[personajeinvalido=315]
El espíritu de lucha estaba por los aires. Sin ningún tipo de duda, la necesidad de sobrevivir o hacer lo correcto inundó la plataforma de madera.
Así fue como, en mitad de una rivalidad creciente que amenazaba en tensión y broca, nació un ataque acompasado y harmónico. Cada uno iba a su bola, pero todos teníamos claro cual era el objetivo a batir.
Los revos hicieron acopio de un ataque coordinado al milímetro, lo piratas parecían estar analizado la situación con algo de subterfugio y nosotros, Sephi y yo, comenzamos una estrategia para asestar un golpe explosivo al capitán a la vez que descubríamos su debilidad.
No había camaradería, pero el espíritu de lucha se podía sentir en el ambiente. Se podía sentir tanto, que nuestro contrincante no vaciló a la hora de acabar con nosotros.
Antes de que pudiera darme cuenta, pues estaba concentrado apuntando con el rifle, un filamento oscuro impacta en mi cuerpo. Este atina en 3 puntos concretos donde la brea se mantenía en mi ropa: uno en el ombligo, otro a la altura del pezón desviado a la derecha y el tercero un centímetro más abajo de la axila izquierda.
Los 3 puntos se conectan formando un arnés viscoso, del cuál no soy consciente hasta que siento una aceleración inesperada. Mi apuntado se va a hacer puñetas y hazlo los brazos junto al rifle como efecto de la velocidad exagerada del desplazamiento, como en una montaña rusa. Cuando me doy cuenta, estoy sobre el capitán Finn, alzados sobre él y hundido en un lodo negro junto al resto de la plataforma, desde la punta de los pies, hasta la altura de los pectorales. Estoy boca arriba, y me cuesta ver al rededor, pues apenas tengo ningún tipo de maniobra de movimiento.
Éramos un boloncho de moco negro, apelotonados todos, sostenidos en las manos del capitán enemigo.
-Me cago en la...-
Más rápido que el pensamiento, Finn clava el pié en el suelo y desciende el brazo con extrema violencia. El impacto es demencial. Mi caparazón y mi cráneo sufre un golpe contra el suelo, que estalla en astillas levantando toda la madera y dejando al descubierto toda una superficie de metal resistente.
En un segundo... En un mísero movimiento de brazo el capitán había cortado mi estrategia, me había dejado atrapado y había dejado mi mente en jaque. Cuando me quise dar cuenta, no solo seguía pegado en la mugre, sino que podía oír y sentir al resto de integrantes de la plataforma. Todos habíamos sido víctimas del feroz ataque, quebrando la moral de todas las víctimas.
Entonces empezó la destrucción mental de todos. Por un lado al negro gigante alado se le ocurrían ideas de liberarnos, a cambio de quemarnos vivos. En el otro extremo de la balanza, los revolucionarios decidían rendirse para salir vivos de esta. Incluso colaborar con la tripulación pirata para sacar tajada.
En ese momento empecé a estresarme. Fueron 5 segundos llenos de ansiedad y agonía que se convirtieron en 5 años... el lodo consumiendo nuestros cuerpos, con la agonía de una parálisis involuntaria de más de medio cuerpo. Los brazo alzados sin poder bajarlos y apenas poder poder ver correctamente la situación pues estaba panza arriba. El rifle en mis manos, pero sin poder maniobrar con el por su tamaño, mi posición y mi escasa movilidad. Sólo lo podía tener tendido en el suelo sobre mi cabeza, sostenido por mis brazos inmóviles alzados.
La agonía de una muerte prematura se apoderó de mí, pues no solo estaba paralizado en un 90%, sino que, por primera vez, enfrentaba una amenaza real y una experiencia de terror de este calibre. Fin Slingerland... mi primer enemigo... y el autor de mi muerte.
En ese momento, sin hacerlo, solo quería llorar y pedir a una fuerza superior que apareciera mágicamente y me salvara...
Cuando ya lo daba todo por perdido, la pesadilla se hizo más real que nunca. El pirata dedicaba unas amenazas personales a alguien, no se centraba en rematar a su nuevo botín.
Cuando extendí mi tortugoso cuello, aunque fuera boca abajo, lo vi con claridad: Sephiroth había conseguido escapar del ataque y se encontraba a merced de la psicopatía asesina de Fin.
Este se rascaba el cuello. Su risa macabra y sus palabras no eran una broma. Iba a matarlo.
En ese momento se acabó mi shock y de forma instintiva. El miedo a que mi compañero y amigo muriera era más grande que la mayor de las torturas aplicadas en mi.
-¡EHHH EHHH, MOCO DE MIERDA. AQUÍ! ATIÉNDEME A MI CABRON. SOY CAPITÁN DE LA MARINA REPTIL Y EL UN SOLDADO HUMANO. DÉJALO EN PAZ HIJO DE LA GRAN PUTA!-
Empecé a gritar desesperado y golpeando el rifle horizontal contra el duro acero.
¡-PIRATA CON ALAS, SI PUEDES, EXPLOTA ESTO POR LOS AIRES, POR TU PUTA MADRE!-
Empiezo a forcejear, sin éxito, para salir del agarre. Por otros lado, saco la bala del rifle con éxito y la sostengo en mi mano, dejando el rifle descargado.
El miedo de la perdida se apodera de mi, y todo precio es poco por salvar a mi amigo, incluso suplicar a otro pirata.
