14-10-2023, 05:00 PM
Hundía con ganas los dedos de mi mano izquierda en el cuello de aquella mujer pájaro con dos intenciones, que soltara a Peixe de sus garras y partirle la garganta. Notaba en la palma de mi mano como su gaznate cedía ante la presión y fuerza que ejercía sobre él, pero no era suficiente… de la misma forma que pensé cuando golpeé con al gran simio rojo en la cara, si tan sólo tuviera la fuerza que demostró tener Taka ya le habría reventado el cuello. No era suficiente.
Al final, sin verlo venir y sin escucharlo siquiera, lo que explotó fue mi brazo, haciendo que soltara automáticamente a aquella desgraciada y, con una vuelta de campana cayera al suelo. Mientras caía al suelo sin remedio, con mi mano derecha logré rozar uno de los tentáculos de mi nakamana con intención de aferrarme a él, pero sin éxito alguno. La adrenalina que tenía en ese momento impidió que, en esos pocos segundos en los que el robot nos indicaba como proceder para no morir, me fijase en la brutal herida que me había provocado. El dolor me llegó de golpe, automáticamente miré mi brazo. Estaba destrozado, la piel se abría a lo largo de mi antebrazo como una especie de río revuelto, y la sangre brotaba de aquella grieta a borbotones.
Apreté los dientes con fuerza e intenté no hacer ningún sonido para evitar ser de nuevo el objetivo del Shichibukai mientras me sujetaba de forma instintiva la herida con la mano derecha, llenándose de sangre. Alcé mi vista y vi la cara de aquella suertuda, que con una actitud altiva y farfullando se llevaba a Peixe hacia uno de los barcos. Quise ir a por a ella en ese momento, golpearle la cara hasta que fuera una pulpa sanguinolenta irreconocible, obra de un demonio como yo. Golpear su cuerpo tan fuerte hasta reducirla a una masa de sangre, huesos, dientes y plumas, y tras haberla desfigurado y asesinado con brutalidad con mis propios puños usaría su cadáver para destrozar con el los cuerpos de todos sus aliados. Iría a por ella y rescataría a Peixe. Y aunque deseara hacerlo en ese mismo instante sabía que no era el momento.
Aún en el suelo miré a mis nakamas uno a uno, tomando especial atención en Triana, a la que negué con la cabeza y con el ceño fruncido. Sabía que Aspros y Jolyne eran más prudentes, al contrario que Triana que, como yo, era más impulsiva y tenía la certeza de que si no le decía explícitamente que no viniera a por mí, lo iba a hacer. Tras eso miré fijamente al Shichibukai, esto no iba a quedar así, destrozaría al cerebrito que había detrás de este payaso de culo metálico. Si quería cumplir mis sueños tenía que mejorar, y lo haría, pero ahora debía usar la cabeza y agachar el morro si quería seguir con mi aventura.
Al final, sin verlo venir y sin escucharlo siquiera, lo que explotó fue mi brazo, haciendo que soltara automáticamente a aquella desgraciada y, con una vuelta de campana cayera al suelo. Mientras caía al suelo sin remedio, con mi mano derecha logré rozar uno de los tentáculos de mi nakamana con intención de aferrarme a él, pero sin éxito alguno. La adrenalina que tenía en ese momento impidió que, en esos pocos segundos en los que el robot nos indicaba como proceder para no morir, me fijase en la brutal herida que me había provocado. El dolor me llegó de golpe, automáticamente miré mi brazo. Estaba destrozado, la piel se abría a lo largo de mi antebrazo como una especie de río revuelto, y la sangre brotaba de aquella grieta a borbotones.
Apreté los dientes con fuerza e intenté no hacer ningún sonido para evitar ser de nuevo el objetivo del Shichibukai mientras me sujetaba de forma instintiva la herida con la mano derecha, llenándose de sangre. Alcé mi vista y vi la cara de aquella suertuda, que con una actitud altiva y farfullando se llevaba a Peixe hacia uno de los barcos. Quise ir a por a ella en ese momento, golpearle la cara hasta que fuera una pulpa sanguinolenta irreconocible, obra de un demonio como yo. Golpear su cuerpo tan fuerte hasta reducirla a una masa de sangre, huesos, dientes y plumas, y tras haberla desfigurado y asesinado con brutalidad con mis propios puños usaría su cadáver para destrozar con el los cuerpos de todos sus aliados. Iría a por ella y rescataría a Peixe. Y aunque deseara hacerlo en ese mismo instante sabía que no era el momento.
Aún en el suelo miré a mis nakamas uno a uno, tomando especial atención en Triana, a la que negué con la cabeza y con el ceño fruncido. Sabía que Aspros y Jolyne eran más prudentes, al contrario que Triana que, como yo, era más impulsiva y tenía la certeza de que si no le decía explícitamente que no viniera a por mí, lo iba a hacer. Tras eso miré fijamente al Shichibukai, esto no iba a quedar así, destrozaría al cerebrito que había detrás de este payaso de culo metálico. Si quería cumplir mis sueños tenía que mejorar, y lo haría, pero ahora debía usar la cabeza y agachar el morro si quería seguir con mi aventura.
Toda la información
![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
- Cronología - Tripulación -
