Aquello sí era vida. El viento azotando mi cara, mi pelo oscuro revuelto y un montón de mercancía nueva entrando en nuestros barcos. Aquello nos iba a reportar bastante dinero, lo que significaba que íbamos a pegarnos unas buenas fiestas. Ahora solo quedaba recoger los restos y forrarnos. Tras la orden del capitán, salté a la cadena que llevaba a la tercera plataforma para deslizarme por ella. A medida que me acercaba vi que las tres “personas” que se encontraban encima eran unos frikis de cuidado. Mejor, seguro que tenían mucho más valor.
Apenas tardé en encontrarme a un par de metros de ellos, ese descenso a una velocidad vertiginosa me había dado las energías necesarias para realizar el trabajo. Pegué un salto para lanzarme sobre el hombre enorme que se encontraba mirando hacia los barcos y era el que parecía más amenazante. Era alto y corpulento, un rival interesante. Sin embargo, al estar más cerca pude ver que se trataba de una… ¿mujer? Ya era tarde y tampoco me importaba. Ellas eran las que querían igualdad y la iban a tener. El mismo trato para todos. Con aquel salto llegué hasta ella para propinarle un puñetazo en la mejilla izquierda con mi mano derecha y dejar claro quién mandaba.
—Oye, ¿no te han dicho que estarías más guapa sin marcar tanto músculo? —le dije convencido de que con otro tipo de rutina de entrenamiento podría resaltar de forma mucho más positiva sus atributos de mujer. Aquello casi me distraía de mi misión. No estaba aquí para ofrecer mis útiles consejos a esta pobre mujer a la que su desconocimiento le había llevado a tomar una decisión errónea y arruinar su cuerpo. Ahora ya no le iba a gustar a ningún hombre.
—Nada de hacerse el valiente, no me apetece trabajar más de la cuenta. Subid al barco y nadie sufrirá más daños.
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Resumen
