25-10-2025, 10:16 PM
[personajeinvalido=2283]
30 de Otoño. Año 16.
Flash Back.
Antes de la catástrofe.
Antes de la catástrofe.
—Esta es una mala noche para viajar —. Y ese pensamiento no podría ser apaciguado ni siquiera por la cantarina voz de María Merlot quien, como siempre, con su batería infinita para conversar, le detallaba los carteles de “se busca” como si fuera una madre orgullosa mostrando las fotografías de sus hijos, mientras que él cumplía el papel de un visitante que mira esas fotos con curiosidad, incluso se detuvo en algunas más tiempo que en otras, como en la de una mujer de cabello verde y cara quemada a quien la sirena llamó “Unnie”.
—¿Unnie? Ahí dice que se llama Maki…Ma-ki —. Repitió con lentitud, como si el pronunciar el nombre de esa manera fuera más un recordatorio para él que para la peliceleste.
Y hasta aquí llegó la calma.
En algún momento, cuando frente a sus ojos apareció aquella corriente imposible, tomó la mano de Merlot, un gesto que buscaba calmarlo más a él que a ella y después…después se arrepintió de haberla soltado.
***
Flash Back.
Durante la catástrofe.
Durante la catástrofe.
No recordaba haberse sujetado antes con tanta fuerza de algo o de alguien, mejor dicho, pues sus manos se aferraron a la basta del pantalón del coloso pelirrojo desde el momento en que las leyes de la física dejaron de funcionar y el barco, como si fuera un imán, era atraído corriente arriba. Su proa apuntando al cielo tormentoso, como si lo retara a mandarle lo mejor que tenía.
Desgraciados humanos que se atreven a desafiar a la naturaleza.
El agua, tan salvaje y furiosa, durante la subida se encargaba de empapar la ropa de los viajeros; el viento silbaba con ganas con cada metro de avance y el cielo brillaba con el fulgor de los relámpagos que se volvieron más furiosos. Si tan solo esa hubiera sido la menor de sus preocupaciones, porque sobrevivir a la subida de tal corriente solo era el inicio de algo peor.
Un respiro aliviado salió de su boca cuando llegaron a la cima de los Cabos Gemelos. Un respiro que fue el último antes de contener el aliento al ver el cielo iluminado por completo por un rayo que, en lugar de quedarse allá arriba en su dominio, decidió bajar a saludar a la cubierta del barco.
El doctor aferró con fuerza su maleta con insumos médicos a su espalda y luego, él se aferró aún con más fuerza a la basta del pantalón de Thrym, tanta que sintió que en cualquier momento desgarraría la ropa y, no conforme con eso, el miedo lo paralizó por un instante, obligándolo a casi hacerse bolita —sin soltar al gigante — para evitar la cantidad de cajas que podrían llegar a impactarlo. Su respiración cada vez resultaba más agitada, más inconsistente y sus dientes, que en algún momento empezó a presionar con fuerza sobre la carne del interior de su boca, empezaron a sacarle sangre, sintió el sabor metálico, sí, pero eso no detuvo la mordida que buscaba “calmarlo”.
Entonces, su nombre gritado por alguien más lo sacó de su trace, lo hizo alzar la mirada el tiempo suficiente para ver al pelinegro mafioso con el que tenía negocios tropezar con alguien. Su instinto habría sido, en otro momento, levantarse para ayudarlo, pero el ir y venir de las cajas y demás objetos contundentes era demasiado evidente como para sacarlo de su parálisis.
—¡HEY, ONIZUKA! —Aún así, en un intento de “valentía”, soltó una de sus manos, extendiéndola para que el hombre pudiera sujetarse, pero, fue muy tarde, pues lo siguiente que vio fue que salió volando, al igual que muchas de los otros viajeros que no tenían ni la fuerza ni la resistencia para sostenerse de algo o alguien.
