Kibai echó un largo trago de su jarra, dejando que el calor de la bebida quitase los últimos restos del frío de la noche de Pushkin.
Inclinándose de nuevo sobre la barra, se sacó la gorra para agitar la cabeza a ambos lados, tratándo de imaginar de cuántas maneras distintas podría hacerle tragar al músico del local su dichoso acordeón.
"Pensaba que sería el único Marine aquí esta noche,"
Alzando una ceja con curiosidad, Kibai giró la caebza hacia la dirección de dónde había venido la voz. Su intrlocutor era un joven de pelo rubio y piel clara, que estaba sentado solo en una de las mesas del local. A pesar del frío exterior, apenas portaba una versión sin mangas de la camisa oficial de la Marina.
"Otro que no tiene frío..." pensó Kibai mientras se giraba para acodarse en la barra mirando al joven. Los ojos del chico lo recorrieron de arriba a abajo desde detras de su jarra. Un breve vistazo a sus hombros le reveló que ostentaba el rango de sargento.
"Déjame adivinar, ¿recién llegado a Roshwan?
Kibai se irguió un poco, enderezando su postura.
"Culpable, señor" respondió. "Llevo aquí como una semana, aunque para ser honestos, apenas me ha dado tiempo a conocer el lugar y cerciorarme de que al menos en uno de estos garitos tengan algo decente para tomar"
Las últimas palabras las soltó en un tono un poco más alto, lo justo para que el tabernero ( que aunque extrañado en un principio, no había puesto mayores reparos a su petición de unos días atrás acerca de tener leche en el bar para cuando viniese a echar un trago) , levantase la cabeza de los vasos que estaba limpiando y lo mandase a paseo con ademán de la mano.
Riéndose entre dientes, Kibai sujetó a Raimei con la mano libre y se acercó a la mesa del joven. Para ser sincero, ni su cara ni su olor le sonaban, pero aún le costaba distinguir a cada persona del cuartel, especialmente porque al dormir en barracones era sencillo confundir un olor con otro.
Con un gesto despreocupado, señaló la silla vacía al otro lado del joven.
"¿Puedo sentarme?"
Inclinándose de nuevo sobre la barra, se sacó la gorra para agitar la cabeza a ambos lados, tratándo de imaginar de cuántas maneras distintas podría hacerle tragar al músico del local su dichoso acordeón.
"Pensaba que sería el único Marine aquí esta noche,"
Alzando una ceja con curiosidad, Kibai giró la caebza hacia la dirección de dónde había venido la voz. Su intrlocutor era un joven de pelo rubio y piel clara, que estaba sentado solo en una de las mesas del local. A pesar del frío exterior, apenas portaba una versión sin mangas de la camisa oficial de la Marina.
"Otro que no tiene frío..." pensó Kibai mientras se giraba para acodarse en la barra mirando al joven. Los ojos del chico lo recorrieron de arriba a abajo desde detras de su jarra. Un breve vistazo a sus hombros le reveló que ostentaba el rango de sargento.
"Déjame adivinar, ¿recién llegado a Roshwan?
Kibai se irguió un poco, enderezando su postura.
"Culpable, señor" respondió. "Llevo aquí como una semana, aunque para ser honestos, apenas me ha dado tiempo a conocer el lugar y cerciorarme de que al menos en uno de estos garitos tengan algo decente para tomar"
Las últimas palabras las soltó en un tono un poco más alto, lo justo para que el tabernero ( que aunque extrañado en un principio, no había puesto mayores reparos a su petición de unos días atrás acerca de tener leche en el bar para cuando viniese a echar un trago) , levantase la cabeza de los vasos que estaba limpiando y lo mandase a paseo con ademán de la mano.
Riéndose entre dientes, Kibai sujetó a Raimei con la mano libre y se acercó a la mesa del joven. Para ser sincero, ni su cara ni su olor le sonaban, pero aún le costaba distinguir a cada persona del cuartel, especialmente porque al dormir en barracones era sencillo confundir un olor con otro.
Con un gesto despreocupado, señaló la silla vacía al otro lado del joven.
"¿Puedo sentarme?"
