14-09-2025, 10:38 PM
Era de noche, aunque no sabías exactamente qué hora era. Respiraste el aire de mar que atravesaba e inundaba tus pulmones, llenándote de excitación; estabas sentada en la proa del barco que te llevaría a Isla Karate. En tu rostro podía verse una sonrisa de complacencia por el viaje sin percances cuando el vigía gritó que Isla Karate estaba a la vista. Observaste cómo todos se arremolinaban en la parte delantera para ver por fin la isla en el horizonte. Tenías la pipa entre los labios y estabas sentada sobre una caja de madera, con las piernas abiertas y los codos en las rodillas. Soltaste el humo, sintiendo una sensación agradable, como si te mecieras sobre las olas o las nubes, poderosas y fuertes.
En cuanto dejaste salir la calada de humo, una mujer frente a ti hablaba con un hombre. —¿Estás seguro de que aquí estaremos bien? —se le notaba la preocupación en el rostro, llevaba un bebé cargando en brazos—. He escuchado rumores sobre fantasmas en el puerto… Tengo miedo, cariño. —Cerraste los ojos un segundo, sintiendo los efectos de aquella calada de hierba mientras escuchabas lo que decían aquellas personas.
—¡No creas tonterías, mujer! ¡Ni todo lo que escuchas en la calle! —soltó el hombre.
“Sensato”, pensaste, asintiendo sutilmente sin evitarlo, aunque al abrir nuevamente los ojos y dar otra calada de la larga pipa, lo viste temblando. Era sutil y su mujer no lo notaba, pero tú sí, y eso ciertamente te provocó esbozar una sonrisa aún más grande que casi te hace carcajear.
Pareció que no serías la única escuchando aquella historia. Otra mujer se metió en la conversación; era una anciana proveniente de la isla Karate. —¡Haría usted bien en hacer caso a su mujer! Es el viejo campanario abandonado del puerto, está embrujado… lo juro… cada vez que suenan las campanas… —llegaba la anciana, y esto te entretuvo sobremanera, pues los ancianos siempre te habían parecido graciosos, tercos y obstinados, pero casi siempre cumplían aquel dicho que escuchabas decir a tu madre bastante seguido cuando vivía… “Cómo era…” pensaste un poco y luego lo soltaste en voz alta sin darte cuenta.
—El diablo es más diablo por viejo que por diablo… —las tres personas giraron la cabeza hacia ti, mientras soltabas la calada que antes habías dado a la pipa.
Te pusiste de pie entonces y cerraste el círculo. —Cuando llegue, investigaré sobre el asunto, madame; si logro resolverlo, lo sabrá, seguramente —dijiste, con una sonrisa en el rostro. La mujer se te quedó viendo incrédula; les sacabas a los tres una altura considerable, te observaban de pie a cabeza, notando la capa, tu poca ropa y los pies descalzos. Los tres te tomaron por loca y fenómeno, pero no les dio tiempo a decir nada, pues cuando la anciana abrió la boca, tú rompiste el círculo para dirigirte a la baranda mientras el vigía volvía a gritar:
—¡Ya pueden descender! ¡No olviden sus pertenencias!
Y con ese pregón, que se repitió varias veces, saltaste de la proa hasta el muelle. La madera crujió y algunos soltaron un grito ahogado que luego se convirtió en murmullos cuando te alejaste caminando.
—Disculpe, señor, ¿podría señalarme el camino hacia el campanario? —preguntaste, y sin decir nada, como si fuera un tema prohibido de qué hablar dentro de la isla, te señaló el camino.
—Yo no iría si fuera tú… pronto llegarán los piratas —dijo el hombre, y tú casi te carcajeas, dándole dos palmadas en el hombro para luego juntar ambas manos y hacer una reverencia corta.
—Gracias, cuídese.
Y con esas palabras, pusiste marcha hacia el lugar a través del camino adoquinado. Al llegar, no había nadie; observaste la iglesia desde afuera, se veía olvidada por Dios. Juntaste las manos entonces y dedicaste un simple rezo, por lo que hubiera pasado allí, lo que estaba pasando y lo que pasaría a continuación.
Te adentraste entonces, y el interior no se veía mejor; no sería de extrañar que animales ahora vivieran allí, y tal vez justo de eso se tratase, pues seguiste el gran y largo rastro de garras que parecían ser de un animal hasta la entrada del campanario. Diste otra calada a la pipa y soltaste el humo poco después.
—Veamos… dijeron que las campanadas eran un problema, que el campanario está embrujado y que pronto llegarán piratas —repasaste, colocándote en cuclillas ante el rastro y mirando hacia arriba, tomando entonces la decisión de escalar el campanario… y eso hiciste, peldaño a peldaño luego de dar un gran salto, comenzaste a subir.
