08-10-2025, 04:42 PM
(Última modificación: 09-10-2025, 02:04 PM por Stroud Nanashi.
Razón: Colores
)
Stroud apretó ligeramente los labios, viendo cómo llegaba la patrulla de Marines constructores, que rápidamente se pusieron manos a la obra. El joven Redgrave, cruzado de brazos a falta de poder ponerse aún en marcha, contempló con paciencia el proceso a través del cual los Marines comenzaban a reforzar la estructura, apuntalando las vigas maestras y salvaguardando los pilares fundamentales del edificio, cuya integridad parecía restituirse poco a poco. Progresivamente, se fue volviendo palpable la sensación de reconstrucción, a medida que las vibraciones parecían amortiguarse más y cada movimiento que hacían los Marines ya no parecía poner en peligro el mismo suelo sobre el que pisaban.
La situación, sin embargo, empezó a torcerse cuando el gigante, incrustado a su sitio como un clavo, se negó a moverse de allí. Stroud había calculado que aquella era una posibilidad, aunque era, desde luego, mucho más deseable que un gigante descontrolado demoliendo el lugar a placer. Por mucho que Pixie se empecinase, ahora había mayor margen para negociar y maniobrar, con una situación estructuralmente mucho más favorable y sin un riesgo inmediato de colapso de todo el edificio. ¿Cómo lo iba a hacer? Stroud se llevó una mano al mentón, sus ágiles ojos oscuros recorriendo la escena y barajando diversas posibilidades, analizando los refuerzos establecidos en la estructura y las posibilidades de salida, los engranajes de su cerebro carburando a toda velocidad para encontrar una solución, absorto en posibilidades. Una opción era, claro, que Pixie saliese por su propio pie por donde fuera que hubiese entrado inicialmente. La otra, menos deseable pero potencialmente posible con el equipo de constructores allí, era abrir una salida conveniente que permitiese su extracción sin mayor perjuicio. A partir de ahí, las demás opciones se volvían progresivamente más desagradables y, naturalmente, peligrosas.
Stroud asintió con la cabeza ante las afirmaciones de Bertram, alzando una ceja. La idea parecía buena, pero le daba la impresión de que Bertram seguía pidiendo demasiado del pobre Pixie. Había que enfocarlo como quien trata con un niño: ideas sencillas, estímulos justos y necesarios e incentivos claros. Si Pixie quería el premio, aquella era la zanahoria que había que poner delante del burro, por decirlo de alguna manera, y no permitir que mirase a ninguna otra parte. Una vez más, fingió que recibía una llamada de su Den Den Mushi: "Berep berep berep berep, berep berep berep berep... Gacha". Descolgó, o fingió descolgar, y esperó unos segundos en silencio, haciendo como que escuchaba unas palabras urgentes del otro lado de la línea. "Ah, ahora lo entiendo todo, coronel," afirmó, asegurándose de elevar su voz lo suficientemente como para que Pixie lo escuchase con claridad. "Sargento Gaufrid, es que me dice el coronel que el premio está por aquí, pero que con nuestro amigo Pixie no pueden buscar en condiciones. Me comenta que Pixie tiene que salir, dejándolo todo intacto, para que ellos puedan venir a por el premio y dárselo. ¡Aunque el premio en sí tiene que ser sorpresa, claro, así que Pixie no puede estar presente mientras lo recuperan!," afirmó, haciendo un ademán con la cabeza hacia Bertram. "A ver, Pixie," dijo, dirigiéndose nuevamente al gigante, "es muy importante que salgamos todos de aquí sin destrozar nada más. ¡Órdenes de arriba! Ya lo entenderás," aseguró.
La situación, sin embargo, empezó a torcerse cuando el gigante, incrustado a su sitio como un clavo, se negó a moverse de allí. Stroud había calculado que aquella era una posibilidad, aunque era, desde luego, mucho más deseable que un gigante descontrolado demoliendo el lugar a placer. Por mucho que Pixie se empecinase, ahora había mayor margen para negociar y maniobrar, con una situación estructuralmente mucho más favorable y sin un riesgo inmediato de colapso de todo el edificio. ¿Cómo lo iba a hacer? Stroud se llevó una mano al mentón, sus ágiles ojos oscuros recorriendo la escena y barajando diversas posibilidades, analizando los refuerzos establecidos en la estructura y las posibilidades de salida, los engranajes de su cerebro carburando a toda velocidad para encontrar una solución, absorto en posibilidades. Una opción era, claro, que Pixie saliese por su propio pie por donde fuera que hubiese entrado inicialmente. La otra, menos deseable pero potencialmente posible con el equipo de constructores allí, era abrir una salida conveniente que permitiese su extracción sin mayor perjuicio. A partir de ahí, las demás opciones se volvían progresivamente más desagradables y, naturalmente, peligrosas.
Stroud asintió con la cabeza ante las afirmaciones de Bertram, alzando una ceja. La idea parecía buena, pero le daba la impresión de que Bertram seguía pidiendo demasiado del pobre Pixie. Había que enfocarlo como quien trata con un niño: ideas sencillas, estímulos justos y necesarios e incentivos claros. Si Pixie quería el premio, aquella era la zanahoria que había que poner delante del burro, por decirlo de alguna manera, y no permitir que mirase a ninguna otra parte. Una vez más, fingió que recibía una llamada de su Den Den Mushi: "Berep berep berep berep, berep berep berep berep... Gacha". Descolgó, o fingió descolgar, y esperó unos segundos en silencio, haciendo como que escuchaba unas palabras urgentes del otro lado de la línea. "Ah, ahora lo entiendo todo, coronel," afirmó, asegurándose de elevar su voz lo suficientemente como para que Pixie lo escuchase con claridad. "Sargento Gaufrid, es que me dice el coronel que el premio está por aquí, pero que con nuestro amigo Pixie no pueden buscar en condiciones. Me comenta que Pixie tiene que salir, dejándolo todo intacto, para que ellos puedan venir a por el premio y dárselo. ¡Aunque el premio en sí tiene que ser sorpresa, claro, así que Pixie no puede estar presente mientras lo recuperan!," afirmó, haciendo un ademán con la cabeza hacia Bertram. "A ver, Pixie," dijo, dirigiéndose nuevamente al gigante, "es muy importante que salgamos todos de aquí sin destrozar nada más. ¡Órdenes de arriba! Ya lo entenderás," aseguró.

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