[PASADO] La marea roja
#1
Exclamation 
Hace 3 años...

Ariel había vivido durante años bajo la sombra ominosa de su padre. Desde que tenía memoria su vida había estado marcada por el entrenamiento implacable, las exigencias brutales y las sombrías ambiciones de aquel Gyojin tiburón con cicatrices de batallas pasadas, recordatorio de una época de gloria.
Cada día, comenzaba de la misma manera, con el primer rayo del sol, ella se levantaba con determinación y se dirigía a la gruta donde su padre solía descansar. Esa mañana no fue diferente. El océano aún estaba oscuro, y las criaturas marinas se mecían suavemente en el letargo previo al amanecer.
 
Ariel salió de su refugio acuático y se dirigió hacia la cueva donde su padre dormía. Pero lo que escuchó al llegar la dejó atónita y furiosa. El padre de Ariel, en medio de un profundo sueño, murmuraba palabras que no podía ignorar. Hablaba de venganza, de un plan siniestro para utilizar a su propia hija como un peón en su búsqueda de destrucción. Sus ojos estaban cerrados, pero su rostro reflejaba un odio frío y calculador que Ariel nunca había visto antes. Hablaba de cómo había sido expulsado de su anterior manada de nómadas y de cómo ahora los destruiría a todos con la ayuda de su hija.
 
El corazón de Ariel latía con rabia y traición. ¿Cómo podía su propio padre, quien la había criado y entrenado, estar planeando tal maldad? Aquellas palabras en su sueño resonaron en su mente como un trueno, y una ola de emociones la invadió. Sintió que no podía quedarse callada, que debía confrontar a su padre y detener su plan antes de que fuera demasiado tarde, no solo para esas personas que planeaba asesinar a sangre fría, si no por ella misma, si no conseguía liberarse de la influencia que su padre tenía sobre ella antes de esa matanza… Temía perder su libertad para siempre.
 
Con determinación, Ariel, lo despertó, y sus ojos se encontraron con los de su progenitor. El gyojin despertó bruscamente, y su mirada se volvió de confusión a ira cuando vio a su hija frente a él. Ariel, respirando con dificultad, no pudo contener su enojo y su indignación. – ¡Padre, ¿Cómo puedes ser tan cruel?! – exclamó Ariel, con la voz temblorosa, quería creer que era solo un sueño y no era real lo que había oído. – ¿Cómo has podido usar a tu propia hija para llevar a cabo toda esa… Ese maldito plan? –
 
El padre la miró con una sonrisa fría y siniestra que heló la sangre de la gyojin, su rostro en ese momento reflejaba una sed de sangre como nunca había sentido. — Ariel, querida, no lo entiendes. Esto es lo que debemos hacer. La venganza es la única forma de restaurar el honor de nuestra familia. —
 
Ariel no podía creer lo que estaba escuchando. Recordó todas las veces que había sido forzada a entrenar desde que era una niña de cinco años, las vidas de sus hermanos que había tomado bajo las órdenes de su padre. La injusticia y la crueldad de su pasado se agolparon en su mente, y el dolor que llevaba durante tanto tiempo escondiendo pensando en que su padre solo quería lo mejor para ella, que fuera fuerte para defenderse, todo estalló en una furia incontenible.
 
– ¡No, tu eres el que no entiendes, padre! – gritó Ariel, con los ojos llenos de lágrimas. – ¡Has hecho de mi vida un infierno, me has forzado a matar a mis propios hermanos, me has entrenado para ser tu máquina de matar! Ya no seré parte de tu estúpido plan de venganza retorcida. – Las palabras de Ariel parecieron hacer eco en el oscuro abismo de la cueva submarina. Su padre, enfurecido y herido en su orgullo, se lanzó hacia ella con una determinación feroz y una mirada llena de ira. La batalla que siguió fue feroz y despiadada, una lucha a muerte entre padre e hija.
 
Ariel, con su corazón lleno de dolor y coraje, se defendió con todo lo que había aprendido de su padre. Cada golpe, cada mordisco, era un recordatorio de años de entrenamiento brutal. Pero también era una demostración de su propia determinación, de su voluntad de liberarse de las cadenas que habían oprimido su vida, cadenas que estaba determinada a romper, ese mismo día.
 
Finalmente, en medio de un remolino de agua y sangre, Ariel logró lo impensable. Con un último y desesperado ataque, derribó a su padre, dejándolo inmóvil en el suelo del abismo. La mirada de su padre, ahora vacía de odio, se encontró con la de su hija por última vez, mientras su vida se extinguía. Ariel, temblando y herida, se dio cuenta de que había vencido a su padre, pero en el proceso también había perdido a la única familia que le quedaba. Se quedó sola en un mundo hostil, una superviviente de un pasado oscuro y con la promesa de un futuro incierto. Salió de la cueva y tras de sí un rastro carmesí era arrastrado, Ariel iba dejando a su paso una marea roja, un tiñe al mar que salía de las heridas que su padre le había provocado.
 
La traición y la muerte de su padre marcaron un punto de quiebre en la vida de Ariel. A partir de ese día, juró que su vida sería diferente, fuera cual fuera su futuro de ahí en adelante ella sería la dueña de su propia vida.
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[PASADO] La marea roja - por Ariel - 18-10-2023, 06:28 PM

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