[EVENTO FIN BETA] Control de Acceso; Parte 2 (Grupo 2)
#22
Existe la leyenda de que los cuervos son los animales de la mala fortuna, del mal de ojo, de los malos presagios. Es la encarnación, dicen, de la voz de las malas noticias, aquel (animal) que sentencia y decide sobre las vidas de las personas; aquel que, cuando aparece, toda vida desaparece. Es por eso por lo que la mayoría de estos animales se encuentran cerca de cadáveres o lugares donde estos descansan, como los cementerios. Y, esto, en definitiva, es lo que los cuervos que portaba y controlaba Enma traían: simplemente, malas noticias, ya que lo único que le mostraban era un camino sin salida. Después de haberle dado la orden de revisar sus alrededores, lo que los cuervos encontraron no era para nada lo que Enma esperaba, sino todo lo contrario. Pero, ¿qué es lo que había? Un barco, antiguo y bastante sucio, pero un barco más. Su cubierta, repleta de personas realizando diferentes quehaceres, estaba distribuida de forma que los barriles se encontraban en los laterales y la cubierta estaba más despejada, y es por eso por lo que todos los utensilios de la limpieza y restos de comida se amontonaron por aquella zona, pues era donde más espacio había. Pero no había nada más que eso. Fuera del barco, agua y más agua; y más plataformas en las que otros grupos de personas –aparentemente desconocidas para el pelirrojo– se encontraban en una tesitura similar, aunque el ambiente que rodeada aquellas balsas de madera era más tenso y desagradable que el que caracterizaba la plataforma en la que Enma se encontraba. 
 
El panorama, una vez más, resultaba desolador. No había manera de huir hacia el barco más cercano (el que estaba atado a través de unas cadenas a la plataforma), pues estaba ocupado, y se encontraban frente a un gyojin, un hijo del mar. Tampoco podían pedir auxilio en otras plataformas, pues su situación era mucho más delicada y, seguramente, muchas personas se encontrasen ya al borde de la muerte. – Ara, ara… Esto va a ser problemático… – Pensó Enma para sí mismo, mientras se encontraba en la misma posición, sentado cerca del centro de la plataforma, dándole ligeramente la espalda a Bepso y al joven lunarian, que todavía se encontraba en estado de gravedad. En otra etapa de su vida, quizá salvarlo hubiera sido su prioridad, pero, actualmente, el único objetivo de Enma era sobrevivir él mismo. Tal era su motivación, que incluso pensó en acabar con la vida de ambos, tanto del lunarian como del tontatta, pues, en su cabeza, eran más un obstáculo que un soporte. Uno se había rendido en los primeros tres segundos de conversación; mientras que el otro se lanzó al combate, en un intento colérico por vencer al wotan, sin ser consciente de que un dedo no es capaz de tapar el sol. Y una persona como él, tampoco era capaz de vencer a aquel enemigo. En realidad, nadie lo era, ni juntos ni por separado, ninguna de las personas que se encontraban en la plataforma eran capaces de vencer a esa inmensidad. Y esto le producía un cierto sentimiento de tristeza al pelirrojo pues… Haber llegado al Grand Line, ¿para esto? – Quizá… No soy tan fuerte como para llegar a este nuevo mundo… – Volvió a pensar para sí mismo, en un ejercicio de divagación interna, mientras esperaba algún tipo de acción o diálogo por el resto de las personas presentes.
 
No tardó en llegar. La bondad de Bepso fue la primera, que solicitó ayuda médica para el lunarian y el wotan accedió a ofrecérsela, explicándole, cómo no, que esa situación era algo que nos habíamos buscado “nosotros mismos” y que él sólo quería lo mejor “para nosotros”. Pero esta verborrea, completamente errada y deshonesta por su parte, sólo fue el principio de un ligero, largo y denso discurso sobre su magnífica bondad, sobre el destino y la nula capacidad de decisión que tenemos las personas. – Ser bueno para mí… Imagino que es… poder hacer lo que quiera… – Bostezó, mientras apoyó ambas manos en el suelo y alzó la mirada al cielo. – ¿Ser un héroe…? – Omitió todo lo dicho anteriormente por el wotan para entrar en este punto. – Eso quién lo quiere… yo prefiero… ser un simplón, mucho más fácil… – Murmuró. – Hay gente como él… – Señala al lunarian, para luego volver a poner la mano en el suelo. – Que igual sí, pero yo no… – Continuó. – La revolución sólo me dio un objetivo… – Pensó para sí mismo. Enma se había dado cuenta de que el wotan no comprendía lo importante que era la revolución, no ya para él, pues esto es algo subjetivo, sino en términos generales y a nivel histórico. La revolución es la liberación de las personas y el wotan buscaba todo lo contrario: apresarlas, quitarles su libertad. Así que, ¿para qué gastar esfuerzos? Justamente eso es lo que Enma más se quería ahorrar. Si la pereza fuese una persona, sería él. Enma.
 