Su mente empezó a trabajar rápido, intentaba encontrar una salida, una respuesta que pudiera darles un aterrizaje seguro, pero ¿De qué serviría? No era navegante ni timonel, nunca podría serlo y, además, ese barco no es suyo, no lo controlan sus compañeros, además, apenas y podía moverse y, aún así, otra voz conocida, esta vez una voz femenina, lo hizo entrar en razón por unos segundos.
—¡Merlot! Sujétate, no te atrevas a soltarte —Su mano tomó la de la chica, por suerte ella estaba más cerca que el pelinegro. La sujetó con fuerza, incluso intentó atraerla hacia él, pero los hilos de su destino son comandados por un dios caprichoso que, para su diversión, no permite que nada salga como él lo desea. —¡MERLOT!
El nombre de la sirena fue lo único que alcanzó a pronunciar antes de que sus dedos empezaran a resbalarse de los de ella y, además, una caja descontrolada volara hacia él, haciendo que se agachara por inercia y, por lo tanto, que su agarre se hiciera tan débil para que la peliceleste saliera volando.
Contuvo el aliento, sus ojos amarillos siguieron el cuerpo de la mujer que se elevaba como una hoja con el viento. ¿Qué podía hacer él? Nada…no pudo hacer nada, ni siquiera pudo moverse. Este es el peor naufragio en el que ha estado.
Al menos le quedaban tres personas más ¿No?
Miró a su alrededor para localizar a la mujer enorme (Odeth), pero no hubo rastro de ella, al único que vio fue al capitán de su tripulación, cerca, muy cerca, pero, cuando se dispuso a abrir la boca para advertirle que se acercara más, para permanecer juntos, el barco descendió por completo y lo siguiente que sintió fue el choque de la madera contra algo que… ¿Por qué estaba ahí para empezar? No fue capaz de sostenerse más.
Sus fuerzas se desvanecieron, sintió que sus brazos cayeron a sus lados al mismo tiempo que el impacto lo hizo soltarse de Thrym y salir disparado a algún sitio desconocido. Cerró sus ojos, sintió el aire cortar su piel y salpicaduras de agua bañarlo. Esperó al impacto contra el océano, frío, furioso, pero este no llegó. No como esperaba.
***
Actualidad.
La mochila que antes se amarró bien a la espalda le sirvió de “colchón” al estrellarse contra un suelo duro, frío y demasiado liso como para ser una formación natural. Abrió sus ojos, solo para encontrarse con una oscuridad rota solo por los sonidos de algo o alguien más cayendo. Su boca se abrió para tomar aire, una buena bocanada, ayudándose a comprobar que, contrario a lo que creyó cuando salió volando, no terminó en el mar, entonces… ¿Dónde? De verdad que quería averiguarlo, pero tampoco quería levantarse.
Se quedó en su lugar, quieto, dejando que el dolor en sus músculos disminuyera poco a poco, pero lo cierto es que no estaba funcionando como lo imaginaba. El palpitar en su sien martillaba su cabeza con un dolor constante, el sabor metálico de su boca llenaba sus papilas gustativas y su ropa mojada, pegada a su cuerpo, empezaba a hacerlo consciente del frío del lugar. Tembló primero una vez y luego varias más, una sensación que lo hizo dejar de “mirar” hacia arriba y lo obligó a sentarse de golpe, resintiendo aún más la tensión en sus músculos y el golpe de la caída.
Se abrazó a sí mismo y miró hacia los lados… ¿Qué era ese lugar? Tuvo que volver a tomar otra buena bocanada de aire para al fin decidirse a ponerse de pie y apoyarse en una de las paredes cercanas, una tan lisa y pulcra como el suelo, al menos al tacto, parecía artificial…sí…eso era más que claro.
