28-09-2023, 11:47 PM
Mucho sucedió al mismo tiempo. Según había terminado de mandar su mensaje por el den den mushi, la voz de su compañero, Kovashi, le reveló su presencia a escasos metros de él, pero detrás suya. La sensación de alivio que sintió al saber que no estaba solo en aquella plataforma le hizo obviar el hecho de que era el compañero con el que peor se llevaba con diferencia. Pero en aquellas circunstancias, en aquella situación tan peliaguda, era su putísimo mejor amigo. No obstante, no diría nada de eso con sus palabras, porque eso sería ceder un terreno irrecuperable. El panda se limitó a asentir con la cabeza, reconociendo la presencia de su compañero. —Confío en Khruner, pero Enma... Se soltó de mi cuello. El pobre chaval no tiene nada de fuerza. Pero quizás esté exagerando. —No, no exageraba. Enma era con diferencia el más débil, aunque tenía una habilidad excepcional que le daba un potencial mucho mayor que cualquiera del grupo. Una voz alegro irrumpió en la conversación: era Derya. Decía que estaba con Khruner y que estaban bien, incluso les indicó su posición con respecto al panda, y éste se giró, entrecerró los ojos e identificó la enorme mole de pelo y músculo que era Khruner no muy lejos de Derya. Les salió con la mano, listo para interactuar de nuevo, pero entonces algo capturó su mirada por completo. —Kova. —Algo en el tono del panda denotaba seriedad absoluta. Al ver a Derya, había detectado más o menos a 25 metros de distancia a dos sujetos peculiares. Uno de ellos era alguna especie de híbrido reptiliano, tal vez algún tipo de mink, pero el otro parecía sencillamente humano. El panda no se detuvo a analizar sus facciones, porque desde lejos no podía verles muy bien y el color del pelo de ambos sujetos era... extraño, no lograba identificarlo muy bien. Sin embargo, lo que sí que vio a primera vista fueron los ropajes que vestían. Eran claramente miembros de la marina, aunque desde la distancia no pudo aventurar si tenían un rango alto o bajo en base a las condecoraciones que pudieran tener. Uno de ellos tenía un arma de fuego, aunque la tenía medio bajada y el otro una espada, y ambos estaban mirando a los dos revolucionarios. —Nos han visto, ¿nos están midiendo? —El panda apretó los puños con fuerza, sus músculos se tensaron y sus facciones se endurecieron. Si no estuviera en una posición tan inestable, no dudaría en lanzarse al ataque. Dio un paso al frente y se situó entre Kovashi y los dos marines, protegiéndole con su cuerpo. —¡MARINES! ¡Permaneced donde estáis y no os acerquéis ni un paso! ¡No me importa si la plataforma se hunde por vuestro lado, no dudaré en atacar si desobedecéis! —El panda echó un rápido vistazo a su alrededor, por si no se había percatado de la presencia de más indeseables uniformados. Se fijó entonces en la presencia de otros dos sujetos, aunque éstos no iban uniformados.
Uno de ellos tenía el pelo de un color raro, debía de ser verde o algo, y además tenía antenas, o eso le pareció. El otro era un calvo gigantesco. Si el panda veía bien, debía de medir incluso más que él. Con su tamaño debía de pesar un quintal, aunque eso sí que no podía medirlo a simple vista. Ambos estaban más o menos a 6 metros y parecían conocerse de algo. El panda no dudó en llamar su atención. —No parecéis marines, así que no seré tan agresivo, pero agradecería que mantuviéramos las distancias por ahora. —Estaba nervioso y no se fiaba de nadie más que de los suyos en aquel momento. Devolvió la mirada a los marines, aunque en realidad no les había perdido de vista por el rabillo del ojo, y entonces notó un movimiento inusual en la plataforma en la que se encontraban acompañado del tañido de una campana. Por detrás del panda, en el lado contrario al que estaban los marines, una cadena había surgido del mar desvelándose como una conexión entre uno de los seis navíos y aquella plataforma en concreto. Parecía tener el mismo propósito que las redes de pesca de esclavos, pero en forma de plataforma, aunque quizás escondiera algo más. Se atrevió a desviar la mirada unos instantes hacia los barcos en general. Los estímulos a los que estaba sometido eran muchos y muy dispares, de modo que no fue capaz de captar todos los detalles a su alrededor, pero sí que se fijó en una bandera pirata. Una calavera negra, con dos huesos negros sobre un fondo... ¿amarillo? A saber. La plataforma se estaba aproximando a uno de los barcos. —Yo te cubro de los marines, tú me cubres de lo que sea que pase con los barcos. —Le dijo al peliblanco en voz bajita, confiando en que esta vez, por una vez, le hiciese algo de caso.
Uno de ellos tenía el pelo de un color raro, debía de ser verde o algo, y además tenía antenas, o eso le pareció. El otro era un calvo gigantesco. Si el panda veía bien, debía de medir incluso más que él. Con su tamaño debía de pesar un quintal, aunque eso sí que no podía medirlo a simple vista. Ambos estaban más o menos a 6 metros y parecían conocerse de algo. El panda no dudó en llamar su atención. —No parecéis marines, así que no seré tan agresivo, pero agradecería que mantuviéramos las distancias por ahora. —Estaba nervioso y no se fiaba de nadie más que de los suyos en aquel momento. Devolvió la mirada a los marines, aunque en realidad no les había perdido de vista por el rabillo del ojo, y entonces notó un movimiento inusual en la plataforma en la que se encontraban acompañado del tañido de una campana. Por detrás del panda, en el lado contrario al que estaban los marines, una cadena había surgido del mar desvelándose como una conexión entre uno de los seis navíos y aquella plataforma en concreto. Parecía tener el mismo propósito que las redes de pesca de esclavos, pero en forma de plataforma, aunque quizás escondiera algo más. Se atrevió a desviar la mirada unos instantes hacia los barcos en general. Los estímulos a los que estaba sometido eran muchos y muy dispares, de modo que no fue capaz de captar todos los detalles a su alrededor, pero sí que se fijó en una bandera pirata. Una calavera negra, con dos huesos negros sobre un fondo... ¿amarillo? A saber. La plataforma se estaba aproximando a uno de los barcos. —Yo te cubro de los marines, tú me cubres de lo que sea que pase con los barcos. —Le dijo al peliblanco en voz bajita, confiando en que esta vez, por una vez, le hiciese algo de caso.
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Karmas
