01-10-2025, 11:45 PM
Divide y vencerás, y la División se dividió.
Joe, quien haciendo gala de sus dotes de observación, pudo ver en sus compañeros la determinación para detener el fuego que avanzaba de manera inminente hacia el faro de Mystoria. La enorme humareda negra crecía y crecía mientras las llamas se acercaban de manera inexorable hacia la cordillera y amenazaban con ascender hasta consumir por completo hasta la última piedra de la isla. El motivo del enorme incendio era desconocido por ahora y, aunque a todas luces no era natural, no había manera de saberlo para los Marines en este momento. Tras apuntar Fuguwu de manera sumamente inteligente que quizá la piedra solar solo fuera revelada con cierta iluminación, tanto Karl como Apolo mostraron su interés en ir al faro a apagar lo posible los fuegos cercanos. Joe, finalmente, ordenó a Fuguwu acompañarlos para ayudar con sus técnicas de Gyojin Karate y poder paliar las llamas de la manera más eficaz y pronta posible, siendo el vicealmirante y líder de la División quien se quedara en el lugar a investigar durante más tiempo. Sus subordinados no tardaron en coger camino prestos hacia el faro y él tuvo tiempo de examinar cada roca mientras los temblores en la isla se sucedían cada vez con más frecuencia. Si Joe examinaba una a una las rocas, podría ver poseían formas comunes y corrientes, salvo tres. Tres piedras con forma de sol que, parecían exactamente iguales. Mismos pesos, tamaños y texturas. Cabía la posibilidad de que una de ellas fuera la correcta, pero, era imposible para Joe saberlo sin la luz del ocaso impactando sobre ellas.
Fue en ese instante, cuando sus compañeros ya habían llegado a mitad de trayecto donde, tras un último terremoto muy corto e intenso, se hizo la calma momentáneamente y después, un estruendo. Del cielo, volando a toda velocidad, una enorme bestia negra y alada cayó sobre Joe, sosteniendo al vuelo con su garra derecha la cabeza del Marine y llevándola contra el suelo y arrastrándolo varios metros mientras él aterrizaba para, finalmente, soltarlo y posicionarse delante de él. Cuando el Marine pudo alzar la vista hacia su enemigo, halló ante él al depredador ápex de la isla: el Obsidrake. Un gigantesco dragón bípedo de cinco metros de alto. Sus negras escamas en la espalda y azuladas en el vientre protegían de manera espléndida su cuerpo, desde sus afiladas garras hasta sus alas. A lo largo de su cola, y en línea con su columna vertebral, el animal poseía protuberancias óseas que daban un aspecto intimidante y por su boca una llamarada azul asomaba como si de su aliento natural se tratase, siendo que estas llamas envolvían todo su cuerpo de punta a punta. El demonio de fuego había posado sus marrones ojos sobre Joe y lo retaba a morir por invadir su hábitat, por llevarse sus piedras. Piedras como la que él mismo portaba en una de sus garras -en la izquierda- con forma de hoja y color verde. El dracónido ser apretaba las garras y sus brazos, cortos pero poderosos, hasta el punto que parecía estar a punto de quebrarse la piedra con la tensión que el enorme dragón estaba acumulando en sus músculos fibrados y poderosos.
Por su parte, el trío de bomberos pudieron llegar al faro y, desde la linde cercana, mirando cordillera abajo, pudieron observar como riachuelos de agua avanzaban hacia el mar desde unos metros más abajo. La roca, que en la cúspide de la cordillera era maciza, tenía una base arcillosa más abajo y, los vientos, que soplaban con fuerza por el desplazamiento de aire de las llamas, auguraban problemas en el faro. La trompa del elefante, otrora llena de vida, carecía de vegetación, pues Como los tres Marines solventaran el fuego era una cosa suya, y solo suya, pues su fiel amigo y líder estaba lidiando con el peor monstruo que podía imaginar. Con un enorme rugido, el animal se intensificaron las llamas y comenzaba la batalla por defender el faro de Mystoria en ambos frentes.
