27-09-2025, 12:51 AM
Cantó una noche y la siguiente. Se encontró en esa situación que no la dejan ir, porque parece que el público aparece para ver a alguien extraña, que parece que ha venido de otro lugar ¿Qué tal de la luna? Se escuchan rumores que no son, una vez más se encontró siendo un ser que parece que viene de más allá de las estrellas, justo como cuando estaba en su hogar.
La favorita de Dios no tiene tantos beneficios como el mundo cree, tampoco le gusta.
Es un silencio sepulcral, hasta que finalmente terminó. No pudo ver lo que hace la gente, pero es lo mismo que en las misas, ese silencio solemne que la lleva a juntar sus manos, como si fuese una plegaria de que alguien haga algo.
Y ocurre, porque aparece el dueño de la taberna para guiarla bajo el escenario con cuidado. No llevó su bastón, simplemente se ayudó de alguien más, bajando los escalones como si fuesen una tarea titánica. Una vez se encontró abajo apareció un dinero que no necesita, que no ha pedido tampoco, pero lo aceptó como siempre.
Porque las ofrendas nunca se rechazan. Vienen desde el corazón ¿No?
—¿Quieres algo para beber?
—Uhm, sí, claro — pensó en un jugo o un poco de agua para quitarse la sensación que no se va. Sus manos tardaron en encontrar el recipiente de madera, pero con paciencia encontró el mango y lo tomó — Gracias.
Caminó con cuidado, no porque se le vaya a derramar la bebida, sino porque es dificil avanzar entre tantas mesas. Es un comedor con un aroma que no le gusta del todo, porque donde ha pasado la mayoría de su vida siempre está ordenado y este no.
Le dio un trago a la bebida y no le gustó. Su rostro se arrugó y escupió de regreso el alcohol, dejándolo en el recipiente. No es el acto más decoroso ni por asomo, pero supuso que no beberá más de lo que le han servido.
Un paso en falso la llevó a chocar con uno de los tarros de madera, golpeando a alguien en el proceso. Incluso le tiró un poco de su bebida a un hombre que no pudo ver — Lo lamento — se disculpó, escuchando como se queja que ha perdido su bebida — Puedo darle la mía.
Pudo escuchar como se voltea para verla, al menos ha captado su atención sin que se enoje — Ah, no espere. No puedo dársela… porque — habría mirado el interior, pero en realidad sus párpados siempre están escondiendo sus ojos — Porque escupí en ella.
Suena a broma, tanto que el mundo se rió de la situación, la mesa de al lado no dudó en llenar el ambiente con una carcajada al ver el acontecimiento. Porque parece excusa, tanto como para que la duda pueda parecer una respuesta lógica.
—Podría… traer una nueva ¡O ya se! Tengo dinero — buscó en su bolsillo y se lo ofreció — No sé cuánto es, pero quizás es suficiente — no conoce el dinero como tal, incapaz de verlo todos los trozos tienen el mismo valor para ella. — O de alguna otra manera.
La favorita de Dios no tiene tantos beneficios como el mundo cree, tampoco le gusta.
Es un silencio sepulcral, hasta que finalmente terminó. No pudo ver lo que hace la gente, pero es lo mismo que en las misas, ese silencio solemne que la lleva a juntar sus manos, como si fuese una plegaria de que alguien haga algo.
Y ocurre, porque aparece el dueño de la taberna para guiarla bajo el escenario con cuidado. No llevó su bastón, simplemente se ayudó de alguien más, bajando los escalones como si fuesen una tarea titánica. Una vez se encontró abajo apareció un dinero que no necesita, que no ha pedido tampoco, pero lo aceptó como siempre.
Porque las ofrendas nunca se rechazan. Vienen desde el corazón ¿No?
—¿Quieres algo para beber?
—Uhm, sí, claro — pensó en un jugo o un poco de agua para quitarse la sensación que no se va. Sus manos tardaron en encontrar el recipiente de madera, pero con paciencia encontró el mango y lo tomó — Gracias.
Caminó con cuidado, no porque se le vaya a derramar la bebida, sino porque es dificil avanzar entre tantas mesas. Es un comedor con un aroma que no le gusta del todo, porque donde ha pasado la mayoría de su vida siempre está ordenado y este no.
Le dio un trago a la bebida y no le gustó. Su rostro se arrugó y escupió de regreso el alcohol, dejándolo en el recipiente. No es el acto más decoroso ni por asomo, pero supuso que no beberá más de lo que le han servido.
Un paso en falso la llevó a chocar con uno de los tarros de madera, golpeando a alguien en el proceso. Incluso le tiró un poco de su bebida a un hombre que no pudo ver — Lo lamento — se disculpó, escuchando como se queja que ha perdido su bebida — Puedo darle la mía.
Pudo escuchar como se voltea para verla, al menos ha captado su atención sin que se enoje — Ah, no espere. No puedo dársela… porque — habría mirado el interior, pero en realidad sus párpados siempre están escondiendo sus ojos — Porque escupí en ella.
Suena a broma, tanto que el mundo se rió de la situación, la mesa de al lado no dudó en llenar el ambiente con una carcajada al ver el acontecimiento. Porque parece excusa, tanto como para que la duda pueda parecer una respuesta lógica.
—Podría… traer una nueva ¡O ya se! Tengo dinero — buscó en su bolsillo y se lo ofreció — No sé cuánto es, pero quizás es suficiente — no conoce el dinero como tal, incapaz de verlo todos los trozos tienen el mismo valor para ella. — O de alguna otra manera.
Cuando no se ve, hay muchas cosas que son más de lo mismo.
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