[personajeinvalido=315]
El impacto del barco contra el final de la cascada fue brutal. Tanto que salimos volando del mismo, que quedó completamente destruido en el acto, y acabamos como guijarros en el viento diseminados por algún caprichoso destino, aterrizando algo aparatosamente en unas plataformas que había algunos metros más adelante, que pareciera que estaban ahí colocadas para servir de punto de apoyo para todos los que naufragaban en el impacto de los navíos al descender, y donde pudieran sustentarse tras nadar hasta ellas. Por suerte no fue nuestro caso, ya que llegamos directamente hacia ellas.
El aterrizaje fue hombro mediante, impacto del casco en la madera y una maniobra de rotación por parte del cuerpo para tratar de incorporarme, sin éxito inmediato. La plataforma era de varios pies de largo por cada lado, a ojo serían varias decenas de metros, completamente de madera y flotaba de forma relativamente estable sobre el mar, tranquilo. Por donde habíamos venido, pasando entre los dos cabos famosos de entrada al Grand Line, Los Cabos Gemelos, había grupos de piratas tirando redes para pescar los cuerpos de quienes iban apareciendo al final de la cascada. Giré en derredor y pude observar como en las proximidades había otras tantas plataformas similares a esta, que iban recibiendo distintos seres que llegaban volando, al igual que nosotros. Como colofón, del lado contrario a los cabos y estando en una siguiente línea a las plataformas, como si quisieran que estas estuvieran atrapadas entre los cabos y ellos, había seis barcos, anclados y estáticos, desde los que se podía oír bullicio, como en los cabos: comentarios que pudieran reflejar que estas personas nos estaban esperando y literalmente, pescaban esclavos.
Me incorporé. En el lado más próximo hacia los barcos, exactamente en el centro y con el borde de la plataforma a mis espaldas a cuatro metros. Frente a mi... bueno. Estaba prestando especial atención a la situación que tenía delante... dos marines, a unos veinte metros hacia el frente y mi diestra. Uno con un bigote de lo más extraño, y el niño cucaracha del barco. Sonreí y crují mis nudillos. Qué casualidades más maravillosas tiene la vida. Frente a ellos una mujer rubia con cicatrices, aproximadamente a la misma distancia de mi, pero a la siniestra. Ella les gritaba que qué estaba pasando aquí, haciendo que parecieran nerviosos, susurrando entre ellos que debían pedir refuerzos. Un par de tipos más que no sabía si estaban vivos o muertos ocupaban otras posiciones en la plataforma, pero no les presté atención en absoluto pues, pude escuchar las palabras del niño bicho y me hicieron sumar dos más dos. ¿Por qué pedirían refuerzos? ¿para encargarse de los piratas de las redes?. Uno de los otros dos tipos empezó a parlotear ajeno a todo, ofreciendo cigarros y presuponiendo muchas cosas. Le ignoré por completo bufando con cierta pesadez.
Pero justo sonó mi Den Den Mushi, en mi bolsillo derecho, haciendo que mi atención se desviara hasta ese punto, atendiendo la llamada.
— Quie... — intenté preguntar, escuchando una voz de alguien que me llamaba enano y decía que estaba a mi derecha. Me giré, visiblemente enfadado hacia esa posición, con el Den Den frente a la boca — ¡¡ME CAGÜEN TUS MUERTOS!! — grité furioso mirándole. Un tipo grande con el pelo largo — ¡Espera que acabe con la cucaracha y después voy a por ti! — grité colgando el Den Den y guardándolo en mi bolsillo, furioso, prestando mi atención de nuevo a los dos Marines — ¿Y vosotros a qué cojones estáis esperando para poner algo de orden en la situación? — pregunté aun algo furioso — Supongo que esa gente de los cabos no son Marines salvando a los que se ahogan — dije, señalando hacia los cabos — Mueve esas ridículas alas de grillo y haced vuestro puto trabajo — recomendé, más bien como una exigencia, de las peores formas que me eran posibles por culpa de mi enfado actual, centrando toda mi atención en todos los presentes de la plataforma. A saber cómo cojones iba a salir ahora de aquí...
