24-09-2025, 09:02 PM
(Última modificación: 24-09-2025, 10:47 PM por Kayseira Ashter.)
Día 1 de primavera del año 16
Quizás se ha vuelto un hábito más, añadido a mi vicio de fumar más de la cuenta cuando le doy vueltas a las cosas. Pero es de noche, el faro solo se ilumina por la propia luz que él da, y tras subir las escaleras durante quince minutos empieza a arrepentirme.
Al final, en cuanto estoy arriba, las vistas, el aire marino, hacen que definitivamente merezca la pena el viaje.
Punto para mi nuevo hábito de encontrar lugares bonitos para fumarme el cigarro antes de dormir.
La cima del faro es tranquila, al final no deja de ser una gran terraza circular con una barandilla de metal y un pequeño techo. La luz da vueltas en el medio mientras me pongo cómoda, ha sido un día algo largo para mi gusto.
Me quito las botas, quedando descalza, luego iré a andar por la playa y es más sencillo de esta manera. Las dejó a un lado, me sacudo los ajustados pantalones negros y me remango las mangas de la camisa hasta los codos, tras dejar como siempre un par de botones del frente abierto.
Este va a ser mi momento de tranquilidad, sin líos, sin problemas.
Tomo aire, enciendo el cigarro, doy la primera calada, respiro y…
-¿Miau?
¿Eso qué escucho es un gato? Alzo ambas cejas, algo extrañada, no identifico del todo donde escucho los maullidos, pero suenan bajos. El gato no tiene que ser muy grande para emitir ese sonido tan suave.
Empiezo a ver de dónde demonios sale ese sonido, el cigarro que se supone iba a fumarme tranquila va muriendo en mis labios mientras doy vuelta.-Me estás jodiendo, ¿Verdad?-Porque creo que ya se donde está el puñetero gato.
Ni tranquilidad, ni nada, el gato está en el tejado del maldito faro.
Tomo aire, dejo el tabaco junto con mi mechero favorito con mis botas y el resto de cosas y saco el cuerpo por la barandilla, mirando al techo. Puedo ver al final una pequeña bolita blanca, peluda, ya gris seguramente de la suciedad maullando y…¿La verdad? A veces me gustaría ser todo el tiempo una hija de puta sin corazón.
-Me voy a abrir la cabeza seguro.-Pero ahí voy, armando un escándalo que seguramente pueda escucharse a quince metros a la redonda, me subo a la barandilla, me agarro al borde del tejado y empiezo a trepar.
-Espero que nadie se piense que soy un suicida y llame a las autoridades.-Farfullo entre dientes, quejándome, consiguiendo subir finalmente, suspirando.-Ven aquí, maldita bola de pelo.-El pequeño animal se dejó agarrar, mientras lo miraba con curiosidad.
¿Cómo demonios ha terminado aquí? Bueno, lo mismo se podría decir de mi.
Miro el panorama desde el tejado, silbando ante las imponentes vistas y me doy cuenta de un pequeño detalle: ni de broma puedo bajar a la barandilla con el gato encima sin que nos matemos.
-Joder.-Soy una genio, sin duda, he pensado en como subir pero no en como demonios iba a bajar. Paso los dedos por los desordenados cabellos blancos, mirando al cielo nocturno y procedo a renunciar a todo atisbo de amor propio.
-¡¿Hay alguien por ahí?! ¡Necesito ayuda para bajar del tejado! ¡¿Hola?!-Por favor, que alguien me escuche, que como tenga que empezar a ponerme imaginativa va a ser verdad que voy a terminar abriéndome la cabeza contra las rocas.
El gato maúlla, y yo miro sus ojos azules con una ceja levantada.
-No estás colaborando, que lo sepas.
Quizás se ha vuelto un hábito más, añadido a mi vicio de fumar más de la cuenta cuando le doy vueltas a las cosas. Pero es de noche, el faro solo se ilumina por la propia luz que él da, y tras subir las escaleras durante quince minutos empieza a arrepentirme.
Al final, en cuanto estoy arriba, las vistas, el aire marino, hacen que definitivamente merezca la pena el viaje.
Punto para mi nuevo hábito de encontrar lugares bonitos para fumarme el cigarro antes de dormir.
La cima del faro es tranquila, al final no deja de ser una gran terraza circular con una barandilla de metal y un pequeño techo. La luz da vueltas en el medio mientras me pongo cómoda, ha sido un día algo largo para mi gusto.
Me quito las botas, quedando descalza, luego iré a andar por la playa y es más sencillo de esta manera. Las dejó a un lado, me sacudo los ajustados pantalones negros y me remango las mangas de la camisa hasta los codos, tras dejar como siempre un par de botones del frente abierto.
Este va a ser mi momento de tranquilidad, sin líos, sin problemas.
Tomo aire, enciendo el cigarro, doy la primera calada, respiro y…
-¿Miau?
¿Eso qué escucho es un gato? Alzo ambas cejas, algo extrañada, no identifico del todo donde escucho los maullidos, pero suenan bajos. El gato no tiene que ser muy grande para emitir ese sonido tan suave.
Empiezo a ver de dónde demonios sale ese sonido, el cigarro que se supone iba a fumarme tranquila va muriendo en mis labios mientras doy vuelta.-Me estás jodiendo, ¿Verdad?-Porque creo que ya se donde está el puñetero gato.
Ni tranquilidad, ni nada, el gato está en el tejado del maldito faro.
Tomo aire, dejo el tabaco junto con mi mechero favorito con mis botas y el resto de cosas y saco el cuerpo por la barandilla, mirando al techo. Puedo ver al final una pequeña bolita blanca, peluda, ya gris seguramente de la suciedad maullando y…¿La verdad? A veces me gustaría ser todo el tiempo una hija de puta sin corazón.
-Me voy a abrir la cabeza seguro.-Pero ahí voy, armando un escándalo que seguramente pueda escucharse a quince metros a la redonda, me subo a la barandilla, me agarro al borde del tejado y empiezo a trepar.
-Espero que nadie se piense que soy un suicida y llame a las autoridades.-Farfullo entre dientes, quejándome, consiguiendo subir finalmente, suspirando.-Ven aquí, maldita bola de pelo.-El pequeño animal se dejó agarrar, mientras lo miraba con curiosidad.
¿Cómo demonios ha terminado aquí? Bueno, lo mismo se podría decir de mi.
Miro el panorama desde el tejado, silbando ante las imponentes vistas y me doy cuenta de un pequeño detalle: ni de broma puedo bajar a la barandilla con el gato encima sin que nos matemos.
-Joder.-Soy una genio, sin duda, he pensado en como subir pero no en como demonios iba a bajar. Paso los dedos por los desordenados cabellos blancos, mirando al cielo nocturno y procedo a renunciar a todo atisbo de amor propio.
-¡¿Hay alguien por ahí?! ¡Necesito ayuda para bajar del tejado! ¡¿Hola?!-Por favor, que alguien me escuche, que como tenga que empezar a ponerme imaginativa va a ser verdad que voy a terminar abriéndome la cabeza contra las rocas.
El gato maúlla, y yo miro sus ojos azules con una ceja levantada.
-No estás colaborando, que lo sepas.
