20-10-2025, 07:32 AM
Somo’ igualito’
montañas de isla karate, Dia 16 de Otoño, año 16.
![[Imagen: YE6dxknw_o.png]](https://images2.imgbox.com/c2/8b/YE6dxknw_o.png)
No había forma correcta de responder y replicar. Pues, aunque no me gustara conceder la razón en temas que implicaran algo negativo sobre mí mismo tampoco recordaba la ultima vez que visitaba, por decirlo en lineas generales, a quien era mi verdadero abuelo, por lo qué debo haber tomado un momento casi imperceptible para reflexionar exhalando aire de la nariz mientras tan solo le asentía, haciendo una mueca de disgusto con la boca qué aunque no era una palabra llegaba a transmitir en cierta medida la inquietud, la duda y todo pensamiento alejado, evidente como una hoja de papel.
Más todavía llegue a pensar en la figura menos erguida del yayo.
No con lastima sino por todavía lleno de curiosidad hacia su vida.
-Buah, tonterías: el dinero fue hecho para gastarse ¿no es así?- replicaría, habiendo decidido ignorar temporalmente cualquier prejuicio hacia mi propio carácter como nieto mientras mostré seguridad, ¿o quizá tan solo un vestigio de mi inmadurez? no importaba, porque sin importar como lo pensaras igual de todas formas trataba como sí conociera de toda la vida al abuelo a pesar de mi mala boca, era una expresión propia de confianza y cercanía, un salvajismo, fuera de orden, etiqueta y todavía con ello demostrando una descarada atención y cuidado arraigados en irracional carácter protector.
Así recosté mi espalda y le di la espalda a este hombre lunarian.
Tan cerca y tan distante que es difícil medir el tipo de confianza.
Aunque, por supuesto, de todas maneras había actuado obedientemente a la indicación inclusive cuando persistía en su propio sentido individualista, para así escuchar con atención a la distancia, percatándome prontamente de pisadas más allá de los monjes que cargaban de los sacos de arroz con pasos entremezclados en risas y comentarios, mucho más allá de las aguas en donde todavía hasta estas horas habrían pasos deslizandose con dificultad en las aguas donde sembraban arroz, aproximadamente más allá de todos los campos por donde debían estar los dojos de numerosas disciplinas menores o quizá una de las 3 principales de la isla, ¿tal vez era eso? quizás y si era eso.
No es como qué muchas personas vinieran a la isla por turismo.
Así que supuse que el abuelo vino en saludar su familia marcial.
-Ah, no. No he venido aquí para aprender karate gyojin, hasshoken u okama kempo.- respondería, brindando un simple ademan a manera de rectificación mientras que inevitablemente encontraba graciosa la idea de imaginarme a mí mismo en aquella postura de discípulo como nunca fui capaz, después de todo mi carácter era demasiado arrogante, estaba seguro de que podía aprender casi cualquier cosa sin necesidad de copiar la manera de moverse de otros y era consciente de lo obvio, probablemente todos los lunarian habían aprendido un estilo de combate físico, como hasshoken.
-¿Y qué me trajo hasta aquí? un coño, uno moreno, rosado y albino, definitivamente es un buen coño y a diferencia de muchas otras mujeres le gusta viajar, perfecto para un navegante ¿sabes?- razone con una vulgaridad sorprendentemente analítica que tal vez y quizá pudo haberse oído de manera irrespetuosa hasta qué auténticamente sonaba como franqueza machista y casi sexista, entonces inevitablemente acabe riendo por lo bajo con una tonada que sonaba como Xiexiexie mientras que finalmente acababa por deslizar mi postura hasta abajo y sentarme, a sus espaldas.
Más todavía llegue a pensar en la figura menos erguida del yayo.
No con lastima sino por todavía lleno de curiosidad hacia su vida.
-Buah, tonterías: el dinero fue hecho para gastarse ¿no es así?- replicaría, habiendo decidido ignorar temporalmente cualquier prejuicio hacia mi propio carácter como nieto mientras mostré seguridad, ¿o quizá tan solo un vestigio de mi inmadurez? no importaba, porque sin importar como lo pensaras igual de todas formas trataba como sí conociera de toda la vida al abuelo a pesar de mi mala boca, era una expresión propia de confianza y cercanía, un salvajismo, fuera de orden, etiqueta y todavía con ello demostrando una descarada atención y cuidado arraigados en irracional carácter protector.
Así recosté mi espalda y le di la espalda a este hombre lunarian.
Tan cerca y tan distante que es difícil medir el tipo de confianza.
Aunque, por supuesto, de todas maneras había actuado obedientemente a la indicación inclusive cuando persistía en su propio sentido individualista, para así escuchar con atención a la distancia, percatándome prontamente de pisadas más allá de los monjes que cargaban de los sacos de arroz con pasos entremezclados en risas y comentarios, mucho más allá de las aguas en donde todavía hasta estas horas habrían pasos deslizandose con dificultad en las aguas donde sembraban arroz, aproximadamente más allá de todos los campos por donde debían estar los dojos de numerosas disciplinas menores o quizá una de las 3 principales de la isla, ¿tal vez era eso? quizás y si era eso.
No es como qué muchas personas vinieran a la isla por turismo.
Así que supuse que el abuelo vino en saludar su familia marcial.
-Ah, no. No he venido aquí para aprender karate gyojin, hasshoken u okama kempo.- respondería, brindando un simple ademan a manera de rectificación mientras que inevitablemente encontraba graciosa la idea de imaginarme a mí mismo en aquella postura de discípulo como nunca fui capaz, después de todo mi carácter era demasiado arrogante, estaba seguro de que podía aprender casi cualquier cosa sin necesidad de copiar la manera de moverse de otros y era consciente de lo obvio, probablemente todos los lunarian habían aprendido un estilo de combate físico, como hasshoken.
-¿Y qué me trajo hasta aquí? un coño, uno moreno, rosado y albino, definitivamente es un buen coño y a diferencia de muchas otras mujeres le gusta viajar, perfecto para un navegante ¿sabes?- razone con una vulgaridad sorprendentemente analítica que tal vez y quizá pudo haberse oído de manera irrespetuosa hasta qué auténticamente sonaba como franqueza machista y casi sexista, entonces inevitablemente acabe riendo por lo bajo con una tonada que sonaba como Xiexiexie mientras que finalmente acababa por deslizar mi postura hasta abajo y sentarme, a sus espaldas.
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