El impacto del barco contra el final de la cascada fue brutal. Tanto que salimos volando del mismo, que quedó completamente destruido en el acto, y acabamos como guijarros en el viento diseminados por algún caprichoso destino, aterrizando algo aparatosamente en unas plataformas que había algunos metros más adelante, que pareciera que estaban ahí colocadas para servir de punto de apoyo para todos los que naufragaban en el impacto de los navíos al descender, y donde pudieran sustentarse tras nadar hasta ellas. Por suerte no fue nuestro caso, ya que llegamos directamente hacia ellas.
El aterrizaje fue hombro mediante, impacto del casco en la madera y una maniobra de rotación por parte del cuerpo para tratar de incorporarme, sin éxito inmediato. La plataforma era de varios pies de largo por cada lado, a ojo serían varias decenas de metros, completamente de madera y flotaba de forma relativamente estable sobre el mar, tranquilo. Por donde habíamos venido, pasando entre los dos cabos famosos de entrada al Grand Line, Los Cabos Gemelos, había grupos de piratas tirando redes para pescar los cuerpos de quienes iban apareciendo al final de la cascada. Giré en derredor y pude observar como en las proximidades había otras tantas plataformas similares a esta, que iban recibiendo distintos seres que llegaban volando, al igual que nosotros. Como colofón, del lado contrario a los cabos y estando en una siguiente línea a las plataformas, como si quisieran que estas estuvieran atrapadas entre los cabos y ellos, había seis barcos, anclados y estáticos, desde los que se podía oír bullicio, como en los cabos: comentarios que pudieran reflejar que estas personas nos estaban esperando y literalmente, pescaban esclavos.
Me incorporé. En el lado más próximo hacia los barcos, exactamente en el centro y con el borde de la plataforma a mis espaldas a cuatro metros. Frente a mi... bueno. Estaba prestando especial atención a la situación que tenía delante... dos marines, a unos veinte metros hacia el frente y mi diestra. Uno con un bigote de lo más extraño, y el niño cucaracha del barco. Sonreí y crují mis nudillos. Qué casualidades más maravillosas tiene la vida. Frente a ellos una mujer rubia con cicatrices, aproximadamente a la misma distancia de mi, pero a la siniestra. Ella les gritaba que qué estaba pasando aquí, haciendo que parecieran nerviosos, susurrando entre ellos que debían pedir refuerzos. Un par de tipos más que no sabía si estaban vivos o muertos ocupaban otras posiciones en la plataforma, pero no les presté atención en absoluto pues, pude escuchar las palabras del niño bicho y me hicieron sumar dos más dos. ¿Por qué pedirían refuerzos? ¿para encargarse de los piratas de las redes?. Uno de los otros dos tipos empezó a parlotear ajeno a todo, ofreciendo cigarros y presuponiendo muchas cosas. Le ignoré por completo bufando con cierta pesadez.
Pero justo sonó mi Den Den Mushi, en mi bolsillo derecho, haciendo que mi atención se desviara hasta ese punto, atendiendo la llamada.
— Quie... — intenté preguntar, escuchando una voz de alguien que me llamaba enano y decía que estaba a mi derecha. Me giré, visiblemente enfadado hacia esa posición, con el Den Den frente a la boca — ¡¡ME CAGÜEN TUS MUERTOS!! — grité furioso mirándole. Un tipo grande con el pelo largo — ¡Espera que acabe con la cucaracha y después voy a por ti! — grité colgando el Den Den y guardándolo en mi bolsillo, furioso, prestando mi atención de nuevo a los dos Marines — ¿Y vosotros a qué cojones estáis esperando para poner algo de orden en la situación? — pregunté aun algo furioso — Supongo que esa gente de los cabos no son Marines salvando a los que se ahogan — dije, señalando hacia los cabos — Mueve esas ridículas alas de grillo y haced vuestro puto trabajo — recomendé, más bien como una exigencia, de las peores formas que me eran posibles por culpa de mi enfado actual, centrando toda mi atención en todos los presentes de la plataforma. A saber cómo cojones iba a salir ahora de aquí...
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