30-09-2025, 10:47 PM
South Blue - Isla Karate - Arrozales
Día 92 de Verano, Año 16
El verano en la Isla Karate era húmedo y caluroso. El aire estaba cargado del aroma dulce del arroz maduro y de la tierra mojada, se pegaba a la piel como una segunda capa. Desde la la enorme montaña, rodeada por bonsáis descomunales que parecían arañar el cielo, descendía una neblina ligera que se mezclaba con el calor, envolviendo los arrozales en una atmósfera casi irreal. Los campesinos trabajaban descalzos, hundiendo los pies en el barro de los campos inundados, mientras a lo lejos sonaban tambores de entrenamiento de los varios dojos dispersados por las laderas.
En un salón de té apartado del bullicio del puerto, construido en madera oscura y papel de arroz, se reunían aldeanos y aprendices para huir del sol y beber infusiones frescas o calientes según el antojo. El murmullo de conversaciones, risas contenidas y el tintineo de las tazas llenaba el ambiente, acompañado del chasquido suave de un brasero donde hervía agua.Sentado en el suelo al lado de una mesa se encontraba un mink burro de pelaje gris con mechones blancos en las cejas, bebía su té con calma casi solemne. Su kimono gastado, con espirales que parecían bailar sobre la tela, contrastaba con el sombrero de bambú que le ocultaba parte del rostro. Una cadena metálica descansaba enroscada en su brazo, tintineando suavemente a cada movimiento. Sus ojos mostraban experiencia a la ver qué serenidad.
Por la puerta entraba un curioso muchacho, de aspecto extraño y reservado. Li Yuan, un gyojin, disimulaba su naturaleza bajo gruesas ropas japonesas que se ceñían flojas a su cuerpo escuálido pero musculoso. Sus manos, de piel escamosa con tonos verdosos y membranas entre los dedos, quedaban a menudo ocultas en las mangas, y la bufanda junto al casco en forma de cascarón roto terminaban de cubrirle el rostro. Solo sus ojos hundidos, con pupilas casi reptilianas, se dejaban ver bajo la sombra del casco. Caminaba en silencio, más como una sombra que como un hombre.
El Gyojin, al ver al mink se dirigió a sentarse con él, pues se conocían.
Los presentes en el salón de té se quedaron mirándolos unos instantes. Nadie los reconocía con certeza, aunque un campesino murmuró a su compañero en voz baja:
—¿No son los mismos que se cruzaron con Marlon, el de los dientes?
—Bah… quién sabe. Forasteros, seguro.
Nada más. Como extraños, llamaban la atención, pero no más que eso.
Ambos se encontraban en la mesa, estaba cerca de una ventana abierta, por donde entraba la brisa caliente del verano. Las tazas de té le llegó rápido al Gyojin, desprendiendo un vapor suave. Zhang sostenía la suya con ambas manos, soplando lentamente, como si aquel gesto rutinario fuese un ritual sagrado. Li Yuan, más reservado, apenas acercó la taza a los labios, el casco y la bufanda escondiendo cualquier gesto.
El ambiente se tensó de golpe cuando las puertas de papel se abrieron de par en par. Una ráfaga de aire húmedo y olor a barro llenó el salón. Allí apareció un hombre delgado, de túnica color azafrán empapada en sudor por la caminata desde la montaña. Su piel estaba tostada por el sol y su rostro surcado de arrugas transmitía más preocupación que edad, pues tampoco parecía demasiado mayor. Llevaba la cabeza rapada salvo por un pequeño mechón atado en la nuca, y sus sandalias estaban cubiertas de barro seco. En su mano derecha apretaba con fuerza un bastón de bambú desgastado, y en la izquierda un pequeño relicario de madera en forma de loto. Su kimono estaba lleno de manchas de agua y tierra, y la desesperación se le notaba en la mirada. Se podía intuir que había venido corriendo por alguna urgencia.
Avanzó hasta el centro del salón tambaleándose y habló con voz rota, pero lo bastante alta para que todos lo escucharan:
—¡Por favor! —exclamó, inclinándose—. ¡Piratas! ¡Han robado la reliquia del templo de la montaña!
Los murmullos se extendieron por la sala como una ola. Campesinos, discípulos y viajeros se miraron entre sí. Nadie dio un paso al frente. Nadie quiso ser el primero.
El monje, con las manos temblorosas suplicando, giró la vista de un lado a otro buscando ayuda. Los aldeanos evitaban su mirada. Fue entonces cuando se detuvo en los dos forasteros sentados junto a la ventana: el mink de mirada profunda y el joven gyojin bajo su extraño casco. Nadie los conocía realmente, pero los desconocidos tenían siempre la ventaja de no estar atados a los miedos de la isla.
El silencio llenó la sala, roto solo por las gotas de sudor cayendo del rostro del monje y el murmullo distante de los tambores de entrenamiento en la montaña.
- Se los ruego dijo al fin, la voz quebrada. - Si no recuperamos la reliquia, el templo caerá en desgracia. Ayúdennos… lo recompensaremos.
Todos los ojos del salón se clavaron en ellos.
- El templo recompensará a quienes devuelvan la reliquia. No tenemos mucho, pero tenemos honor, y la gratitud de nuestros ancestros.
El murmullo regresó a la taberna, más fuerte que antes. “Forasteros”, “aventureros”, “dientegrande” se susurraba entre las mesas. Afuera, la lluvia el calor se intensificaba, golpeando el tejado y los arrozales, como si el mismo cielo exigiera una respuesta.
Zhang Guolao y Li Yuan quedaban ahora en el centro de todas las miradas. El destino de la reliquia, y quizá de la calma de la isla, pendía de la decisión que tomaran en ese instante.
INFORMACIÓN DE LA AVENTURA
FICHA DEL NPC
BÉLICO
OFF
