08-10-2025, 12:32 AM
(Última modificación: 08-10-2025, 01:10 AM por Kayseira Ashter.)
Puedo hacer una lista de todas las malas costumbres, manías, que tengo en mi vida y que con el tiempo han empeorado. Últimamente y desde que estamos en este lugar, me quedo un poco más tarde de la cuenta, sola, a tomar una copa con la dueña del sitio donde nos estamos quedando.
Cuando todos duermen, me siento en la barra de aquel lugar a hacerle compañía.
La señora, una agradable mujer de sesenta años, viuda, se lo está pasando a lo grande con mis desgracias.
-Ya van…¿Cinco meses?
Ella lanza la pregunta al aire, mientras yo levantó suavemente una ceja, sé exactamente lo que está preguntando.
-No lo sé.
Van seis…¡SEIS! Miro el vaso lleno de alcohol como si fuera a arreglarme las penas, tras apagar el tercer cigarro en el cenicero y darle un trago, mientras miro el reloj pasar de las doce y anunciar el día primero de otoño. Claro, porque así es como quiero pasar mis madrugadas, en pijama, escuchando a una señora reírse de mis desgracias y no durmiendo con Cao, sin duda.
Ella intenta contener la risa, y yo me pregunto por qué se me ocurrió contarle que no puedo tocar al hombre que me gusta porque lo convierto en un jodido polo.
-Mientes fatal, que lo sepas, pero es adorable.
Adorable una mierda, de no ser por la posibilidad de herirle o por la paciencia, Dios y Satán sabe que hubiéramos terminado lo que empezó en aquella playa.
-¿Por qué demonios me haces pensar en ello? ¿Sabes lo duro que estoy entrenando con Zhang?
Suelto una queja lastimera, refunfuñando, ella agarra mi mano con cariño y yo lo agradezco, sintiendo de forma suave su calor…Espera un momento.
Ambas nos miramos las manos, no llevo guantes, la estoy tocando…Y no pasa nada.
Un golpe, dos, la risa histérica de la señora corta el silencio rotundo de la noche acompañado por mis pasos apresurados escaleras para arriba. A la mierda las copas, las risas, todo lo que ella quiera, mañana se puede burlar todo lo que le de la gana.
Ahora mismo necesito saber que pasa si le toco, que es lo que va a causar, si le haré o no daño, si puedo responder correctamente a su confesión, a las miradas que nos damos en la distancia, a sus sentimientos. Han sido meses extraños en los que éramos compañeros de tripulación observándose, esperando algo.
Pues bueno, yo llamando a la puerta de su habitación a las dos de la mañana, ligeramente inquieta, nerviosa, con alguna copa que otra encima para retomar el valor, no se si será lo que espera.
Pero definitivamente, pienso que sea algo.
Cuando todos duermen, me siento en la barra de aquel lugar a hacerle compañía.
La señora, una agradable mujer de sesenta años, viuda, se lo está pasando a lo grande con mis desgracias.
-Ya van…¿Cinco meses?
Ella lanza la pregunta al aire, mientras yo levantó suavemente una ceja, sé exactamente lo que está preguntando.
-No lo sé.
Van seis…¡SEIS! Miro el vaso lleno de alcohol como si fuera a arreglarme las penas, tras apagar el tercer cigarro en el cenicero y darle un trago, mientras miro el reloj pasar de las doce y anunciar el día primero de otoño. Claro, porque así es como quiero pasar mis madrugadas, en pijama, escuchando a una señora reírse de mis desgracias y no durmiendo con Cao, sin duda.
Ella intenta contener la risa, y yo me pregunto por qué se me ocurrió contarle que no puedo tocar al hombre que me gusta porque lo convierto en un jodido polo.
-Mientes fatal, que lo sepas, pero es adorable.
Adorable una mierda, de no ser por la posibilidad de herirle o por la paciencia, Dios y Satán sabe que hubiéramos terminado lo que empezó en aquella playa.
-¿Por qué demonios me haces pensar en ello? ¿Sabes lo duro que estoy entrenando con Zhang?
Suelto una queja lastimera, refunfuñando, ella agarra mi mano con cariño y yo lo agradezco, sintiendo de forma suave su calor…Espera un momento.
Ambas nos miramos las manos, no llevo guantes, la estoy tocando…Y no pasa nada.
Un golpe, dos, la risa histérica de la señora corta el silencio rotundo de la noche acompañado por mis pasos apresurados escaleras para arriba. A la mierda las copas, las risas, todo lo que ella quiera, mañana se puede burlar todo lo que le de la gana.
Ahora mismo necesito saber que pasa si le toco, que es lo que va a causar, si le haré o no daño, si puedo responder correctamente a su confesión, a las miradas que nos damos en la distancia, a sus sentimientos. Han sido meses extraños en los que éramos compañeros de tripulación observándose, esperando algo.
Pues bueno, yo llamando a la puerta de su habitación a las dos de la mañana, ligeramente inquieta, nerviosa, con alguna copa que otra encima para retomar el valor, no se si será lo que espera.
Pero definitivamente, pienso que sea algo.
