[T2] ¿Por qué hay un gigante en mi cocina?
#12
El sótano todavía humeaba, pero gracias a mis manos y a la testarudez de Stroud, lo peor ya estaba contenido. El grandullón de los guantes tenía razón, no era buena idea meter más civiles en medio del problema. Yo, que nunca fui precisamente la tipa más prudente, había actuado por instinto al gritarles a los vecinos, pero verlo tan serio, con esa calma casi militar que tiene incluso cuando todo se tambalea, me hizo dar un paso atrás y reconsiderar.
 
—Tch… está bien, kyararara, te lo concedo, Stroud. Si la casa se viene abajo no quiero estar recogiendo pedazos de vecinos. —dije, rascándome la nuca y lanzando una última mirada a las brasas apagadas.
 
Con la lona empapada y la harina cubriendo las últimas chispas, el incendio estaba prácticamente sofocado. El olor era horrible, mezcla de pan podrido, aguardiente rancio y madera calcinada, pero al menos ya no había peligro de explosión, mis botas chapoteaban en el suelo embarrado, y cada paso me recordaba que estábamos caminando sobre un tablero a punto de colapsar.
 
—Venga, no perdamos más tiempo. El problema ahora no son las brasas, es el gigantón ese. —mascullé, siguiendo a Stroud de regreso por las escaleras torcidas.
 
Al salir del sótano, el cambio fue inmediato. El aire estaba más frío, pero también más pesado por los murmullos de los vecinos y los crujidos de la estructura, el ambiente entero parecía contener la respiración y en medio de todo, ahí estaba Pixie, que para mí no era más que el “niño gigante”, con harina en las mejillas, una sonrisa nerviosa y las manos llenas de cacharros aplastados, Bertram, de pie ante él, hablaba con esa voz calmada que hasta a mí me tranquilizaba, pero la situación era como tener pólvora al lado de una antorcha.
 
Me crucé de brazos y observé, mientras Pixie preguntaba con esos ojos grandes y torpes si de verdad no queríamos que cocinara, pero el techo respondió antes que nosotros con un crujido largo, profundo, y luego un alud de tejas cayendo a la calle. Los gritos de los vecinos retumbaron como un coro de alarma.
 
—Esto se va al carajo si no lo sacamos ya. — murmuré para mí misma, con media sonrisa torcida entonces avancé unos pasos, dejando que el kanabō en mi espalda golpeara contra la viga más cercana con un sonido sordo, el eco atrajo la atención del gigante, que me miró curioso.
 
—¡Oye, grandulón! —troné, usando mi voz fuerte, pero sin sonar amenazante —No es que nadie quiera tu desayuno, ¿entiendes? ¡Es que tu cocina es demasiado chiquita! — Pixie ladeó la cabeza, confundido, como si nunca se hubiera parado a pensar en que podía ser él, y no la receta, el problema, me acerqué otro poco, extendiendo la mano abierta hacia la pared.
 
—Mira. — con un toque ligero, hice flotar una silla rota, girándola en el aire frente a sus narices —¿Ves esto? La romí yo, también tengo que ir con cuidado, si no, todo se rompe. Igual que tú con esa sartén. — El gigante abrió la boca, sorprendido, mientras la silla flotaba como un juguete ante sus ojos. Bertram seguía con su discurso tranquilo, ofreciéndole un lugar mejor para cocinar, y yo aproveché para reforzarlo a mi manera, más directa.
 
—Si de verdad quieres cocinar para todos, tienes que salir de aquí ya. — Me hice flotar a mi misma unos metros en el aire quedando frente al gigante, pero no tan cerca para que sea peligroso — Afuera podemos buscarte un sitio grande, fuerte, donde no se caiga nada encima, donde incluso yo puedo volar con total libertad, pero si sigues aquí, lo único que vas a darles es un desayuno de escombros, ¿me entiendes? — Mi tono era áspero, pero no agresivo, quería que lo entendiera como se le habla a un niño testarudo.
 
El murmullo de los vecinos creció otra vez, algunos pedían que lo sacáramos a la fuerza, otros rogaban que no lo enfadáramos, yo los mandé callar con un gesto seco de la mano, sin apartar los ojos del gigante. —Tu decisión, grandote, o te levantas despacio y sales con nosotros, o esta casa se te cae encima y no quiero tener que hacer que floten tus huesos, kyarararara kyarararara— Esperé, con los brazos cruzados y el kanabō preparado por si acaso, aunque en el fondo esperaba que no hiciera falta usarlo. Porque en su mirada no había maldad, solo esa confusión torpe de alguien que no entiende su propia fuerza.


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RE: [T2] ¿Por qué hay un gigante en mi cocina? - por Imai Seeman - 25-09-2025, 06:16 PM

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