[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 6]
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[personajeinvalido=2283]

¿Conocen esos días en los que el universo entero parece gritarte “don't do it”, y aun así tú sientes en el pecho que es justo el momento, darling? Bueno, este es uno de esos días. Porque, aunque el cielo haya decidido esconder su brillo, negándonos la bendición de la luna como una madre temerosa que no deja salir a sus hijos de noche… yo sé que hoy es el día perfecto para zarpar. El mejor de todos, honey. Porque si el mundo intenta detenerme, es señal de que el espectáculo será inolvidable.

Zarpamos detrás de aquellos barcos del gobierno que prometían a mas de uno llevarlos a una supuesta libertad autoimpuesta, claro, era lo que decían y por mi no era problema, mientras no tengamos la necesidad de juntarnos para nada y el plan principal era separarse de ese navío inmediatamente llegásemos al grand line. Todos tenían sus órdenes, sabían exactamente qué hacer y el viaje no fue respectivamente largo.

Vi los barcos elevarse, honey, desafiando toda ley conocida, como si la lógica hubiera decidido tomarse un descanso y la gravedad se rindiera ante el espectáculo. El aire vibraba, el mar rugía celoso, y aun así, el Crimson Stage se deslizó con elegancia entre lo imposible. Bastó un giro firme del timón, un suspiro del destino, y nuestro barco, mi amado escenario, comenzó a ascender, majestuoso, como si siempre hubiera pertenecido al cielo.

No pasó demasiado tiempo, honey, para que el caos decidiera subir a bordo sin invitación, because when the world denies you something, taking it by force means losing something in return. Un rayo cayó del cielo sin arte, sin drama, sin siquiera una nota musical que lo redimiera, directo sobre el primer barco. De inmediato, un sinfín de cajas volaron como si el mismo infierno hubiera estornudado. Y cuando digo que volaron hacia todos lados, cariño, me refiero a todos. Los barcos que ascendíamos al mismo compás comenzamos a recibir aquella lluvia de desastres, y el Crimson Stage no fue la excepción. Cajas estallaban contra la cubierta, rompían cuerdas, lámparas, y el pánico se propagaba más rápido que una canción pegajosa. —¡CUBRAN A GWENDOLYN, RÁPIDO! —grité con toda la fuerza que me quedaba, aunque sabía que mis palabras se perdían entre truenos y gritos. Aun así, mis manos no soltaban el timón. Si el cielo quería convertir nuestra función en tragedia, entonces yo sería el director que la llevaría hasta el final.

Una de esas malditas cajas impactó directo contra el timón, y en un segundo, honey, todo se vino abajo literalmente. Salí volando por los aires, pero no como me gusta a mí, no con control, ritmo y luces doradas… sino como un muñeco arrastrado por el viento. El escenario, mi amado Crimson Stage, se alejaba entre destellos y gritos. Alcancé a ver a mi tripulación, mi familia, todos corriendo, luchando contra el desastre que yo debía haber controlado. —¡MALDICIÓN, MALDICIÓN, MALDICIÓN, ROSSE, HAZ ALGO, HAZ ALGO!— me repetía, entre el pánico y la rabia, con el corazón hecho trizas. El miedo me mordía el alma; no por mí, darling, sino por ellos. Por todo lo que habíamos construido, por cada sueño que aún no habíamos vivido. —¡POR FAVOR, NO MUEEEEERAAAAAAN!— fue lo último que logré gritar antes de que la oscuridad me abrazara en pleno aire. La caída de los Cabos Gemelos no fue solo una caída… fue una maldita tragedia, la más cruel de todas, y quizás, la última función del Cabaret.


Creí que aquel sería mi final, honey, pensé que el telón se cerraría para siempre. Pero en vez del mar frío y salado, fue la piedra la que me recibió, dura, áspera, y con el tacto de una maldita pesadilla. El golpe me arrancó el aire del cuerpo, y por unos segundos, todo fue ruido y oscuridad. Cuando al fin logré abrir los ojos, el mundo giraba como si hubiera bebido tres botellas de vino barato sin comer antes. —Oh shit ¿qué diablos es esto?— murmuré, con la voz rota, mientras mis dedos temblorosos tocaban el suelo, la pared, roca sólida. No mar, no madera, no escenario. ¿Dónde demonios habían caído?

