Mientras seguía al sargento Gaufrid, Kibai prestó atención a la ciudad.
Pushkin era desde luego un lugar pintoresco. Los edificios, todos contruidos con el mismo ladrillo rojo que había distinguido desde el barco, se erguían en formas extrañas, casi rocambloescas en algunas ocasiones, pero en conjunto parecían tener una cierta armonía que conseguía no resultar desagradable a la vista.
"Un lugar curioso" dijo el mink. "Siempre hace este frío? No es que me moleste demasiado pero parece un lugar dificil en donde vivir para..." Kibai se mordió la lenga antes de soltar la palabra humanos, pues no creyó que fuese lo más apropiado en aquellos momentos. "...Para toda esta gente."
Y lo de toda aquella gente no se quedaba corto. La ciudad rebosaba actividad, con varios barcos siendo en aquel momento descargados en el puerto, y una riada de estibadores, marineros y ciudadanos se movían de un lugar a otro mientras las mercancías se amontonaban a la espera de ser distribuidas.
Una vez hubieron salido del puerto, la ciudad estaba un poco más en calma aunque las calles circundantes seguían teniendo bastante actividad, pero más relegada a los puestos de mercaderes, comida y bebida. Especialmente esta última, se percató Kibai. En Pushkin abundaban los puestos de bebidas, en los que numerosas botellas de todas las formas imaginables exibían sus contenidos a la luz de la mañana, siendo los más comunes diversos tonos de dorado correspondientes a cervezas e hidromieles, cosa bastante lógica dado el clima invernal del lugar.
Ajustándose mejor el pequeño macuto a la espalda, Kibai se dirigió de nuevo hacia Gaudfrid.
"Desde luego, por lo que se ve, aquí lo de beber va marcado en la cultura local, ¿no es así? Nunca he sido el mayor aficionado al alcohol, pero si que tengo que admitir que me ha despertado cierta curiosidad..."
Pensando para si mismo que aquello igual no sería lo más apropiado viniendo de un aspirante a Marine, Kibai se apresuró a cambiar de tema, mientras dejaban atrás la zona más comercial y se internaban en las calles que llevaban hacia el centro de la ciudad.
"Bueno, señor, quizás pueda contarme un poco más de lo que me espera. ¿Como suelen ser los entrenamientos? Hay algún periodo de prueba incial? También me gustaría saber si nos van a mantener aquí en Pushkin o si es habitual que nos muevan a otros lugares de la isla. Como puede ver no tengo mucho encima y no quisiera que alguna expedición me pillase desprevenido."
Al poco rato de seguir caminando, tras pasar una plaza cubierta de adoquines rectangulares del mismo color rojo que los edificios, un gran complejo de edificios los recibió. El lugar estaba rodeado de una muralla roja de varios metros de alto, lo suficientemente ancha para que varios centinelas, provistos de rifles, patrullasen por encima. Unas grandes puertas, también adornadas con el emblema de la Marina se abrían ante ellos, dejando ver un patio adoquinado con un gran poste para una bandera en su centro. Por encima de las murallas, Kibai alcanzó a ver varios edificios organizados en torno al patrio. Una súbita ráfaga de viento llevó hasta él el olor de la pólvora y el carbón de unas brasas ardientes, así como las secas órdenes que algún oficial estaba dictando en aquel momento.
"Así que aquí estamos" pensó el mink. "La Marina. Este es el lugar dónde empieza todo"
Agarrando fuertemente la empuñadura de Raimei, Kibai tragó saliva y se dirigió hacia el interior de la base con el sargento Gaufrid.
Pushkin era desde luego un lugar pintoresco. Los edificios, todos contruidos con el mismo ladrillo rojo que había distinguido desde el barco, se erguían en formas extrañas, casi rocambloescas en algunas ocasiones, pero en conjunto parecían tener una cierta armonía que conseguía no resultar desagradable a la vista.
"Un lugar curioso" dijo el mink. "Siempre hace este frío? No es que me moleste demasiado pero parece un lugar dificil en donde vivir para..." Kibai se mordió la lenga antes de soltar la palabra humanos, pues no creyó que fuese lo más apropiado en aquellos momentos. "...Para toda esta gente."
Y lo de toda aquella gente no se quedaba corto. La ciudad rebosaba actividad, con varios barcos siendo en aquel momento descargados en el puerto, y una riada de estibadores, marineros y ciudadanos se movían de un lugar a otro mientras las mercancías se amontonaban a la espera de ser distribuidas.
Una vez hubieron salido del puerto, la ciudad estaba un poco más en calma aunque las calles circundantes seguían teniendo bastante actividad, pero más relegada a los puestos de mercaderes, comida y bebida. Especialmente esta última, se percató Kibai. En Pushkin abundaban los puestos de bebidas, en los que numerosas botellas de todas las formas imaginables exibían sus contenidos a la luz de la mañana, siendo los más comunes diversos tonos de dorado correspondientes a cervezas e hidromieles, cosa bastante lógica dado el clima invernal del lugar.
Ajustándose mejor el pequeño macuto a la espalda, Kibai se dirigió de nuevo hacia Gaudfrid.
"Desde luego, por lo que se ve, aquí lo de beber va marcado en la cultura local, ¿no es así? Nunca he sido el mayor aficionado al alcohol, pero si que tengo que admitir que me ha despertado cierta curiosidad..."
Pensando para si mismo que aquello igual no sería lo más apropiado viniendo de un aspirante a Marine, Kibai se apresuró a cambiar de tema, mientras dejaban atrás la zona más comercial y se internaban en las calles que llevaban hacia el centro de la ciudad.
"Bueno, señor, quizás pueda contarme un poco más de lo que me espera. ¿Como suelen ser los entrenamientos? Hay algún periodo de prueba incial? También me gustaría saber si nos van a mantener aquí en Pushkin o si es habitual que nos muevan a otros lugares de la isla. Como puede ver no tengo mucho encima y no quisiera que alguna expedición me pillase desprevenido."
Al poco rato de seguir caminando, tras pasar una plaza cubierta de adoquines rectangulares del mismo color rojo que los edificios, un gran complejo de edificios los recibió. El lugar estaba rodeado de una muralla roja de varios metros de alto, lo suficientemente ancha para que varios centinelas, provistos de rifles, patrullasen por encima. Unas grandes puertas, también adornadas con el emblema de la Marina se abrían ante ellos, dejando ver un patio adoquinado con un gran poste para una bandera en su centro. Por encima de las murallas, Kibai alcanzó a ver varios edificios organizados en torno al patrio. Una súbita ráfaga de viento llevó hasta él el olor de la pólvora y el carbón de unas brasas ardientes, así como las secas órdenes que algún oficial estaba dictando en aquel momento.
"Así que aquí estamos" pensó el mink. "La Marina. Este es el lugar dónde empieza todo"
Agarrando fuertemente la empuñadura de Raimei, Kibai tragó saliva y se dirigió hacia el interior de la base con el sargento Gaufrid.
