo nacía cuando olía pelea en el aire. Aunque su tono era calmado, quemaba por dentro la promesa de gloria futura. Estiró el cuello, escuchó crujir sus vértebras y terminó, casi, como una profecía personal.- Esto solo ha sido el principio, baby.
Sus pasos le devolvieron hasta la costa, donde el navío de Sigurd seguía esperándole. Subió escalando por el lateral y dejó la presa sobre la cubierta como si fuera un saco de patatas. Tenía pensado desollarlo más tarde. Mientras rebuscaba agua dulce en el barco, un olor pestoso le golpeó la nariz. Bajó a la bodega, y allí encontró a una mujer atada, ya muerta, con el cuerpo hinchado por el inicio de la descomposición. Ubbe la observó un instante, sin asco, solo evaluando. Le registró por si tenía algo de valor encima, pero al no encontrar nada útil la cogió por los tobillos y la arrastró hasta cubierta. No tenía intención de dormir con ese olor. -No vas a mejorar el ambiente aquí abajo, baby -murmuró antes de lanzarla por la borda. El cuerpo cayó al mar con un chapoteo seco y desapareció en la oscuridad del agua. Subió de nuevo, bebió, comió algo de su caza y, agotado, se tumbó en cubierta. El saco con el dinero de la transacción con James ya estaba guardado desde hacía días en el navío, así que cerró los ojos y durmió profundamente bajo las nubes, dejando que los rayos de sol limpiaran de su piel el cansancio de la isla.
Despertó con el eco de una voz conocida que rompía el silencio del amanecer. Ubbe se incorporó, se desperezó con un gruñido y se apoyó en la barandilla justo cuando Sigurd surgió de la playa como un demonio desatado, gritando su nombre. Le esperó de pie y, cuando el berserker llegó a la borda, Ubbe alargó el brazo y lo agarró con firmeza para ayudarle a subir. Solo entonces chocaron antebrazos con fuerza, en un saludo épico como pocos, y se dieron un abrazo viril que sonó a golpes más que a afecto. -Muere con gloria -respondió Ubbe al lema de Sigurd, completándolo sin dudar.
Hablaron de sus caminos por separado en la isla, y cuando Sigurd sacó los papeles empapados, Ubbe arqueó una ceja. Al ver su propia cara impresa en el cartel de “Se Busca”, sintió algo parecido a un fuego antiguo encenderse bajo la piel. No sonrió como un loco; al contrario, una media sonrisa peligrosa cruzó su rostro, lenta, orgullosa. Aquel papel significaba algo. Había estado peleando toda su vida, rompiendo huesos del que se creyera más fuerte… era cuestión de tiempo que el mundo empezara a fijarse. -Ya era hora... -murmuró, con tono satisfecho. Pero entonces vio el cartel de Sigurd. “Carnicero de Whisky Peak”. Ubbe lo miró, luego lo miró a él, y su sonrisa se ensanchó aún más. No era envidia. Era orgullo. Estaba compartiendo viaje con alguien que ya hacía temblar islas enteras. -Eso sí es un título, baby. El mundo empieza a entender de que estamos hechos - GAHAHAHAHA
El sol brillaba por completo cuando empezaron a preparar el barco para zarpar. Ubbe recogió los cabos y subió el ancla tirando de la cadena con las manos desnudas, como si de subir una cortina se tratase, ajustó la presa de caza a un lado de la cubierta para despiezarla luego, y mientras Sigurd hablaba sobre viajar a los confines del mar, él lanzó un vistazo al horizonte que dejaban atrás. Little Garden había sido un campo de prueba. Un lugar que les había intentado matar a cada paso. Pero también había sido un recuerdo de por qué existían tipos como ellos. -Ah, por cierto -dijo Ubbe como quien comenta el clima, mientras levantaba el ancla sin esfuerzo aparente-. Encontré una mujer muerta atada en la bodega. Apestaba. La lancé al mar. -lo dejó caer con un tono neutro y una chispa de humor negro, como si hablara de tirar pescado pasado. No dio más detalles; no le interesaban las historias de cadáveres ajenos. Cuando las velas se hincharon y el barco comenzó a moverse, Ubbe apoyó un antebrazo en la barandilla y añadió, sin apartar la vista del horizonte-. GAHAHAHA, ¿¡quién me iba a decir a mí que ahora navegaría en un pedazo de barco como este?! Y con un hermano de guerra como tu! - Ubbe miró a su nuevo amigo con confianza - Buah, van a flipar el día que el mundo se entere de que somos colegas GAHAHAHA.
Sus ojos brillaron con ese fuego que solo nacía cuando olía pelea en el aire. Aunque su tono era calmado, quemaba por dentro la promesa de gloria futura. Estiró el cuello, escuchó crujir sus vértebras y terminó, casi, como una profecía personal.- Esto solo ha sido el principio, baby.
INFO
