28-10-2025, 02:36 AM
(Última modificación: 28-10-2025, 02:51 AM por Ryota Miyamoto.)
La ciudad de Pushkin, orgullo del reino de Roshawn y estandarte indiscutible de las bebidas fermentadas en todo el South Blue, despertaba cada mañana envuelta en bullicio. Sus calles vibraban desde temprano con el trotar de las carrozas, el murmullo de las conversaciones, las risas de los niños y el ir y venir propio de una capital que jamás dormía del todo.
Aquel día 54 de Otoño, la tenue luz que lograba filtrarse entre las densas nubes invernales acariciaba con suavidad las afueras de la ciudad. Allí, entre la escarcha y el humo de las chimeneas, se alzaba “La Madriguera del Ornitoperro”, una posada modesta pero firme, habituada a resistir las fuertes temperaturas.
Su dueña era una mujer corpulenta, de trenzas canosas y sonrisa cálida, bien conocida por los vecinos. Siempre tenía lista una taza de té para los viajeros cansados… y, por supuesto, hidromiel o cerveza para aquellos que preferían algo más fuerte.
![[Imagen: fab185174be1fc6d2ae3d0647c0a18fd.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/fa/b1/85/fab185174be1fc6d2ae3d0647c0a18fd.jpg)
En ese momento de la mañana, la señora Maggy MacMuphings (como todos la conocían) barría con calma el suelo del pequeño bar que atendía junto a su posada. El repentino golpe de la puerta al abrirse de golpe la alertó. Dos hombres con rostros familiares para ella irrumpieron con semblantes tensos y voces entrecortadas, portando en sus expresiones la sombra de una tragedia anunciada.
“¡Maggy es una emergencia!” Exclamó Vlad con aparente urgencia.
Él era el zapatero de la calle y visitaba frecuentemente el bar de la posada junto a sus amigos. “¡Mi hija Charlotte fue raptada por la banda de O’Malley! ¡Necesito que me prestes tu antigua escopeta!” Apresuro a decir deteniéndose frente a la mujer.
“Válgame Dios…” Fue la reacción más natural que Maggy encontró ante semejante noticia, llevando su diestra al pecho en muestra de preocupación, mientras el color se le escapaba del rostro. “Pero Vlad, hijo, ¿estás seguro de que la banda de O’Malley la rapto? Esa es una acusación muy grave”, indicó la mujer, conocida por su sensatez y cabeza fría, dadas únicamente por la experiencia de la edad.
“Maggy estoy seguro…” Vald bajó la cabeza, con el ceño fruncido y los puños cerrados en un gesto de frustración. “Ese bastardo de O’Malley me dijo que le debía una y mi hija salió esta mañana desde temprano y no ha vuelto.” Una mezcla de pena e ira se escuchó en su tono. “Pregunté a algunos vecinos en la calle y me dijeron que la vieron caminar con algunos hombres de O’Maelly, por eso… ¡estoy seguro de que ese bastardo la tiene!” Gritó con furia, una emoción nacida únicamente de su preocupación por su ser amado pero que podría llevarlo a tomar decisiones estúpidas.
“¡Vlad Cálmate!” Alertó Maggy mostrándose seria y sorprendiendo a los dos hombres. “¡Esa no es forma de hablarle a una mujer mayor!, ¡y además!, ¡Debe existir una mejor solución que agarrarse a tiros!” La voz de la razón dada por Maggy parecía calar hondo en los corazones de la pareja, pero casi de inmediato Vlad negó con su cabeza como si, estuviera perdiendo de foco lo realmente importante.
“¡Maggy! ¡¿Entonces qué hacemos?!, ¡Si voy sin un arma!, ¡¿Cómo recuperaré a mi Charly?!” Vocifero molesto, aunque entendía y apreciaba la sabiduría de la mujer, su deber era primero con su hija antes que, con su sentido común, no iba a dejar que ningún maleante le pusiera las manos encima.
“Quizás… quizás ella puede ayudarnos…” Opinó Maggy, recordando a la huésped que había llegado a la posada el día anterior: una mujer de presencia firme y mirada decidida, que tal vez podría ayudarlos sin recurrir a armas letales.
Off
