05-10-2025, 08:37 PM
(Última modificación: 05-10-2025, 08:38 PM por If Nottingham.
Razón: Añadir Costes
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OST de la escena
Presioné el tenedor que sostenía en mi siniestra contra la salchicha hasta que las puntas perforaron la tripa de cerdo que mantenía su contenido en su sitio. Sujeté el cuchillo con mi diestra, utilizando para ello mis dedos índice y mi pulgar, mientras el corazón y el anular servían de apoyo y el meñique se encontraba estirado. Corté un pequeño trozo con delicadeza, ayudado por el tenedor, antes de llevarlo hasta mi boca. El sabor y la textura eran perfectos, tal y como acostumbraba el cocinero jefe de la corte. Tras limpiarme suavemente con la servilleta procedí con el hash brown. Dorado y crujiente por fuera, pero no en exceso, mientras que el interior estaba suave. Un intenso sabor a patata, con la cantidad perfecta de sal y sin una gota de exceso de aceite, hacían de aquello un verdadero manjar. Al igual que el hash brown, tanto el bacon como el huevo y los champiñones fritos tenían la cantidad justa de aceite, para que él sabor de éste no enmascarara el del resto de ingredientes. Al igual que los anteriores, éstos tenían un sabor exquisito. Como era de esperar, dejé para el final mi parte favorita, que consistía en los tomates fritos, el black pudding y sobre todo las beans. Terminé de esa forma de comerme mi desayuno, mientras continuaba dando pequeños sorbos a mi preciado té.
Breakfast. Era sin duda el momento más importante de la mañana, al igual que la hora del té es el más importante de la tarde. Un momento imprescindible para poder comenzar el día con gran energía. Un momento que sin duda debía ser tratado con la importancia que se merecía. Por ello, lo mejor era que se tratara de un Full Breakfast. Debía contener sus sausages, bacon, fried eggs, fried tomato, hash brown, toast, beans y fried mushrooms, e incluso black pudding, aunque este no era tan popular. Todo esto acompañado del mejor Tea, sólo o con leche si se trataba de alguien que no disfrutara tanto del amargor característico de esa bebida celestial. Cualquier persona conocía esto mismo y tomaban sus Full Breakfasts cada mañana. Bueno, cualquier persona no, únicamente aquella gente de provecho, pues los plebeyos preferían seguir con sus tristes y pobres desayunos. En este último grupo se incluían toda esa chusma que se dedicaba a ensuciar las calles pidiendo dinero, esa panda de maleantes que se escondían en el bosque y se dedicaban a asaltar a la gente de bien, y la odiosa mujer a la que me veía obligado a llamar esposa. Era una mujer acomodada, de alta cuna. Pertenecía a una de las familias más importantes del reino, por lo que era una persona que había recibido una buena educación. Era sin duda un gran partido, por lo que contraer matrimonio con ella fue una decisión sencilla.
No obstante, al poco tiempo me percaté del craso error que acababa de comenter. Aquella mujer no sólo rechazaba algo tan importante como un Full Breakfast, cosa que podría llegar a pasar por alto, dado lo mucho que mencionaba el estar tratando de mantener su figura, si no fuera porque su desayuno consistía en un vulgar café. Toda clase de manjares a su alcance y lo único que deseaba era café. Ni siquiera un té, un sabor intenso, un cuerpo exquisito, sólo o con un poco de leche. No, lo único que le gustaba era ese horrible café con leche y una ingente cantidad de azúcar. Y para colmo, no sólo no sabía cocinar, si no que era algo que detestaba. Y eso sí que era algo que alguien como yo no podía pasar por alto.
En cambio, Elizabeth era su antítesis. No sólo era mucho más atractiva y hermosa, si no que la comida que preparaba era exquisita. Conocía todos los platos tradicionales y los cocinaba a la perfección, como el Fish and Chips que a mí tanto me gustaba, y además el té que preparaba era un verdadero elixir digno de los mismísimos dioses. Y por si aquello fuera poco, no sólo cocinaba casi mejor que el chef principal de la corte, si no que cocinar era algo que le encantaba. La misma pasión que mostraba conmigo en nuestros secretos encuentros la mostaba también frente a los fogones, y aquello era algo que me volvía loco.