En cuanto dejaste salir la calada de humo, una mujer frente a ti hablaba con un hombre. —¿Estás seguro de que aquí estaremos bien? —se le notaba la preocupación en el rostro, llevaba un bebé cargando en brazos—. He escuchado rumores sobre fantasmas en el puerto… Tengo miedo, cariño. —Cerraste los ojos un segundo, sintiendo los efectos de aquella calada de hierba mientras escuchabas lo que decían aquellas personas.
—¡No creas tonterías, mujer! ¡Ni todo lo que escuchas en la calle! —soltó el hombre.
“Sensato”, pensaste, asintiendo sutilmente sin evitarlo, aunque al abrir nuevamente los ojos y dar otra calada de la larga pipa, lo viste temblando. Era sutil y su mujer no lo notaba, pero tú sí, y eso ciertamente te provocó esbozar una sonrisa aún más grande que casi te hace carcajear.
Pareció que no serías la única escuchando aquella historia. Otra mujer se metió en la conversación; era una anciana proveniente de la isla Karate. —¡Haría usted bien en hacer caso a su mujer! Es el viejo campanario abandonado del puerto, está embrujado… lo juro… cada vez que suenan las campanas… —llegaba la anciana, y esto te entretuvo sobremanera, pues los ancianos siempre te habían parecido graciosos, tercos y obstinados, pero casi siempre cumplían aquel dicho que escuchabas decir a tu madre bastante seguido cuando vivía… “Cómo era…” pensaste un poco y luego lo soltaste en voz alta sin darte cuenta.
—El diablo es más diablo por viejo que por diablo… —las tres personas giraron la cabeza hacia ti, mientras soltabas la calada que antes habías dado a la pipa.
Te pusiste de pie entonces y cerraste el círculo. —Cuando llegue, investigaré sobre el asunto, madame; si logro resolverlo, lo sabrá, seguramente —dijiste, con una sonrisa en el rostro. La mujer se te quedó viendo incrédula; les sacabas a los tres una altura considerable, te observaban de pie a cabeza, notando la capa, tu poca ropa y los pies descalzos. Los tres te tomaron por loca y fenómeno, pero no les dio tiempo a decir nada, pues cuando la anciana abrió la boca, tú rompiste el círculo para dirigirte a la baranda mientras el vigía volvía a gritar:
—¡Ya pueden descender! ¡No olviden sus pertenencias!
Y con ese pregón, que se repitió varias veces, saltaste de la proa hasta el muelle. La madera crujió y algunos soltaron un grito ahogado que luego se convirtió en murmullos cuando te alejaste caminando.
—Disculpe, señor, ¿podría señalarme el camino hacia el campanario? —preguntaste, y sin decir nada, como si fuera un tema prohibido de qué hablar dentro de la isla, te señaló el camino.
—Yo no iría si fuera tú… pronto llegarán los piratas —dijo el hombre, y tú casi te carcajeas, dándole dos palmadas en el hombro para luego juntar ambas manos y hacer una reverencia corta.
—Gracias, cuídese.
Y con esas palabras, pusiste marcha hacia el lugar a través del camino adoquinado. Al llegar, no había nadie; observaste la iglesia desde afuera, se veía olvidada por Dios. Juntaste las manos entonces y dedicaste un simple rezo, por lo que hubiera pasado allí, lo que estaba pasando y lo que pasaría a continuación.
Te adentraste entonces, y el interior no se veía mejor; no sería de extrañar que animales ahora vivieran allí, y tal vez justo de eso se tratase, pues seguiste el gran y largo rastro de garras que parecían ser de un animal hasta la entrada del campanario. Diste otra calada a la pipa y soltaste el humo poco después.
—Veamos… dijeron que las campanadas eran un problema, que el campanario está embrujado y que pronto llegarán piratas —repasaste, colocándote en cuclillas ante el rastro y mirando hacia arriba, tomando entonces la decisión de escalar el campanario… y eso hiciste, peldaño a peldaño luego de dar un gran salto, comenzaste a subir.
Cita:Resumen: Lan llega a la isla escuchando los rumores por encima y decide ir a investigar, al llegar, encuentra el rastro de las garras y lo sigue hasta la entrada dle campanario, en lugar de entrar, decide subir a la punta intentando comenzar a escalar.
Equipo: 1 Denden Mushi y 1 botiquin grande.
![[Imagen: dtilbUBl_o.gif]](https://images2.imgbox.com/36/77/dtilbUBl_o.gif)
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