30-09-2025, 12:11 AM
Stroud se había acomodado de más en el taburete, permitiéndose incluso apoyar la espalda de manera relajada mientras daba un trago a su jarra de forma poco apresurada, pausada. Disfrutaba la calma de un lugar como aquel, en que todo el mundo iba a lo suyo, sin hacer preguntas; todos, quien más y quien menos, estaban allí por motivos similares. Repentinamente, la puerta del local produjo un golpe seco al cerrarse, dejando entrar, como de costumbre, una corriente de aire helado que hizo temblar las llamas de las lámparas de aceite. Varias miradas se clavaron en el recién llegado, como lo habían hecho hacía unos minutos con Stroud; esta vez, sin embargo, parecieron un poco más atentas, como si lo que hubiera entrado les provocase una desconfianza mayor. Stroud miró por encima de su hombro, contemplando al recién llegado. Alzó levemente las cejas, no pudiendo contener su asombro. La camarera y el tabernero apenas parecieron inmutarse.
No era, desde luego, el primer Marine mink con el que se cruzaba a lo largo de su trayectoria, pero jamás había dejado de darle una cierta impresión. Sentía un silencioso respeto por ellos, que, según sabía, con frecuencia debían demostrar un poco más de lo normal para ser aceptados en la Marina. Resultaba hilarante, sin embargo, el contraste entre el silencio que se había generado con la llegada del mink y la estúpida melodía que el acordeonista continuaba tocando, que parecía completamente fuera de tono y lugar. A diferencia de otras ocasiones, en cambio, la atención sobre el mink se disipó rápidamente, y el resto de parroquianos no parecieron darle demasiada importancia. No se solían ver por Roshwan, pero tampoco era el primero.
Sus ojos oscuros analizaron el atuendo del extraño, que vestía casi como un Almirante, o eso podía parecer a simple vista. Sin embargo, carecía de los galones necesarios. Una interesante opción estilística para un soldado raso, sin duda. Observó, alzando una ceja, cómo el mink dejaba el sable de empuñadura negra contra la barra, apretando un poco los labios con desaprobación. "Un novato," pensó. La mayoría de Marines eran conscientes de la imprudencia que resultaba dejar el arma expuesta en un entorno civil o desconocido; no formaba parte de la instrucción, claro, sino que se lo solía enseñar la experiencia.
"Pensaba que sería el único Marine aquí esta noche," afirmó audiblemente desde su mesa, haciendo un sutil ademán con la cabeza hacia el recién llegado. Como de costumbre, de nada servía cuánto alzase o bajase la voz: su tono jamás variaba, únicamente su volumen. "Déjame adivinar, ¿recién llegado a Roshwan?," inquirió, dando un pequeño trago de su jarra, examinando al mink de arriba a abajo. A estas alturas, se conocía ya a la mayoría de Marines destinados en el cuartel de Roshwan, al menos a los soldados rasos y al resto de sargentos, por lo que pocos extraños se le escapaban. Siempre le resultaba interesante escuchar qué opinaban los novatos de su nueva isla.
No era, desde luego, el primer Marine mink con el que se cruzaba a lo largo de su trayectoria, pero jamás había dejado de darle una cierta impresión. Sentía un silencioso respeto por ellos, que, según sabía, con frecuencia debían demostrar un poco más de lo normal para ser aceptados en la Marina. Resultaba hilarante, sin embargo, el contraste entre el silencio que se había generado con la llegada del mink y la estúpida melodía que el acordeonista continuaba tocando, que parecía completamente fuera de tono y lugar. A diferencia de otras ocasiones, en cambio, la atención sobre el mink se disipó rápidamente, y el resto de parroquianos no parecieron darle demasiada importancia. No se solían ver por Roshwan, pero tampoco era el primero.
Sus ojos oscuros analizaron el atuendo del extraño, que vestía casi como un Almirante, o eso podía parecer a simple vista. Sin embargo, carecía de los galones necesarios. Una interesante opción estilística para un soldado raso, sin duda. Observó, alzando una ceja, cómo el mink dejaba el sable de empuñadura negra contra la barra, apretando un poco los labios con desaprobación. "Un novato," pensó. La mayoría de Marines eran conscientes de la imprudencia que resultaba dejar el arma expuesta en un entorno civil o desconocido; no formaba parte de la instrucción, claro, sino que se lo solía enseñar la experiencia.
"Pensaba que sería el único Marine aquí esta noche," afirmó audiblemente desde su mesa, haciendo un sutil ademán con la cabeza hacia el recién llegado. Como de costumbre, de nada servía cuánto alzase o bajase la voz: su tono jamás variaba, únicamente su volumen. "Déjame adivinar, ¿recién llegado a Roshwan?," inquirió, dando un pequeño trago de su jarra, examinando al mink de arriba a abajo. A estas alturas, se conocía ya a la mayoría de Marines destinados en el cuartel de Roshwan, al menos a los soldados rasos y al resto de sargentos, por lo que pocos extraños se le escapaban. Siempre le resultaba interesante escuchar qué opinaban los novatos de su nueva isla.

![[Imagen: 7oac6oR.gif]](https://i.imgur.com/7oac6oR.gif)
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