- Capi... Sir Capitán - mis pensamientos fueron interrumpidos por un soldado. Giré la cabeza levemente, para encontrar al nervioso hombre de pie junto a la puerta de mi comedor privado - Sir Capitán, lamento interrumpirle en su desayuno - se disculpó. Negué con la cabeza - Ya he terminado - le indiqué que continuara con lo que tenía que decir, pues parecía algo cuanto menos importante - Sí, disculpe. Han llamado desde el arsenal. Dicen que se encuentran bajo ataque - expresó con gran preocupación - Parece que al final han decidido hacerlo - pensé, mientras terminaba el té de mi taza y alejaba la silla de la mesa sin arrastrarla, para poder levantarme. Había recibido tiempo atrás cierta información que hablaba de que ese Robin de los Bosques y su panda de maleantes del tres al cuarto buscaban hacerse con los cañones que se custodiaban allí, como si de esta forma el rey Juan fuera a rendirse ante su poder y cederle la corona. Era una completa estupidez, pues estaba realmente seguro de que aunque por alguna razón lograran capturarlos, no tendrían ni de lejos los efectivos suficientes para hacer algo razonable con ellos. Iba a ordenarle al soldado que enviara refuerzos cuando éste me informó que el Comandante Revolucionario Kisuke Kageyama era quien estaba asaltando el arsenal - Así que se trataba de él al que sentí ayer - me llevé mi siniestra a la barbilla, pasando con los dedos índice y pulgar por mi perilla - Alista a las tropas y mantenedme informado. No aviséis al rey para que no entre en pánico - dije, aunque me quedé en silencio un par de segundos - Avisadle de que no tiene de qué preocuparse, pues yo mismo velaré por su seguridad - con esas palabras salí del comedor con presteza, caminando por los pasillo en dirección a mis aposentos, donde comencé a ponerme mi armadura.
Fui tras eso a la sala de mando, donde los altos cargos militares me informaron de que el arsenal y la prisión habían sido tomados. Para empeorar todavía más las cosas, los disturbios se sucedían por la ciudad, y un creciente grupo de personas se dirigía hacia el castillo - ¡Atención todos! - hablé, haciendo que todos se callaran. Era hora de tender mi trampa - Desplegad a todas las tropas e interceptarlos en la plaza principal - di la orden, señalando el lugar en el mapa de la ciudad - Desviad hacia allí todas las tropas. Que no consigan acercarse al castillo - la trampa era realmente sencilla, pero estaba seguro de que sería efectiva. Conocía lo suficiente a ese tal Robin, y esa estúpida idea suya de que "todas las vidas importan". Conociendo cómo había actuado hasta ahora él y la escoria que dirigía, harían todo lo posible por evitar una confrontación directa, por lo que cuando se enterara de que no quedaba nadie defendiendo el castillo - y se iba a enterar, puesto que aunque no pudiera señalarlos directamente, sabía a la perfección que había varias de esas alimañas infiltradas en el castillo - tratarían de acabar todo de la manera más pacífica posible, tratando de secuestrar al rey para, valiéndose de la cobardía que le caracterizaba, lograr que abdicara.
Disolví aquella reunión y todos acataron mis órdenes sin rechistar. Puede que alguno de ellos fuera un sucio traidor, pero por lo menos sabía guardar las apariencias y respetar la cadena de mando. Mientras volvía a mis aposentos para aprovisionarme con mis tres preciadas armas, todas las tropas del castillo, a excepción de la guardia personal del rey, salieron en dirección a la plaza central, con la orden de evitar que aquellos rebeldes se acercaran.
La trampa estaba puesta. Únicamente tenía que sentarme y esperar.
No sabía por dónde llegarían aquellas alimañas, pero habiendo un comandante revolucionario con ellos debía de tomar unas mínimas precauciones. Mantuve mi Haki de Observación extendido a una distancia de novecientos ochenta y cuatro pies, para poder percibir de esa forma cualquier presencia que se acercara mínimamente. No tardé mucho en sentir a cinco personas que destacaban sobre las demás. Tres de ellas poseían un aura practicamente idéntica, y supuse que las otras dos eran el líder revolucionario y algún otro miembro de aquel grupo de envidiosos que se dedicaba a tratar de quitar a la gente honrada aquello que habían logrado con su esfuerzo. Sin perder un instante hice desaparecer mi presencia, antes de reducir el rango que abarcaba mi Haki hasta los doscientos treinta pies.