—¿Morí? ¿El más allá es tan artificial? —Caminó un par de metros, aun apoyado en la pared. —¿O la marina me capturó? ¿Estuve dormido? ¿Fue un sueño? —Eran pensamientos que se habría guardado para él si no tuviera la mala costumbre de pensar en voz alta de vez en cuando. —Pero… ¿Y el resto? —Cayó en cuenta entonces de la verdadera gravedad del asunto, no era que no sabía donde estaba, si no que no escuchaba a sus compañeros. De repente la imagen de Merlot saliendo disparada del barco llegó a su mente y, para su sorpresa, un nudo de malestar empezó a formarse en su estómago. Debía ser una broma.
Sacudió su cabeza, volvió a cerrar sus ojos y, para cuando los abrió, una llamarada de fuego provenía de un punto en la distancia, brindándole luz para guiarse más o menos bien… ¿Quién lo provocaba? ¿Alguno de sus compañeros? Esperaba que sí, aunque seguido de la llamarada vino una voz, una que no le recordaba en nada a la de su capitán, pero…quiso creer que era cosa de su mente, que luego de la caída estaba escuchando mal.
A la voz masculina le siguió una femenina… ¿Merlot? No, tampoco sonaba como Merlot, estaba sonaba más tranquila, pero, de nuevo, tal vez era cosa de su mente.
—¡MERLOT! —No perdía nada con llamarla a gritos. —¡ASHVEIL! —Y si ella no respondía, seguro que lo haría su capitán, pero no, ninguno de los dos respondió y, además, la voz femenina llamaba nombres que él nunca había escuchado —o quizá sí, pero no los recordaba—, de todos modos, eso no detuvo su andar, si no eran sus compañeros igual eran personas, igual podía trabajar con ellos para encontrar una salida de ese sitio, fuera lo que fuera, al menos no tuvo que buscar mucho, pues alguien corrió directo hacia él.
—¿Ma…k…? —Merlot le recordó su nombre antes en el periódico, pero de nuevo, se le escapó como agua de las manos. —¿El Full House? No…nosotros…no sé…estábamos en un barco…tenía otro nombre, el…el Meteor…un rayo cayó y…no sé…no sé dónde está Merlot, ni Ashveil…tu… ¿Qué hay de ti? —Si ella lo reconocía, no era buen momento para decir que su única memoria de ella era la foto del cartel, así que decidió seguirle el juego.
Se dejó arrastrar por la peliverde, acercándose pronto a un grupo de tres personas que nunca había visto en su vida. Un grupo peculiar, pues uno era demasiado grande y otra demasiado pequeña, la única que le parecía normal era una mujer con los ojos cerrados.
—¡Hey! ¡Ustedes! ¿están bien? —Quiso preguntarles como llegaron ahí, pero Maki se le adelantó, presentándolo antes de que él mismo pudiera hacerlo.
—Sí, eso, soy Cherry, solo Cherry, mucho gusto —No diría su verdadero nombre luego de leerlo en el periódico con una recompensa. —Puedo preguntarles ¿Cómo llegaron aquí? ¿Saben qué es este sitio? —Solo bastaba ver sus ropas para saber que estaban tan empapados como él, así que tal vez estaban en la misma situación, pero…no perdía nada con preguntar. —Es extraño… ¿Alguien más ha notado que las paredes parecen…artificiales? Es como si esto estuviera construido a propósito para atrapar personas…parece…una jaula de roca —. Miró a su alrededor, lo más que podía permitirse y volvió a tocar una pared cercana… ¿De qué le servía saber eso? Estaban atrapados, era todo lo que importaba, chasqueó la lengua, enojado consigo mismo, por la situación en general.
—Como sea, la señorita tiene razón…deberíamos empezar a buscar un modo de salir de aquí… ¿Han visto a alguien más en este lugar? —Volvía a mirar a su alrededor, pero no lograba divisar más vida que la de ellos. —Aunque…si somos los únicos…eso simplifica las cosas, no se quienes sean, pero… ¿Aceptarían trabajar con nosotros para salir de aquí? —Señaló a la peliverde y a él mismo. No confiaba en nadie, pero tampoco es que tuviera más opción.
Resumen
Karmas usados
