28-09-2025, 02:49 AM
(Última modificación: 28-09-2025, 02:51 AM por Hyákinthos.)
Ladeó su cabeza para mirar al pelinegro, en sus ojos se dibujaba una duda que para el médico era por completo genuina: —¿Qué traficante de órganos sería tan descuidado de secuestrar a su víctima a plena luz de día y con tantos testigos? Solo alguien que desea que lo descubran, un novato, tal vez…Si le preguntamos a más personas en esta calle seguro que la han visto —. Mientras hablaba miraba hacia el cielo, centrándose en el ir y venir de las nubes, además, aprovechando la claridad de esa bóveda infinita para recordar el color de cabello de la supuesta hermana de “Rojo”. —Y que sepas que no soy indolente, solo no exagero las cosas como haces tú —. Se encogió de hombros y bajó su mirada para enfocarse en el gyojin que era quien hablaba ahora.
—Li Yuan —Repitió el nombre en voz alta para no tener que olvidarlo en el tiempo que pasara con él, ya fueran unos minutos, un par de horas o todo el día. —Li… ¿Puedo llamarte solo Li? Es corto y fácil de recordar, yo soy Hyákinthos, pero puedes llamarme Hyak o Cherry, como prefieras…no soy quisquilloso con mi nombre —. De por sí es un milagro que lo recordara.
Habría preferido quedarse hablando por un rato más, aunque fuera bajo el sol, pero no, las personas dispersándose en la plaza central fueron el motivo por el cual su pelinegro acompañante volvió a ponerse alerta. Suspiró con cansancio, no queriendo tener que ir hacia un lugar en donde el tumulto de gente, aunque disolviéndose poco a poco, era mayor a dónde se encontraban, pero ¿Qué opción tenía? Quedarse solo significaría volver a perderse y lo único que pasaba por su mente era regresar al barco sano y salvo… ¿Acaso era mucho pedir? Aparentemente sí.
Azul celeste.
Cabellos azul celeste.
Verlos mecerse con el viento, imitando el color del océano, fue suficiente para saber que esa imagen etérea de sirena que alcanzó a ver cuando estuvo más cerca, pertenecía justamente a aquella muchacha que antes buscaban.
Sus ojos brillaron, aquello era suficiente como para cancelar todo e ir de regreso al puerto. ¿No? ...No.
¿Por qué lloraba?
Su corazón se aceleró apenas un poco más de lo habitual al creer que, quizá estuvo equivocado, que quizá algo o alguien si llegó a hacerle daño, pero ¿Cómo? ¿Por qué? Tuvo la intención de acercarse a la chica, pero el pelinegro se adelantó para abrazarla y…
—Por favor, no…
¿Por qué sentía que ya había vivido algo como esto? Tal vez porque así era, por más que su mente no pudiera recordarlo.
El tiro en el aire le heló la sangre, lo hizo quedarse en su sitio tan quiero que apenas y respiraba suavemente, como si temiera que sus reacciones pudieran alterar más al pistolero, más bien parecía como si la amenaza fuera dirigida a él por lo pálido que se puso.
—¡Hey! ¿Qué crees que haces? ¡Baja esa cosa! ¡Bájala! ¡Bájala! ¡No puedes…! No puedes ir por ahí amenazando a las personas, ni siquiera sabes lo que sucedió, tal vez él…tal vez…solo…la estaba ayudando —. Miró al gyojin que, para su sorpresa, aun seguía a un lado de ellos, a pesar de que la mayoría de las personas que estaban cerca empezaron a gritar y se alejaron en cuanto escucharon el disparo al aire, que llegó solo para romper la tranquilidad de ese pequeño pueblo. —Li… ¿Puedes decirle algo? ¡Lo que sea!
Y lamentablemente el chico sí que dijo “lo que sea”. El rostro del médico pasó de estar blanco a estar aún más pálido que cuando escuchó el balazo al aire. ¿Romperle las piernas? ¿Ahí en público? Eso no sonaba a una buena idea, no porque le importara lo que pudiera llegar a sucederle al extraño, si no porque testigos lo habrían visto con el gyojin y el pistolero de rojo, habían hablado el tiempo suficiente para que cualquier extraño pudiera asumir que se conocen y que son cómplices de un crimen.
—¿Estás loco? —La pregunta fue dirigida primero al chico pez y luego, el pelirosa alzó su cabeza para notar que el pelinegro seguía apuntándole al extraño con su arma. —¿Están locos? ¡No pueden hacer estas cosas en público!
Dio un par de pasos hasta quedar a espaldas de Jensen para después tomarlo del brazo en un movimiento rápido. Sostuvo su muñeca con fuerza suficiente para intentar desarmarlo y luego reducirlo contra el suelo, mientras que sostenía la mano con la que apuntó al otro chico en la espalda, para que zafarse fuera más complicado.
—No voy a arriesgarme a atraer la atención de marines porque no saben controlarse, así que si vuelves a apuntarle a alguien en mi presencia voy a asegurarme que pases dos meses con un yeso en esa mano tuya —. Le habló con voz suficientemente alta para que el resto pudiera escucharlo. —Li…¿Puedes alejar esa pistola? —No sabía si el gyojin haría caso o no, pero no estaba de más intentar. — Tranquilo, Rojo, te la devolveremos cuando te tranquilices.
—Y tu…—Sin soltar a Jensen, levantó su rostro para mirar al desconocido que, a todas luces, parecía ser el culpable de hacer llorar a la peliceleste. —… ¿Algo qué decir? ¿Por qué ella está llorando? —Quisiera poder recordar el nombre de la medio gyojin, pero este le era tan esquivo como el de cualquiera que no hubiera pasado mucho tiempo a su lado.
—¿Qué pasó, sirena? —Si no recordaba su nombre, al menos le diría un apodo. —¿Por qué esas lágrimas empañan tus bellos ojos? ¿Este hombre te hizo algo? —Tendría que escuchar ambas versiones para saber lo que en verdad sucedía, después de todo, las historias siempre tenían dos caras. —Quisiera que lo dijeras lo más rápido que puedas, porque ese disparo seguro atraerá atención indeseada y no quisiera verme envuelto en ningún problema y asumiré que tu tampoco —. Del resto no podía decir nada, aunque dudaba mucho que alguien quisiera ofrecerse voluntariamente a calentar una celda en una base de la marina.
Léeme
