26-09-2025, 12:17 AM
(Última modificación: 26-09-2025, 12:18 AM por Max D. Bambú.)
Desde el subsuelo, ajeno a los acontecimientos de la superficie, Don Bambú avanzaba lenta pero inexorablemente, como la deriva continental. Se percató a través de su percepción extrasensorial de que el grupo de enemigos del que supuestamente debía de encargarse Beto todavía no había perdido la consciencia ni la vida. Sus auras resplandecían llenas de energía y emitían emociones diversas, aunque todas ellas propias de personas en pleno acto de pelea. Por su nivel de poder, Bambú supuso que Beto ya habría acabado con todos. No le dio más vueltas al asunto, sin embargo, porque sabía que tanto Beto como Kisuke eran usuarios de logia y, como tales, completamente invulnerables ante los soldados rasos del reino. Se preocuparía si Jamonada estuviera cerca, ya que seguramente fuera un usuario de haki armadura como ningún otro, pero de momento no parecía ser el caso.
Kisuke le habló a través de su pequeño ser de ceniza y le indicó que los 140 guardias eran su objetivo. Los que estaban a sus once, dijo, aunque debido al lento desplazamiento de la tropa la horda pasó rápidamente a abarcar también las doce. Una sonrisa cruzó el rostro del panda en la oscuridad de su túnel, pues no necesitaba acercarse más para hacer lo que tenía planeado. No tenía muy claro cuál era la construcción del edificio bajo el que se encontraba, pero lo que sí sabía es que sus 140 objetivos se estaban moviendo lentamente hacia su camarada, dejando desprotegido el flanco para un posible ataque sorpresa. Sin avanzar más, Max flexionó su brazo derecho hacia atrás y lanzó un poderoso puñetazo hacia la tierra directamente delante suya. Delante suya, emergiendo en la superficie, una enorme ola de pavimento, piedras y tierra se elevó hasta una altura de 5 metros y comenzó a avanzar hacia el grupo de soldados que pretendían emboscar a Kisuke. —¡No os acercaréis al comandante Kageyama, traidores de clase HONHONHONHON —Confiando plenamente en que Beto se repondría, Don Bambú continuó su sigiloso avance hacia delante, moviéndose otros 8 metros.
Kisuke le habló a través de su pequeño ser de ceniza y le indicó que los 140 guardias eran su objetivo. Los que estaban a sus once, dijo, aunque debido al lento desplazamiento de la tropa la horda pasó rápidamente a abarcar también las doce. Una sonrisa cruzó el rostro del panda en la oscuridad de su túnel, pues no necesitaba acercarse más para hacer lo que tenía planeado. No tenía muy claro cuál era la construcción del edificio bajo el que se encontraba, pero lo que sí sabía es que sus 140 objetivos se estaban moviendo lentamente hacia su camarada, dejando desprotegido el flanco para un posible ataque sorpresa. Sin avanzar más, Max flexionó su brazo derecho hacia atrás y lanzó un poderoso puñetazo hacia la tierra directamente delante suya. Delante suya, emergiendo en la superficie, una enorme ola de pavimento, piedras y tierra se elevó hasta una altura de 5 metros y comenzó a avanzar hacia el grupo de soldados que pretendían emboscar a Kisuke. —¡No os acercaréis al comandante Kageyama, traidores de clase HONHONHONHON —Confiando plenamente en que Beto se repondría, Don Bambú continuó su sigiloso avance hacia delante, moviéndose otros 8 metros.
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