Joe, quien haciendo gala de sus dotes de observación, pudo ver en sus compañeros la determinación para detener el fuego que avanzaba de manera inminente hacia el faro de Mystoria. La enorme humareda negra crecía y crecía mientras las llamas se acercaban de manera inexorable hacia la cordillera y amenazaban con ascender hasta consumir por completo hasta la última piedra de la isla. El motivo del enorme incendio era desconocido por ahora y, aunque a todas luces no era natural, no había manera de saberlo para los Marines en este momento. Tras apuntar Fuguwu de manera sumamente inteligente que quizá la piedra solar solo fuera revelada con cierta iluminación, tanto Karl como Apolo mostraron su interés en ir al faro a apagar lo posible los fuegos cercanos. Joe, finalmente, ordenó a Fuguwu acompañarlos para ayudar con sus técnicas de Gyojin Karate y poder paliar las llamas de la manera más eficaz y pronta posible, siendo el vicealmirante y líder de la División quien se quedara en el lugar a investigar durante más tiempo. Sus subordinados no tardaron en coger camino prestos hacia el faro y él tuvo tiempo de examinar cada roca mientras los temblores en la isla se sucedían cada vez con más frecuencia. Si Joe examinaba una a una las rocas, podría ver poseían formas comunes y corrientes, salvo tres. Tres piedras con forma de sol que, parecían exactamente iguales. Mismos pesos, tamaños y texturas. Cabía la posibilidad de que una de ellas fuera la correcta, pero, era imposible para Joe saberlo sin la luz del ocaso impactando sobre ellas.
Fue en ese instante, cuando sus compañeros ya habían llegado a mitad de trayecto donde, tras un último terremoto muy corto e intenso, se hizo la calma momentáneamente y después, un estruendo. Del cielo, volando a toda velocidad, una enorme bestia negra y alada cayó sobre Joe, sosteniendo al vuelo con su garra derecha la cabeza del Marine y llevándola contra el suelo y arrastrándolo varios metros mientras él aterrizaba para, finalmente, soltarlo y posicionarse delante de él. Cuando el Marine pudo alzar la vista hacia su enemigo, halló ante él al depredador ápex de la isla: el Obsidrake. Un gigantesco dragón bípedo de cinco metros de alto. Sus negras escamas en la espalda y azuladas en el vientre protegían de manera espléndida su cuerpo, desde sus afiladas garras hasta sus alas. A lo largo de su cola, y en línea con su columna vertebral, el animal poseía protuberancias óseas que daban un aspecto intimidante y por su boca una llamarada azul asomaba como si de su aliento natural se tratase, siendo que estas llamas envolvían todo su cuerpo de punta a punta. El demonio de fuego había posado sus marrones ojos sobre Joe y lo retaba a morir por invadir su hábitat, por llevarse sus piedras. Piedras como la que él mismo portaba en una de sus garras -en la izquierda- con forma de hoja y color verde. El dracónido ser apretaba las garras y sus brazos, cortos pero poderosos, hasta el punto que parecía estar a punto de quebrarse la piedra con la tensión que el enorme dragón estaba acumulando en sus músculos fibrados y poderosos.
Por su parte, el trío de bomberos pudieron llegar al faro y, desde la linde cercana, mirando cordillera abajo, pudieron observar como riachuelos de agua avanzaban hacia el mar desde unos metros más abajo. La roca, que en la cúspide de la cordillera era maciza, tenía una base arcillosa más abajo y, los vientos, que soplaban con fuerza por el desplazamiento de aire de las llamas, auguraban problemas en el faro. La trompa del elefante, otrora llena de vida, carecía de vegetación, pues Como los tres Marines solventaran el fuego era una cosa suya, y solo suya, pues su fiel amigo y líder estaba lidiando con el peor monstruo que podía imaginar. Con un enorme rugido, el animal se intensificaron las llamas y comenzaba la batalla por defender el faro de Mystoria en ambos frentes.
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