12-10-2025, 09:32 PM
(Última modificación: 12-10-2025, 09:36 PM por Max D. Bambú.)
Su ofensiva había resultado efectiva. La mano de Bambú impactó con su palma directamente en la cara de Jamonada, destruyendo la taza de té que se estaba bebiendo y desparramando parte de su contenido por el suelo. No todo se había perdido, pero tampoco todo se había bebido. Tras el impacto, el brillante panda eléctrico pudo notar en su mano la dureza de su objetivo. Su piel parecía estar hecha de cemento, porque había resistido su ataque con total entereza. Fue entonces cuando el comandante se lanzó a por el enemigo, sin embargo Jamonada estaba preparado. Demostrando que el ataque del panda no había sido gran cosa, reaccionó perfectamente al ataque de Kisuke y le propinó una punzada con su enorme lanza antes de que este siquiera pudiera llevar a cabo su ofensiva. —¡Comandante! —Vociferó ante el despropósito que estaba viendo. El capitán no sólo había resistido su ataque, sino que además, haciendo gala de una osadía sin parangón, se había atrevido a atacar a un comandante de la revolución. Nottingham aprovechó el momento para guardar la lanza con la que le había pegado y sacar otra más pequeña, que sostuvo con el pulgar y el índice como su fuera una suerte de palillo. Acto seguido, retrocedió seis metros quedándose a nueve de ambos revolucionarios mientras el comandante luchaba contra el dolor de las heridas recibidas.
La expresión que compuso Bambú fue de rabia absoluta, pero el revolucionario no se caracterizaba por actuar llevándose por la ira. —Pagarás por esto, Jamonada. —Sabía que no le gustaba ese apodo. Con el comandante herido y sangrando, lo lógico sería ir ahora a por el panda. —No puedo aplastar a este malnacido con el haoshoku, puede que le de a Kisuke... —La idea cruzó su mente, pero tendría que esperar a un momento más adecuado. Ni siquiera sabía qué efectos tendría su aura sobre los presentes. Había entrenado duro, pero tanto Kisuke como Nottingham eran excepcionalmente fuertes.
En cuanto Kisuke se recompuso del dolor de sus heridas y parecía listo para la acción, Don Bambú percibió en su aura sus intenciones hostiles. Se preparó, dejando que Kisuke se alejase, para atacar al mismo tiempo que él y así impedir que Jamonada se centrase en él para defenderse como acababa de hacerlo. En cuanto el samurái se colocó a cuatro metros del capitán y se dispuso a atacarle, Don Bambú se lanzó hacia delante a una velocidad incluso más elevada de lo normal, extendiendo ambos brazos hacia los lados y doblando ligeramente los dedos para apuntar con sus garras al enemigo. Ambas manos se tiñeron de negro según el panda avanzaba y en el mismo instante en el que el ataque de Kisuke sucedería, desde una distancia de metro y medio, Don Bambú lanzó dos zarpazos de nuevo hacia la cara del capitán. En esta ocasión, no se alejó después del ataque, invitando al capitán a centrarse en el animal y no en el espadachín.
La expresión que compuso Bambú fue de rabia absoluta, pero el revolucionario no se caracterizaba por actuar llevándose por la ira. —Pagarás por esto, Jamonada. —Sabía que no le gustaba ese apodo. Con el comandante herido y sangrando, lo lógico sería ir ahora a por el panda. —No puedo aplastar a este malnacido con el haoshoku, puede que le de a Kisuke... —La idea cruzó su mente, pero tendría que esperar a un momento más adecuado. Ni siquiera sabía qué efectos tendría su aura sobre los presentes. Había entrenado duro, pero tanto Kisuke como Nottingham eran excepcionalmente fuertes.
En cuanto Kisuke se recompuso del dolor de sus heridas y parecía listo para la acción, Don Bambú percibió en su aura sus intenciones hostiles. Se preparó, dejando que Kisuke se alejase, para atacar al mismo tiempo que él y así impedir que Jamonada se centrase en él para defenderse como acababa de hacerlo. En cuanto el samurái se colocó a cuatro metros del capitán y se dispuso a atacarle, Don Bambú se lanzó hacia delante a una velocidad incluso más elevada de lo normal, extendiendo ambos brazos hacia los lados y doblando ligeramente los dedos para apuntar con sus garras al enemigo. Ambas manos se tiñeron de negro según el panda avanzaba y en el mismo instante en el que el ataque de Kisuke sucedería, desde una distancia de metro y medio, Don Bambú lanzó dos zarpazos de nuevo hacia la cara del capitán. En esta ocasión, no se alejó después del ataque, invitando al capitán a centrarse en el animal y no en el espadachín.
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