En un ápice de segundo, pese a intentar hacer movimientos lo más calmados y tranquilos posibles sentí un muy pequeño impacto en el hombro derecho que articulaba el resto del brazo en la misión de saquear el cuerpo del gyojin demente. Al tiempo que sentía aquel ligero toque presionando mi hombro, escuché un sonido sordo, como en una frecuencia diferente, y en ese preciso instante fue cuando llegó el crujido y con él, el dolor. Estando arrodillado al recibir un impacto así, fui disparado hacia atrás con potencia y velocidad suficiente como para que no pudiera ni verlo venir ni hacer nada para evitarlo.
El impacto rasgó tela, rompió músculo y quebró hueso con una facilidad pasmosa y fascinante, haciendo un agujero en la zona de impacto de lado a lado, entre el cual podía introducirse un cordel que lo atravesase por completo.
Lo sentí a cámara lenta. Lo escuché con total nitidez, dentro de mi, explotando. Saboreé la amargura de la diferencia de poder en un breve parpadeo. Mis ojos se abrieron de par en par, mis labios se apretaron y mis dientes chocaron entre si con fuerza. Mi cuerpo se elevó unos pequeños centímetros antes de que mi espalda impactase con fuerza, volviendo el tiempo a su curso normal en cuando mi cuerpo comenzó a deslizarse ligeramente por el retroceso.
— ¡¡...!! — un grito mudo. El impacto había paralizado mis pulmones y el oxígeno me había abandonado por un instante. Mi cabeza chocó contra la madera de la plataforma y noté como mi casco se aflojó por el impacto, abandonando su lugar habitual cubriendo mi rostro, rebotando un par de veces hasta rodar y colocarse a apenas un metro de mi. El aire volvió a mis pulmones a tiempo que mis pupilas se contraían fruto del impacto directo con la luz del sol. Mis cabellos rosáceos fueron fruto de la gravedad y se lanzaron hacia atrás, y casi por instinto, mi mano izquierda se alzó hacia el rostro, llevando el puño hacia la boca y mordiéndolo, mientras la cicatriz de mi rostro se arrugaba por la mueca de dolor.
Apreté los dientes hasta que un pequeño hilo de sangre brotó de la mano y comenzó a manchar mis labios, a tiempo que un sonido contenido y de frustración emanaba de mi, acolchado con la masa de mi mano insonorizando parcialmente mi queja y lamento. Todo lo que pasase o estuviese pasando a mi alrededor era trivial y algo que en mi egoísmo nunca me hubiera llamado la atención, cuanto menos ahora, presa del dolor y la humillación. Un pitido agujo y fuerte me invadía el canal auditivo y no podía saber si el androide seguía disparando, si los presentes huían, presentaban batalla o se habían rendido. Por sobre todas las cosas dudaba que hubiera fallado, así que este disparo era una advertencia de que me estuviera quieto. Y quieto iba a estar.
El impacto rasgó tela, rompió músculo y quebró hueso con una facilidad pasmosa y fascinante, haciendo un agujero en la zona de impacto de lado a lado, entre el cual podía introducirse un cordel que lo atravesase por completo.
Lo sentí a cámara lenta. Lo escuché con total nitidez, dentro de mi, explotando. Saboreé la amargura de la diferencia de poder en un breve parpadeo. Mis ojos se abrieron de par en par, mis labios se apretaron y mis dientes chocaron entre si con fuerza. Mi cuerpo se elevó unos pequeños centímetros antes de que mi espalda impactase con fuerza, volviendo el tiempo a su curso normal en cuando mi cuerpo comenzó a deslizarse ligeramente por el retroceso.
— ¡¡...!! — un grito mudo. El impacto había paralizado mis pulmones y el oxígeno me había abandonado por un instante. Mi cabeza chocó contra la madera de la plataforma y noté como mi casco se aflojó por el impacto, abandonando su lugar habitual cubriendo mi rostro, rebotando un par de veces hasta rodar y colocarse a apenas un metro de mi. El aire volvió a mis pulmones a tiempo que mis pupilas se contraían fruto del impacto directo con la luz del sol. Mis cabellos rosáceos fueron fruto de la gravedad y se lanzaron hacia atrás, y casi por instinto, mi mano izquierda se alzó hacia el rostro, llevando el puño hacia la boca y mordiéndolo, mientras la cicatriz de mi rostro se arrugaba por la mueca de dolor.
Apariencia sin casco
Apreté los dientes hasta que un pequeño hilo de sangre brotó de la mano y comenzó a manchar mis labios, a tiempo que un sonido contenido y de frustración emanaba de mi, acolchado con la masa de mi mano insonorizando parcialmente mi queja y lamento. Todo lo que pasase o estuviese pasando a mi alrededor era trivial y algo que en mi egoísmo nunca me hubiera llamado la atención, cuanto menos ahora, presa del dolor y la humillación. Un pitido agujo y fuerte me invadía el canal auditivo y no podía saber si el androide seguía disparando, si los presentes huían, presentaban batalla o se habían rendido. Por sobre todas las cosas dudaba que hubiera fallado, así que este disparo era una advertencia de que me estuviera quieto. Y quieto iba a estar.
resumen
Información Personaje

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