01-10-2023, 12:13 PM
Y, de pronto, todo se vino abajo. De forma literal. Tras los estruendos de las campanas y los sonidos metálicos de las cadenas que sujetaron y conectaron la plataforma al barco que había enfrente, faltaba un último elemento que le daría sentido a toda aquella situación. La última pieza del puzzle. Aunque el oleaje no parecía muy fuerte ni descontrolado, la balsa de madera comenzó a temblar y agitarse de forma extraña, llevando los cuerpos de las tres personas que estaban allí erguidas al suelo debido a la fuerza gravitatoria de aquellos azotes. – Ouch... – Murmuró Enma mientras intentaba mantener el equilibrio en el suelo para, posteriormente, ponerse una vez más en pie. Y, de pronto, ahí estaba. La fuerza sobrenatural que había hecho tambalear la plataforma tenía una respuesta y, probablemente, un nombre: un imponente ser (aparentemente gyojin, pero en versión gigante) emergió de las profundidades del mar y se postró ante ellos con un tono bastante condescendiente, pero no muy amenazante. ¿Cuántos metros mediría? Era enorme, con una tonalidad de piel de color azul que indicaba su linaje marítimo, y unas vestimentas que, para qué negarlo, eran bastante vistosas.
Enma no salía de su asombro y tampoco fue capaz de articular palabra en aquel momento. Primero, quería analizar la situación y comprender qué es lo estaba sucediendo, aunque ver que aquel ser no dejaba de repetir una misma verborrea sobre ser sus ‘esclavos’ le daba al pelirrojo una idea de qué podría suceder y del objetivo principal de todos aquellos barcos que se postraron ante ellos. Esto le recordaba, inevitablemente, a su infancia, cuando precisamente un grupo de piratas atacó su villa para esclavizar a toda la población. Esta historia, aparentemente, podría volver a repetirse. Pero desde luego que Enma no era el mismo, y tampoco tenía pensado que el destino lo llevara al mismo punto del que venía. Todo aquello había quedado atrás y la historia de esclavitud y dictadura vivida era un capítulo completamente cerrado que no se podía repetir.
Todavía inmerso en sus pensamientos, vio como Bepso realizaba las introducciones pertinentes y se dirigía, con su característico tono pacifista, al nuevo potencial enemigo. Nos presentó e intentó tender la mano al extraño, en un intento por no provocar un conflicto que podría ser innecesario e, incluso, contraproducente para ellos. Lo cierto es que a Enma esta estrategia le resultó muy inteligente y, aunque pensaba que Bepso no la había meditado suficiente, sino que se debía a su carácter innato –por lo poco que le conocía–, decidió seguir sus mismos pasos. – Bueno... Encantado, imagino que hay que decir... – Suspira. – Siempre hay que presentarse... – Continúa. – Y, como dice nuestro amigo... lo mejor es ser amigos... ¿no? Lo de ser esclavos... ya no se lleva. – Sentenció, mientras colocaba nuevamente sus tiritas por el rostro, que le habían caído después de haberse caído en la plataforma. Miró hacia Bepso, que se había acercado demasiado, a su parecer, al posible enemigo, y se preocupó por él a pesar de no conocerlo. Pero no tenía maldad, carecía de ella, así que intentó apaciguar la situación de alguna manera, mientras se alejaba del borde de la plataforma con cada palabra. – ¿Qué te parece...? Somos un grupo... agradable... – Dijo, mientras dirigía su mirada al lunarian, que podría ser el que más inconvenientes pusiera a esta estratagema.
Y, de hecho, así fue. Rápidamente, Enma se arrepintió de sus palabras. En un tono bastante colérico, parece que buscó defenderse del gigante gyojin que se encontraba frente a ellos, expresando que ‘eran una presa que no seréis capaces de cazar’. Pero, ¿era así? Este evidente enfado pareció ser puntual, ya que el joven alado se mostró más cooperativo segundos después, aunque en un tono que tampoco era muy pacífico. – Vaya… – Murmuró mirando hacia él. – Desde luego que alguien tienes problemas de gestión emocional… – Murmuró. – Lo cierto es que no sabemos qué pasa y… estaría bien comer… ¿no? Tengo hambre… – Expresó mientras ponía una de sus manos en el estómago y se alejaba de los bordes de la plataforma. – A él... Puedes obviarlo... – Sentenció entre bostezos, mientras dirigía su dedo índice de la mano derecha al lunarian. – ¿Fue tu banda... la que nos dividió casualmente así...? – Preguntó, curioso. Tampoco podía mentir u ocultar que todo aquello le producía intriga. Volvió a posar la mano sobre su estómago, que emitió algún que otro rugido.
No iba a ser fácil. Es verdad que, aunque su apariencia fuera agresiva e incluso grotesca, su tono de voz no le hacía justicia a esta descripción. De hecho, parecía bastante pacífico y esto podría jugar a su favor. Pero las cartas estaban todavía sobre la mesa y, ahora mismo... todo podía pasar. Cualquier cosa.
Aclaraciones