El espíritu de lucha estaba por los aires. Sin ningún tipo de duda, la necesidad de sobrevivir o hacer lo correcto inundó la plataforma de madera.
Así fue como, en mitad de una rivalidad creciente que amenazaba en tensión y broca, nació un ataque acompasado y harmónico. Cada uno iba a su bola, pero todos teníamos claro cual era el objetivo a batir.
Los revos hicieron acopio de un ataque coordinado al milímetro, lo piratas parecían estar analizado la situación con algo de subterfugio y nosotros, Sephi y yo, comenzamos una estrategia para asestar un golpe explosivo al capitán a la vez que descubríamos su debilidad.
No había camaradería, pero el espíritu de lucha se podía sentir en el ambiente. Se podía sentir tanto, que nuestro contrincante no vaciló a la hora de acabar con nosotros.
Antes de que pudiera darme cuenta, pues estaba concentrado apuntando con el rifle, un filamento oscuro impacta en mi cuerpo. Este atina en 3 puntos concretos donde la brea se mantenía en mi ropa: uno en el ombligo, otro a la altura del pezón desviado a la derecha y el tercero un centímetro más abajo de la axila izquierda.
Los 3 puntos se conectan formando un arnés viscoso, del cuál no soy consciente hasta que siento una aceleración inesperada. Mi apuntado se va a hacer puñetas y hazlo los brazos junto al rifle como efecto de la velocidad exagerada del desplazamiento, como en una montaña rusa. Cuando me doy cuenta, estoy sobre el capitán Finn, alzados sobre él y hundido en un lodo negro junto al resto de la plataforma, desde la punta de los pies, hasta la altura de los pectorales. Estoy boca arriba, y me cuesta ver al rededor, pues apenas tengo ningún tipo de maniobra de movimiento.
Éramos un boloncho de moco negro, apelotonados todos, sostenidos en las manos del capitán enemigo.
-Me cago en la...-
Más rápido que el pensamiento, Finn clava el pié en el suelo y desciende el brazo con extrema violencia. El impacto es demencial. Mi caparazón y mi cráneo sufre un golpe contra el suelo, que estalla en astillas levantando toda la madera y dejando al descubierto toda una superficie de metal resistente.
En un segundo... En un mísero movimiento de brazo el capitán había cortado mi estrategia, me había dejado atrapado y había dejado mi mente en jaque. Cuando me quise dar cuenta, no solo seguía pegado en la mugre, sino que podía oír y sentir al resto de integrantes de la plataforma. Todos habíamos sido víctimas del feroz ataque, quebrando la moral de todas las víctimas.
Entonces empezó la destrucción mental de todos. Por un lado al negro gigante alado se le ocurrían ideas de liberarnos, a cambio de quemarnos vivos. En el otro extremo de la balanza, los revolucionarios decidían rendirse para salir vivos de esta. Incluso colaborar con la tripulación pirata para sacar tajada.
En ese momento empecé a estresarme. Fueron 5 segundos llenos de ansiedad y agonía que se convirtieron en 5 años... el lodo consumiendo nuestros cuerpos, con la agonía de una parálisis involuntaria de más de medio cuerpo. Los brazo alzados sin poder bajarlos y apenas poder poder ver correctamente la situación pues estaba panza arriba. El rifle en mis manos, pero sin poder maniobrar con el por su tamaño, mi posición y mi escasa movilidad. Sólo lo podía tener tendido en el suelo sobre mi cabeza, sostenido por mis brazos inmóviles alzados.
La agonía de una muerte prematura se apoderó de mí, pues no solo estaba paralizado en un 90%, sino que, por primera vez, enfrentaba una amenaza real y una experiencia de terror de este calibre. Fin Slingerland... mi primer enemigo... y el autor de mi muerte.
En ese momento, sin hacerlo, solo quería llorar y pedir a una fuerza superior que apareciera mágicamente y me salvara...
Cuando ya lo daba todo por perdido, la pesadilla se hizo más real que nunca. El pirata dedicaba unas amenazas personales a alguien, no se centraba en rematar a su nuevo botín.
Cuando extendí mi tortugoso cuello, aunque fuera boca abajo, lo vi con claridad: Sephiroth había conseguido escapar del ataque y se encontraba a merced de la psicopatía asesina de Fin.
Este se rascaba el cuello. Su risa macabra y sus palabras no eran una broma. Iba a matarlo.
En ese momento se acabó mi shock y de forma instintiva. El miedo a que mi compañero y amigo muriera era más grande que la mayor de las torturas aplicadas en mi.
-¡EHHH EHHH, MOCO DE MIERDA. AQUÍ! ATIÉNDEME A MI CABRON. SOY CAPITÁN DE LA MARINA REPTIL Y EL UN SOLDADO HUMANO. DÉJALO EN PAZ HIJO DE LA GRAN PUTA!-
Empecé a gritar desesperado y golpeando el rifle horizontal contra el duro acero.
¡-PIRATA CON ALAS, SI PUEDES, EXPLOTA ESTO POR LOS AIRES, POR TU PUTA MADRE!-
Empiezo a forcejear, sin éxito, para salir del agarre. Por otros lado, saco la bala del rifle con éxito y la sostengo en mi mano, dejando el rifle descargado.
El miedo de la perdida se apodera de mi, y todo precio es poco por salvar a mi amigo, incluso suplicar a otro pirata.
Aclaraciones