Era sólo cuestión de tiempo que esos muertos de hambre llegaran en su heróico intento de infiltración, por lo que me dediqué a estar sentado junto a una de las barandillas que daba al hall principal, en el tercer piso. Mataba el tiempo tomando el delicioso té que preparaban en el castillo que, si bien estaba lejos de ser tan delicioso como el de Elizabeth, seguía siendo una excelente y revigorizante bebida.
Tardé más de lo esperado, pero no tanto como para que supusiera un problema, en volver a percibir a alguien. Se trataba únicamente de los dos revolucionarios, quienes se acercaban con una pasmosa lentitud. Aquello suponía una ventaja para mí, pues tendría tiempo de prepararme para su llegada. Terminé el contenido de mi taza y volví a mirar a la tetera. Me tomé mi tiempo con aquella tetera de porcelana, antes de volver a dejarla sobre la mesa y levantarme de la silla con delicadeza. No tenía tampoco tiempo que perder, pero perder los modales era algo peor.
Me acerqué a la barandilla, donde se encontraban apoyadas mis tres armas. Cogí a Preypiercer con mi diestra, tan liviana como siempre. La coloqué en mi espalda, antes de coger a Lion's Bane con mi siniestra. Se trataba de una maravillosa lanza. Un retorcido regalo del actual rey por ayudarle a subir al trono. Con Hopekiller en mi diestra, apoyé una pierna sobre la barandilla y, tras impulsarme con esta, me dejé caer.
En el centro del hall principal, el cual medía doscientos sesenta y dos por doscientos sesenta y dos pies, se encontraba aquella lujosa fuente, a la par que innecesaria. Una fuente de mármol blanco, con aquella horrible figura del león. Le había dicho al rey Juan en incontables ocasiones que se deshiciera de ella, pero él seguía empeñado en que la gente lo asociara al león como hubieran hecho anteriormente con su estúpido y cobarde hermano Ricardo. Caí de pie, como era de esperar, a veinte pulgadas del borde de la fuente, y comencé a caminar lentamente en la dirección en la que se encontraban los revolucionarios quienes, para mi sorpresa, parecían viajar bajo tierra.
Volteé a Hopekiller, apuntando su punta hacia el suelo, mientras la de Lion's Bane seguía apuntando hacia el techo. Seguí caminando, sintiendo como a cada paso los pelos de mis brazos se erizaban. Los dos revolucionarios no tardaron en atravesar el suelo y aparecer frente a mí, por lo que me mantuve alerta para evitar cualquier problema.
- No esperaba que alguien tan... importante como el Comandante Kisuke Kageyama fuera a honrarnos con su presencia - dije, con un tono de notable burla - Parece que es cierto eso que dicen de que el Ejército Revolucionario acepta a cualquier cosa entre sus filas - miré con una gran mueca de asco a su enorme compañero. Si bien no soportaba los estúpidos gustos de aquella a la que me veía obligado a llamar esposa, o su incompetencia y falta de aprecio por la cocina, había algo que más que rechazo me provocaba un inmenso asco, y eso eran los animales que se creían humanos. Los animales son seres inferiores, que sirven únicamente como alimento o trofeo, y había algunos que, en su afán por ridiculizarnos a nosotros, los humanos, trataban de hacerse pasar por tales, vistiendo ropas humanas o hablando como nosotros. Volví a mirar a Kisuke, pues no soportaba mantener mi vista en aquel engendro de la naturaleza que lo acompañaba - Dicen que la gente se junta con los de su calaña y, viendo que os habéis aliado con Robin y su panda de ratas de campo, parece que tampoco van desencaminados - le miré a los ojos con decisión - Pero eso termina aquí.
Pues yo, SIR If Nottingham, me encargaré de ajusticiaros en nombre del rey
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