19-09-2025, 05:20 AM
Narrador / María Merlot
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¿Por qué había salido el trío juntos?
Solo se dio la oportunidad
¿Por qué había salido la peliceleste?
Por ropa nueva.
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¿Por qué había salido el trío juntos?
Solo se dio la oportunidad
¿Por qué había salido la peliceleste?
Por ropa nueva.
Todo comenzó cuando la sangre no quiso salir de su ropa, que de paso era blanca. A pesar de sumergirse en el mar luego de quedar empapada, la mancha carmesí nunca salió. ¿Cómo termino llena de Sangre? Un solo nombre: Jensen Valentine. El día anterior habían salido de paseo, llegado a una taberna, incursionado en una disputa local y enviado a visitar a Kami a dos sujetos con precisos disparos en sus cabezas. Uno de ellos la estaba intentando arrastrar para abusarla, se merecía su muerte, aunque para cerdos así… una muerte agónica hubiera sido mejor pero no era el punto.
El pirata pelinegro, y de gatillo precoz, se hizo responsable del daño de su ropa ofreciéndose a comprarle otras prendas, en alguna de las tiendas del mercadillo que de día se alzaba por Karate. Así habían emprendido su nueva aventura juntos, con el sol de media tarde siguiendo sus pasos… cuando en el camino se encontraron con Hyakinthos, su adorado Algodón de Azúcar, a quien arrastraron con ellos, la memoria del hombre tenía duración corta. Por eso cuando María le lanzaba piropos su expresión siempre la hacía sonreír.
El bazar de la tarde estaba en su apogeo, las personas iban y venían, la risa y alegría se palpaba con solo llegar. El olor a comida, la música de fondo, todo parecía dado para disfrutar de un tranquilo paseo entre amigos. Sin embargo, entre el gentío y la hiperactividad de María Merlot, en un cerrar y abrir de ojos perdió a sus compañeros. ¿Le preocupaba? Realmente no, solo debía seguir andando de aquí para allá y los encontraría, o sino ellos la encontrarian a ella.
Tenía algunas monedas encima, compró una manzana bañada en caramelo; luego vio un stand de bisutería con conchas marinas, siguió andando sin prisas ni preocupaciones, sin norte ni rumbo, solo flotaba por el lugar hasta que se canso y se sentó en un banco, no sabría si llamar a ese sitio una especie de plazoleta pero había un banco disponible y ella lo utilizó, al principio sentada pero luego se recostó. El cielo empezaba a teñirse de tonos anaranjados, la noche caería en cualquier momento. La pierna de María se balanceaba de un lado a otro, y su cabello caía suelto hasta el suelo. Cerró los ojos y se dejó llevar por la melodía que de la nada comenzó, un sonido suave y pacifico, sereno y etéreo, lleno de sentimientos no dichos y de historias escondidas.
La chica se levantó del banco, inclinando su cabeza hacía un lado… ¿de dónde provenía ese sonido? No lo sabía pero cesó de pronto, llegó a su fin tan efímero como mágico.
— Jamás había visto a alguien tocar la flauta — dijo una mujer que pasaba a la distancia.
— Yo tampoco, lástima que ya tengamos que regresar a la taberna… — se iba quejando la segunda mujer.
— Y es totalmente mi tipo… — la voz se perdió en la multitud, la conversación llegó a su fin para los oídos de Maria.
El pirata pelinegro, y de gatillo precoz, se hizo responsable del daño de su ropa ofreciéndose a comprarle otras prendas, en alguna de las tiendas del mercadillo que de día se alzaba por Karate. Así habían emprendido su nueva aventura juntos, con el sol de media tarde siguiendo sus pasos… cuando en el camino se encontraron con Hyakinthos, su adorado Algodón de Azúcar, a quien arrastraron con ellos, la memoria del hombre tenía duración corta. Por eso cuando María le lanzaba piropos su expresión siempre la hacía sonreír.
El bazar de la tarde estaba en su apogeo, las personas iban y venían, la risa y alegría se palpaba con solo llegar. El olor a comida, la música de fondo, todo parecía dado para disfrutar de un tranquilo paseo entre amigos. Sin embargo, entre el gentío y la hiperactividad de María Merlot, en un cerrar y abrir de ojos perdió a sus compañeros. ¿Le preocupaba? Realmente no, solo debía seguir andando de aquí para allá y los encontraría, o sino ellos la encontrarian a ella.
Tenía algunas monedas encima, compró una manzana bañada en caramelo; luego vio un stand de bisutería con conchas marinas, siguió andando sin prisas ni preocupaciones, sin norte ni rumbo, solo flotaba por el lugar hasta que se canso y se sentó en un banco, no sabría si llamar a ese sitio una especie de plazoleta pero había un banco disponible y ella lo utilizó, al principio sentada pero luego se recostó. El cielo empezaba a teñirse de tonos anaranjados, la noche caería en cualquier momento. La pierna de María se balanceaba de un lado a otro, y su cabello caía suelto hasta el suelo. Cerró los ojos y se dejó llevar por la melodía que de la nada comenzó, un sonido suave y pacifico, sereno y etéreo, lleno de sentimientos no dichos y de historias escondidas.
La chica se levantó del banco, inclinando su cabeza hacía un lado… ¿de dónde provenía ese sonido? No lo sabía pero cesó de pronto, llegó a su fin tan efímero como mágico.
— Jamás había visto a alguien tocar la flauta — dijo una mujer que pasaba a la distancia.
— Yo tampoco, lástima que ya tengamos que regresar a la taberna… — se iba quejando la segunda mujer.
— Y es totalmente mi tipo… — la voz se perdió en la multitud, la conversación llegó a su fin para los oídos de Maria.
¿Debería acercarse hacia dónde indicaron las damas?
¿Valdría la pena disfrutar un momento de la música?
¿Y qué era exactamente "su tipo"?
¿Valdría la pena disfrutar un momento de la música?
¿Y qué era exactamente "su tipo"?
Lo decidió, se levantó y se encaminó en la dirección contraría a la que desaparecieron las mujeres. Habían personas reunidas, haciendo un semicírculo. El sonido era más claro y puro, acariciaba sus oídos, alimentaba su espíritu, no había letras, solo la melodía raspada de un instrumento. Intentó asomarse, de un lado, de otro lado, pero no lograba visualizar al artista, hasta que por una pequeña apertura entre dos mujeres pudo ver una bolsa en el suelo, con algunas monedas, el dobladillo de un Kimono que vio mejores días, unas manos de dedos largos sujetando una flauta contra unos labios que hábilmente soplaban para crear arte musical… cuando "Él" entró en la visión de la dama… su mente entró en un corto circuito.
Bum
Bum bum
Bum bum bum
Bum bum bum bum
Latia su corazón cada vez más rápido...
¿Acaso sus ojos la engañaban?
Bum bum
Bum bum bum
Bum bum bum bum
Latia su corazón cada vez más rápido...
¿Acaso sus ojos la engañaban?
LEEME
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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