Intenté ordenar mis pensamientos, pero el dolor de cabeza era insoportable. Todo giraba. El eco de mi respiración llenaba el silencio, y el pecho comenzó a oprimirse. —¿Varo? ¿Dónde estás? ¿Bebí demasiado durante el viaje?— pregunté a la nada, intentando convencerme de que aquello era solo otra resaca gloriosa. Pero no lo era. Lo supe cuando la oscuridad empezó a apretarme como un abrazo de pesadilla. El aire se sentía denso, la piedra se cerraba sobre mí y los recuerdos comenzaron a filtrarse, crueles y vívidos. El encierro, el sótano, las voces, la sangre caliente corriendo por el suelo de mi infancia.

Comencé a hiperventilar, darling, sin poder controlarlo. Mis uñas se clavaban en la roca, mis ojos buscaban luz donde no la había. —¡VARO! ¡MERCEDES! ¡GIYUU!— grité, con la voz quebrada, esperando una respuesta, un sonido, una risa, lo que fuera, pero lo único que regresó fue el eco, burlándose de mí.

Me obligué a mantenerme de pie, tambaleante, y fue entonces cuando vi algo, eran siluetas de cuerpos. ¿Eran ellos? ¿Mis estrellas? ¿Mi familia? La esperanza me atravesó el pecho como un rayo. —¡ALANA! ¡EROS! ¡GWEN! ¿ME ESTÁN JUGANDO UNA BROMA?— mi voz resonó con una mezcla de histeria y súplica.

No veía bien, todo estaba borroso, pero el miedo se apoderó de cada fibra de mí. El corazón me latía tan fuerte que podía escucharlo en mis oídos. Mi mano buscó instintivamente mi guadaña, aferrándose a ella como si fuera lo único real que me quedaba y el pánico, la oscuridad y los recuerdos se mezclaban en un torbellino infernal y por primera vez en mucho tiempo, honey, sentí verdadero terror. No por morir, sino por haber sobrevivido solo.

Comencé a enfocar la vista, darling, y lo que vi me heló la sangre. Esos cuerpos, esas figuras, no eran mis estrellas. No eran ellos. No eran mi familia, ni mis amores, ni las almas por las que estaría dispuesto a morir en el escenario o en el infierno. Eran extraños. Sombras sin rostro que respiraban el mismo aire que yo, pero no el mismo fuego. El pánico me subió por la garganta, un miedo seco, violento, que me hizo tambalear.

Entonces lo vi, un chico. Había despertado antes que los demás y murmuraba algo con otro, como si entendiera lo que estaba pasando. Me arrastré hacia él, aún tambaleante, con la desesperación pintada en cada paso. —Tú, el amigo de Owen, ¿dónde está Gwendolyn? ¿Dónde estamos nosotros?— pregunté con la voz quebrada, casi suplicando una respuesta que me devolviera el suelo bajo los pies.

Apoyé una mano en la pared más cercana para estabilizarme, y entonces lo noté. No era piedra común. No era roca natural. Era fría, pulida, con un tacto que me recordó al mármol mezclado con algo metálico. —Esta roca es rara— dije en voz alta, golpeándola suavemente con los nudillos —No es normal, honey. Es artificial. ¿Quién diablos crearía un lugar así?—

Mi respiración seguía agitada, mis ojos saltaban de un rostro a otro, buscando entre los desconocidos algún atisbo de mis estrellas. Pero nada. Ni una risa, ni una mirada, ni una voz familiar. Solo ese silencio denso, inquietante, que parecía burlarse de mí. Y en ese instante lo supe, algo o alguien nos había arrancado del mundo y el espectáculo apenas comenzaba.

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 6] - por Rosse Bellecour - 24-10-2025, 08:05 PM

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