El pelirrojo se levantó de su sitio para dirigirse a donde estaban Bepso y el Lunarian. – Lo admito… soy débil… – Pronunció mientras caminaba hacia ambos. – Y por eso debería rendirme… – Sentenció, en un intento por captar la atención del wotan, mientras ordenaba a los cuervos que se encontraban sobrevolando la plataforma y el barco enemigo que estaba frente a ellos (y unido a la plataforma por unas cadenas), que se introdujeran en la cubierta de éste desde los laterales, donde no pudieran ser vistos. Era el último intento que Enma podía utilizar para poder captar su atención y pensar en algo más. Necesitaba tiempo, pues fuerza no es algo que fuera a conseguir en cuestión de segundos. – Y lo haré… me rendiré… – Dijo mientras se sentaba al lado del cuerpo convaleciente del lunarian y bajaba la cabeza, mirando hacia sus pies y posando sus manos sobre sus rodillas, apretándolas. Los cuervos, por su parte, tenían un solo objetivo: causar alboroto. Pero, antes de esto… los cuervos se transformaron en ratas, ya que Enma no se podía arriesgar a que alguien gritase “¡Cuervos!” y el wotan lo relacionara con él. Así, las tres ratas de prácticamente medio metro que se encontraban en la cubierta comenzaron a correr tirando los barriles, los utensilios de limpieza, los desperdicios y restos de comida que se encontraban en algunos de los laterales y en el centro de la cubierta… Las ratas (antes cuervos), colocadas en el lateral más cercano a la plataforma de madera en la que se encontraba Enma, habían venido a (intentar) causar el caos, en un último intento por captar la atención del wotan. Porque… – ¡Se escapan! ¡Se están escapando todos! – Comenzó a escucharse desde el barco. – ¡Ayuda por favor! – Se continuaba escuchando. Eran las ratas, ubicadas en los laterales del barco pero ocultadas por el estropicio que se había formado. Enma, aunque seguramente no fuese ningún tipo de técnica ingeniosa ni valiese para nada, quiso realizar un último intento para escapar de esa situación. Y pensó que, si creaba el caos en la cubierta de “su” barco, el wotan podría ir. Al escuchar estos gritos, Enma alzó la cabeza y miró hacia el barco, como preguntándose qué estaba pasando, pero sin expresar nada más que… – Me han arruinado… el momento de rendirme… ¿Qué pasa…? – Preguntó mirando hacia Bepso, para luego voltear la cabeza hacia el otro lado. – ¡¡¡Que se escapan!!! – Se volvió a escuchar de fondo. – ¿Una revuelta…? – Preguntó Enma, volviendo a dirigir la mirada hacia Bepso. Aquí el pelirrojo contaba, a su parecer, con una pequeña ventaja: la inocencia de Bepso. Él no sabía nada del plan, por lo que al escuchar estos gritos seguramente se sorprenda y reaccione de forma honesta. Y, ya que el wotan lo había aceptado, se había aliviado por no haberlo matado y, además, Bepso se había rendido... Enma creía contar con la ventaja de que el enemigo creería también en la bondad de Bepso. Al final, todo se resumía a eso, a la suerte.
 
Lo cierto es que no tenían posibilidades reales de luchar. Tampoco de huir. La capacidad de poder de Enma se limitaba a resistir el golpe de un humano promedio, no de un gigante de once metros. Volar tampoco era una opción, porque era difícil sobrevolar aquella torre –también llamada wotan–. Así que lo único que pudo hacer Enma es intentar distraerlo. Pero no pasa nada, porque tiene más planes, aunque no todos tengan un final feliz. Porque el pelirrojo no estaba nada convencido de ser atrapado y convertido en esclavo, por lo que seguramente preferiría ver muertos a quienes quieren ser sus esclavos que permitir que lo sean. En otras palabras… Sí, Enma llegó a pensar en acabar con la vida del joven lunarian y de Bepso. Al fin y al cabo, el primero estaba al borde de la muerte y no tendría ningún problema en rematar su vida. Con respecto a Bepso, podría ser todo mucho más sencillo. “Bepso, ¿te apetece volar en un cuervo? ¡Claro que sí! Genial”… y el cuervo, desafortunadamente, se hundiría. Bepso, de seguro, por haberse convertido en aquella sustancia blanca, era un usuario de una fruta del diablo así que pocos segundos le restarían de vida. ¿Después de eso? Enma tendría que morir o fingir su propia muerte… de alguna manera. Los recursos eran pocos y limitados, pero había que explotar cada uno de ellos al máximo.
 
Después de haber creado ese alboroto, las tres ratas se juntaron y ocultaron en el lateral del barco más cercano a la plataforma, convirtiéndose nuevamente en hollín. Ese hollín... podría seguir siendo útil.
 
Aclaraciones

Akuma no mi

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RE: [EVENTO FIN BETA] Control de Acceso; Parte 2 (Grupo 2) - por Enma - 06-10-2023, 07:47 PM

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